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JOSÉ IGNACIO LAPIDO  

04/04/02

José Ignacio Lapido, viñetas poéticas de existencialismo y rock and roll

MÚSICA CELESTIAL

José Ignacio Lapido es uno de los más lúcidos talentos del rock español. El que fuera guitarrista y compositor de los magníficos 091 inició hace tres años y tras la disolución del grupo granadino su andadura en solitario. Tiempo suficiente para entregar un mini y dos álbumes, el último de ellos, Música celestial, acaba de ver la luz hace apenas una semana, mostrando a un Lapido en plena forma. Más asentado como cantante solista y en vena creativa. Marcando el prefijo del Cielo.

Se cumplen 20 años ya desde la creación de 091 y en vuestro haber algunos de los mejores discos y canciones de los ochenta y primeros noventa. Con la perspectiva que otorga el tiempo, ¿cómo recuerdas esos inicios? Es cierto, parece increíble que haya pasado tanto tiempo. La impresión que tengo de aquellos años es que hacíamos muchas cosas en poco tiempo, sin pensar demasiado. Las hacíamos y punto, unas veces salían bien y otras no tanto. 091 éramos cuatro tíos que apenas sabíamos tocar nuestros instrumentos en el 82 pero que teníamos muy claro que queríamos tocar rock and roll fuera como fuera. Nuestro espejo eran los Sex Pistols, los Clash, los Jam... si ellos podían hacerlo, ¿por qué nosotros no? Aprendimos en los escenarios. Ya en el año 88 u 89, cuando grabamos "Doce canciones sin piedad", habíamos aprendido lo suficiente como para hacer buenos discos.

No sé si se os llegó a valorar en su justa medida, sin embargo ahora los reconocimientos se te acumulan: 'Mejor Autor Rock' en los Premios de la Música de Andalucía; elegido entre los 100 granadinos del siglo XX por los lectores de El Ideal... ¿Cómo lleva esto alguien poco amigo del fasto como tú? Todas estas cosas hay que tomárselas con precaución y distanciamiento. Los reconocimientos se agradecen, pero creo que no hay que darle excesiva importancia porque en definitiva yo no hago música para que me den premios sino para expresarme artísticamente.

Vayamos con Música celestial, un grandísimo disco en mi opinión. Tengo la sensación de que suena más cercano que los anteriores, como 'menos producido'. ¿Es premeditado esto? Gracias por tus elogios. Creo que la causa de esa cercanía que mencionas radica en la construcción de las canciones: he dejado que las melodías fluyeran de una forma más natural, huyendo de arreglos artificiosos. En los años ochenta se inició una corriente en el sonido de los discos que fue espantosa, todo hinchado y lleno de efectos. Si pones un disco de los 80 y otro de los 60 éste último sonará mil veces mejor. ¿Por qué? Porque suena más natural... Eso es lo que he intentado hacer en "Música celestial".

Los textos son tan brillantes y personales como de costumbre o incluso más. En una ocasión me dijiste que los textos era lo que conferían carácter a una canción. Supongo que sigues pensando de igual modo... Sí, por supuesto. Una buena melodía que no va acompañada de una buena letra se queda en algo agradable para silbar. En cambio una buena letra convierte la melodía en canción con mayúsculas, le da el alma.

No tanto como la calle (un referente poético de primer orden en mis letras), pero siguen manteniéndose en tus textos las referencias religiosas, a Dios, el Cielo...
La religión no aparece demasiado en mis canciones. Lo que sí aparece con asiduidad es la idea de Dios como abstracción: unas veces del Bien absoluto y otras de la omnipotencia tantas veces buscada por el hombre. En todo caso, son metáforas sobre el Bien y el Mal. Dios y el Diablo son eso: imágenes poéticas, a menudo es el mismo ente con dos caras, la eterna dualidad entre la "humanidad" y la "animalidad" del ser humano.

En este mundo nuestro formalmente tan maquillado, tú sigues manteniendo una predilección por la figura de los malditos, los freaks, el romanticismo del perdedor. Vivimos en una sociedad que ama el triunfo. Da igual lo que hagas: lo importante es que seas un ganador. El capitalismo necesita esos estímulos subliminales para que la gente tenga "motivos" para seguir produciendo sin muchos problemas de conciencia. Pero lo cierto es que esta sociedad tiene una parte trasera que pocos quieren ver. Yo la he visto a menudo, pero sin la demagogia con la que lo hacen otros compañeros de profesión. A los personajes 'marginales' que introduzco en mis canciones los revisto de una cierta dignidad poética, de un estoicismo que los distancia del victimismo típico. Son un poco como yo: un estoico.