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KANTE PINRÉLICO  

19/04/07

KP: Sus Majestades del Muelle Bajo

DIESTROS Y SINIESTROS

Quedo con ellos para hacer esta entrevista y, aunque aceptan amablemente, me dejan deslizar tres condiciones: quedar de noche, que en el local no haya espejos y que, si hay tapas, no sirvan nada con ajo. Como a sus directos les suele acompañar la coletilla de que no son de este mundo, llego media hora antes y me agazapo entre el cementerio de barcos.

Cinco siluetas emergen de entre las brumas de la dársena de Cartagena y se dirigen al lugar pactado. Ya no cabe duda alguna. Con ustedes, Sus Majestades del Muelle Bajo: Kante Pinrélico.

Año 1986 D.C. La ciudad de Cartagena es un hervidero de grupos tan sorprendentemente modernos e interesantes como, más adelante se comprobará, de vida efímera. De entre nombres como La Soga de la Academia, Dromonómonos, Ley Seca o Grupo Contadora, sólo uno perdurará en el tiempo: Kante Pinrélico. Juan (guitarra) y Pepe (vocalista), los dos miembros fundadores de la banda de forgiano enunciado, recuerdan la secuencia.
"Mira, si a Ordovás le hubiera dado el punto de fijarse en la movida de Cartagena, igual que hizo con la de Vigo, aquello hubiera estallado. Porque era impresionante que con tan poca densidad de población hubiera tal oferta musical. En aquella época igual te podías encontrar por la calle a un moderno tipo Boy George, que a un heavy, a un punk, a un siniestro con la palmera rozando el techo, a un tecnopop romántico o a un skinhead cuando no eran tan violentos. Ahora se ha uniformizado mucho el tema", señala Juan.

Kante Pinrélico fueron protagonistas de aquella escena, armados de guitarras con flanger y canciones directas de punk siniestro. Al poco de su formación fueron premiados en el Murcia Joven, grabaron un par de maquetas con temas como Soy lesbiana, Qué mal me peino y Si me faltas tú y, atrapados por la maldición que asoló musicalmente a la ciudad portuaria y que acabó con todos los citados anteriormente, desaparecieron en la niebla. Bueno, aproximadamente, pues de vez en cuando dejaban ver su palidez sospechosa sobre algún escenario, fundamentalmente de la zona levantina.

Años más tarde, el poder de Internet volvió a invocarlos. Sus maquetas se cotizaron, el recuerdo se magnificó y un buen día se presentaron con un álbum bajo el brazo, de título homónimo, y convertidos poco menos que en un grupo de culto. "Creo que es porque cuando empezamos éramos un grupo más, pero nos hemos mantenido fieles a lo que hacíamos, sin cambiar ni nuestro estilo ni nuestra actitud y, mira, de pronto te conviertes en un grupo de culto. Es algo circunstancial, en realidad", apunta con modestia Pepe, antes de añadir al respecto de la influencia de Internet: "Es sorprendente. La peña se ha dedicado a colgar en la red todo lo que pilla nuestro, maquetas, directos... Una vez encontramos a un tipo con una canción nuestra titulada “Esquizofrenia”. ¡No tenemos ninguna canción que se llame así!".

BAILA POGO
El pogo fue el baile de los punks del 77. Esa manera de saltar chocándose unos con otros, en la que la agresividad nunca llega a la violencia. En los conciertos de Kante Pinrélico es algo habitual. "La verdad es que sí. Hay veces que hemos compartido con grupos que tocan mucho más rápido que nosotros, pero no sé por qué, cuando salimos al escenario se monta el pollo. Empiezan los empujones, el pogo, la gente se sube al escenario. Hay veces que se pasan ya de colegueo y hasta nos piden tabaco o fuego. Pero mola", afirman entre risas.

Tras otra temporada sumergidos en la penumbra, Kante Pinrélico reaparecieron a finales de los noventa con un nuevo EP de cinco canciones, Colmillos largos. Disco que tuvo continuidad el pasado año con el álbum After-punk, 15 trallazos entre los que destacan títulos como El traficante de momias, El nuevo cenobita, la tremenda Veneno en el cubata, así como revisiones de viejos temas como Perdidos y sin abrelatas o Cría cuervos.

El disco se completa con cuatro pistas de video, entre las que no falta un demoledor Soy de Kartagena, registrado en directo en el programa de Canal 6 'La Jam Evasión'. "Son canciones que por mucho que nos empeñemos en quitarlas del repertorio, la gente nos pide, así que estamos un poco obligados a tocarlas. Además, son temas que sólo estaban grabados en maqueta, con sonido ochentero cutre y que nos apetecía recuperar en disco", apunta Pepe.

Pepelu y Edu, bajista y teclista, son las nuevas incorporaciones de la banda completada por el ya habitual baterista Paco. Sangre joven para la insaciable maquinaria pinrélica. ¿Cómo va la adaptación al averno, digo, al grupo? "Bien, muy bien. Ten en cuenta que yo era fan de los Kante. Llevo yendo a sus conciertos desde que tenía 17 años, me conocía todas las canciones, me sabía todas las letras. Y además vengo de tocar la guitarra en otros grupos y ahora toco el bajo, que es más fácil", comenta Pepelu.

Bien, Kante Pinrélico es un grupo singular, con un cantante espectacular, de actitud escénica apabullante y con un estilo un poco a medio camino entre Eduardo Benavente (Parálisis Permanente) y Johnny Rotten (Sex Pistols). "Bueno, Juan dice que es entre Miguel Bosé y Lola Flores, así que no sé", explica Pepe. "Lo cabreamos antes de tocar, para que salga con mala leche", bromea Juan, quien añade: "Lo curioso es que la tarde de concierto todo empieza siendo un caos. Luego todo va cobrando un cierto orden y, cinco minutos antes de salir a escena, misteriosamente todo empieza a funcionar". ¿Misteriosamente, dice?


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