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SCHWARZ  

08/06/01

Después de dos álbumes impregnados de riesgo, talento y experimentación psicodélica, Schwarz realizará un disco compartido con Manta Ray

"LA MÚSICA ES UNA CUESTIÓN DE MORAL"

Intentaré no excederme en la visceralidad de mis opiniones, ya me conocen, pero lo cierto es que cuando uno se encuentra con un grupo como Schwarz, y por contracción con un tipo como su líder, Alfonso Schwarz, no queda más remedio que rendirse a la evidencia, comprarse un bonito sombrero (para poder quitárselo en su honor) y congratularse porque no todo está definitivamente perdido.

No hablo sólo de su música, sino de su manera de concebirla, registrarla e interpretarla. Hard listenning (Dura Escucha) es el conflictivo y difícil segundo álbum de Schwarz, un disco sin concesiones, experimental, sincero y por momentos despiadadamente bello. Tras la ruptura con su anterior sello Greyhead, el mismo que publicara el también excelente These songs mean nothing (98), por considerar la evolución de Schwarz como "demasiado arriesgada, minimalista, experimental y poco retro", el segundo trabajo de Schwarz confirmó las expectativas.

Un trabajo con personalidad propia, con atmósferas nunca aleatorias, arriesgado, vanguardista y de difícil acceso. Al menos para aquellos oídos acostumbrados a las melodías de pegada fácil. ¿Anticomercial? Venga ya, pero si aquí el único que vende es Ricky Martin. "Está claro que no es un disco sencillo, pero tampoco tendría que ser tan difícil, lo que pasa es que nos movemos en unos parámetros cada vez más... Mira, las radiofórmulas han hecho muchísimo daño a la música. Que José María Rey (Radio 3) diga que el disco le gusta mogollón pero que es difícil de pinchar por la duración de las canciones, no deja de ser una deformación del establishment".

"Los discos -continúa Alfonso- son buenos o son malos, pero no me digas que no es comercial porque las canciones duren más de tres minutos. Estamos cayendo ya en la música fast-food. Las radiofórmulas se han convertido en las hamburgueserías de la música".

Difícil encontrar mayor lucidez, Schwarz no temen al suicidio comercial porque para poder suicidarse antes hay que haber vivido en los charts. Lo que sí es cierto es que Hard listenning es un disco que incide en las canciones con desarrollo, que exige una implicación por parte del oyente más intensa de lo habitual (lo que tampoco es decir mucho, en vista del fast-pop imperante), al tiempo que es quizás menos maquinal que el anterior y más envolvente, más cálido. ¿Menos pop? "No sé, en nuestras canciones siempre habrá un inevitable sustrato pop porque mi cultura musical pertenece al pop, no a la música sinfónica o el jazz. Es un disco más emocional, si quieres, pero sin dejar de ser pop".

Tendrán que disculparme, pero el periodista soy yo, así que mencionaré la temida palabreja y el que quiera que vomite: post-rock. "Nunca he estado de acuerdo en que nuestra música se deba clasificar como post-rock. Ese tipo de grupos españoles como Jr, Diariu o Migala no me gusta nada. Además no soporto el rollo cultureta del post-rock aburrido. De hecho, buena parte de los grupos catalogados como post-rock me llegan muy poco. Me gustan grupos como Trans Am, pero precisamente por la parte menos post-rock, por el componente más punk. O me gusta Mogwai o Arab Strap precisamente porque son muy atmosféricos. Pero Tortoise, por ejemplo, no me acaban de llegar. Es una música que veo más cerca del jazz o de otras historias que a mí no me tocan tanto".

¿Y de los asturianos Manta Ray -con quienes tienen previsto editar un disco compartido- qué me dicen? Su último álbum es bastante menos experimental que el de Schwarz, por buscar similitudes. "Estoy de acuerdo, pero te vuelvo a insistir en que nuestro disco tiene pasajes quizás más pop y asequibles que el de Manta Ray. Hay más melodía, más canción. Creo que Manta Ray han evolucionado hacia la concreción, pero han hecho un buen disco".

Para entender en plenitud la música de Schwarz hay que hablar de la esencia. Hey, no se me echen a temblar, nada que ver con la acomplejada cutre-pose del "rockero auténtico", en el caso que nos habla sencillamente es que no podría ser de otra manera. No sé si ya he dicho que Schwarz es casi despiadadamente R-E-A-L. "A la hora de componer me obsesiona el ir a la esencia. Y para eso me da igual una canción de pop pegadizo de dos minutos y medio, donde hay que buscar la inmediatez, que una que me pida un desarrollo. Si una canción me pide un desarrollo de 8 minutos, no se lo puedo negar. The hardest way (la preciosa y sampladélica canción que cierra el álbum) son seis minutos de ambient simplemente porque tiene que ser así. Es como cuando Godart decía que un travelling era una cuestión de moral. Aquí es exactamente igual, es una cuestión de moral".

Hard listenning tuvo un particular proceso de grabación, que entronca directamente con lo anteriormente expresado. Se registró en Alhama, grabado básicamente en directo, con el estudio prácticamente a oscuras y proyección de diapositivas psicodélicas (realizadas por Suloca y que son las mismas que utilizan para sus directos). Con un ambiente, digamos, "cargado" y con todos los elementos favoreciendo la implicación emocional de los músicos. La batería con apenas dos micros de ambiente y el ingeniero de grabación (Eugenio Muñoz) boquiabierto. "Sí, ja ja, cuando empezamos a ecualizar estaba asustado. Llegó a decirnos: "cuando la gente escuche esto, nadie va a querer grabar en mi estudio".

Pero luego acabó flipando y totalmente implicado. ¿Sonido crudo, dices?. No, digo crudísimo. "Jam, este disco necesitaba eso, simplemente. Es un disco tan emocional y tan extremo -como por otras parte son las emociones- que tenía que sonar así, no podía ser de otra manera".

Bien, sólo por su manera de afrontar la música ya merece Schwarz mi admiración, pero si además es capaz de entregar canciones tan emocionantes como la hipnótica Sun and moon vibrations, la kraftwerkiana I'm bored with rock'n'roll, la inquietante Outsider (una canción que empieza desbordantemente lírica para acabar en plena vorágine edgy) o el slowcore de la devastadoramente melancólica Narcotic sólo queda decir ¡Bravo! Con mayúsculas.

discográfica: Sandwich