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COOPER  

11/05/04

Cooper, la mirada del pop

FLECHAZOS A 45 RPM

Llevaba meditándolo algún tiempo, pero fue un buen día, a principios de 2003, cuando lo hizo oficial: Alejandro Díez grabaría exclusivamente discos de formato reducido. Se rebelaba así "contra la tiranía del álbum" el que fuera -y es- figura indispensable del mejor pop en español que nunca se haya hecho en este país, durante más de 10 años líder de Los Flechazos y transformado en Cooper con el cambio de centuria.

Que haga lo que le venga en gana, siempre que no deje de ofrecernos esas píldoras pop de efectos tan estimulantes, ni esos directos de calidad difícilmente igualable. Como el que tendrá lugar en Murcia.

Los Flechazos no sólo fue el grupo-icono de los mods, sino también y de algún modo, el depositario de las esperanzas en el pop español durante la oscura travesía (1987-1994, por acotar) que va desde la decadencia de la Nueva Ola hasta los inicios del indiepop.

Publicaron seis álbumes, obtuvieron una relevancia considerable, crearon un estilo propio y reconocible de hacer canciones, giraron por media Europa, dejaron singles para el recuerdo ("La chica de Mel", "Viviendo en la era pop"...) y además, insisto, ejercieron de salvavidas (vale, me he pasado) para un gran número de jóvenes amantes del pop en español. En el festival Purple Weekend de 1998 hicieron oficial su separación. Una lágrima cayó en la diana.

No hubo que esperar demasiado, apenas dos años más tarde Alejandro acepta el ofrecimiento del sello Elefant, amigos y fans, para volver a grabar. Pero esta vez lo hará en solitario y bajo el nombre de Cooper. Alejandro explica el porqué de este enunciado. "Sí, en parte es un guiño al Gary Cooper de 'Sólo ante el peligro'. Es un nombre que me gustaba. Mi segundo apellido es Garín y algún amigo, bromeando, ya me había llamado así. También es por Jimmy, el protagonista de 'Quadrophenia', e incluso por el Mini Cooper, un coche que es todo un icono de los sesenta". Casi un signo del destino, aclarado queda.

Cuando vio la luz Fonorama, su primer -y parece que último- largo en noviembre de 2000, llegó el turno de las exclamaciones. Albricias, la más apropiada. No era para menos, Alejandro Cooper se marcó un discazo de los que quedan para el recuerdo. Con grandes canciones como la agridulce Un nudo en la garganta, la melancólica Diciembre o la trepidante Tecnicolor, un sincero homenaje al Diario Pop de Jesús Ordovás.

Su presencia en la práctica totalidad de festivales de verano -con escenario y horario de lujo en el FIB- no fue sino el reconocimiento a un gran artista, con un gran disco bajo el brazo y con un gran directo sobre el escenario.

Después llegó su anunciado adiós al formato extendido, con un manifiesto titulado '10 razones para no volver a sacar un álbum' ("prefiero ir viendo como respira mi música sin tener que esperar"), la publicación del single 747 -interesante como todo lo de Alejandro, pero alejado de sus mejores obras- y finalmente la salida de un nuevo EP, mejor en su factura, de título Oxidado y que entre sus cuatro cortes incluye una versión de Ráfagas, la emblemática canción de los nuevaoleros Los Bólidos.

Y es que, como apunta la letra de la canción, el francotirador Cooper es un experto en dar en el blanco que tenemos en el corazón.

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- Cooper actúa el viernes 14 de mayo de 2004 en la sala garaje de la Tía María. A eso de las 23 horas. Precio: 10 / 12 euros. Venta anticipada en Tipo.