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SEX MUSEUM  

19/02/02

No diga Rock, diga Sex Museum.

LA ÉTICA DEL UNDERGROUND

Comenzaron encabezando la poderosa escena garagera de Malasaña a mediados de los ochenta y hoy, 17 años más tarde, su credibilidad entre hard-rockeros y mods, entre sixties y punks, no sólo no ha decrecido un ápice, sino que se han convertido en todo un emblema del rock visceral. Sex Museum -(Miguel Pardo (voz), Marta Ruiz (teclados), Pablo Rodas (bajo), Roberto Loza (batería) y nuestro interlocutor Fernando Pardo (guitarra)-, los máximos exponentes de la denominada Caña de Malasaña, andan de nuevo en la carretera presentando su noveno largo, Speedkings, publicado a final del pasado 2001.

Un disco duro y conciso, un directo a la mandíbula en clave de rock duro (stoner rock es la etiqueta del momento y aunque ellos estaban antes, no parece desafortunada). Fernando Pardo explica su modo de entender la música, su compromiso vital y su ética del underground. "Sonic fue un disco en el que optamos por experimentar. La electrónica nos sirvió para variar un tanto la estructura de las canciones. En vez de acabar en estribillos nos dejamos llevar más por ciclos, de ambientes o de ritmos. Tampoco estaba muy presente sino que la utilizamos como un instrumento más. Ahora con Speedkings hemos ido más al grano, hemos grabado casi todo en directo".

A lo largo de su carrera Sex Museum ha ido endureciendo su sonido lenta pero seguramente. Sin prisas, sin pausas. ¿A qué responde esta radicalización progresiva? "A nuestra actitud vital, por encima de todo. Cuando empezamos teníamos un componente más pop, es cierto. Pero en nuestros conciertos por Europa hemos ido conociendo todo un submundo rock que existe y es real. Eso nos hizo plantearnos hasta que punto debíamos ser radicales con nuestra propuesta y con nuestra actitud. La conclusión fue: bastante. Pero en todos los sentidos".

No es una postura gratuita, pues, hablamos más bien de tomar partido, de una perspectiva cuasi vocacional del underground. En suma, de un planteamiento ético antes que estético. "Es una forma de identificarnos al 100% con lo que hacemos, con nuestra forma de ver las cosas. Y hasta cierto punto de alejarnos intencionadamente del negocio del disco. Cuando empiezas es lícito buscar el éxito, pero también se puede hacer música como expresión personal. Tampoco es aquello de "hago mis discos en mi casa"; no, nosotros estamos metidos en el rock'n'roll hasta el tuétano. Es una actitud, una visión de la vida. Esto es más habitual fuera que en España, no sé por qué".

"Aquí -añade Pardo- cuando cumples 30 te adaptas a la moda latina o te buscas un curro. La peor traición es la que se hace uno a sí mismo".

¿Qué recuerdos tienes de You (su primer single compartido con Los Enemigos), de Fuzz face (su primer y elogiado álbum), del rock malasañero, en definitiva? Han cambiado mucho las tornas, me temo. "Han cambiado, sí. No quisiera ponerme nostálgico, pero aquella fue una época muy intensa. Más que una moda musical fue algo que se generó sin apoyo inicial, de un modo autosuficiente. Estaban todos allí, en el Agapo, en el Flamingo, en la Vía... Los grupos australianos venían a tocar y se quedaban. Fue algo acojonante".

Sin embargo ahora Malasaña se ve dominada por la invasión pop. "Sí, totalmente. Es una época que tiene que ver mucho con La Movida y al igual que ésta, tiene mucho apoyo de la prensa. Una versión superpop, incluso naif y con mucho movimiento y colorín. Está muy bien, para quien disfrute con el pop es un momento de puta madre. El rock'n'roll quizás volverá a ponerse de moda dentro de un tiempo, cuando se empiece a echar en falta algo más visceral".

Pero entonces, ¿sigue existiendo la Caña de Malasaña? "Sí hombre, sí. Eso es ya una institución, casi una marca de estilo".

* Sex Museum actúa en Murcia el viernes 22 de marzo de 2002 en Moloko Club. 22,30 horas. 7,50 / 9 euros.