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OJOS DE BRUJO  

19/12/02

Ojos de Brujo

DUENDE Y AUTOGESTIÓN

Ojos de Brujo es el peculiar enunciado tras el que subyace un bullicioso grupo barcelonés siempre bien dispuesto para el alboroto y la comunicación desde una perspectiva positiva. De su paleta, con el flamenco y el hip-hop como colores base, han surgido la pinceladas más excitantes y originales del mestizaje sonoro español de los últimos años.

La gira de presentación de su segundo álbum les trae por vez primera a la ciudad de Murcia. Tras un debut de significativo titular, Vengue (duende, jarana), inciden en la terminología caló y lo bautizan como Barí (joyita, esencia). Asambleístas, autogestionarios y basados en la acción directa, Ojos de Brujo prefieren no obstante transmitir con la actitud antes que con la monserga. Me ponga con el gitano Ramón 'B-Boy' Giménez.

Reza la letra de Tiempo de soleá, una de las mejores canciones de vuestro nuevo disco: "Con lo linda que es la vida, en qué la habéis convertío". ¿Cómo hacemos para seguir sonriendo con lo crudo que se está poniendo esto?
- Pues echándole imaginación. Esa letra se refiere a que la vida no está para tirar cohetes y si estás contento con todo es que tienes que ir al psiquiátrico. Pero aunque Marina tenga una dirección muy clara a la hora de escribir algo, no nos gusta dar sermones.

Sí, es una perspectiva muy de Ojos de Brujo, la de transmitir antes con la actitud que con la soflama.
- Sí. De hecho hay una letra que dice "báilate una buena rumba, pero no pa olvidar sino pa llevarlo mejor". Ésa es la idea.

Volvéis a incidir en la terminología caló para titular vuestros discos. ¿Qué significa exactamente 'barí'?
- En realidad yo soy el único gitano del grupo, pero bueno, para el caso da igual, porque Marina vive en el Barrio del Carmen y yo en el de la Trinidad, hemos vivido la misma realidad. Barí significa algo así como "joyita". Lo titulamos así por el trabajo que le echamos, por las ilusiones que le habíamos puesto, por cómo nos había quedado de forma y de fondo. Cuando al fin lo terminamos nos pareció algo precioso... Entonces, mi abuela seguro que me diría que es muy barí.

Seguís funcionando de modo asambleario y tan autogestionado o más que al principio. De hecho Barí lo sacáis en vuestro propio sello, La Fábrica de Colores, con distribución de K Industria.
- Bueno, sí. Es que tú imagínate... Nosotros nos veíamos para tocar y cada uno tenía su rollo y su historia. Tampoco es que fuera algo premeditado, sino que es como tú cuando pliegas el trabajo y vas con tus colegas a tomar una caña y todo se habla y se decide entre todos... Pues sin mayor trascendencia que eso, surgió. Ahora nos hemos tenido que repartir el trabajo, porque ya nos hemos metido en un pollo muy grande y hay que hacer reuniones todas las semanas y vamos improvisando sobre la marcha. Lo que no piensa uno lo piensa el otro.

Supongo que este modo de trabajo tendrá sus ventajas pero también sus inconvenientes. ¿Cuáles son los más notables?
- Pues en primer lugar, que no controlas del tema y vas improvisando y aprendiendo sobre la marcha. Y en segundo, que hay mucho curro y veces echas de menos el juntarte a tocar por tocar, sin nada más. Pero bueno, a cambio la gran ventaja es que dentro del paso que hemos dado no hemos tenido que pagar el peaje del criterio: lo que hay ahora es lo que nosotros queremos que haya, que ya es importante.

Y tanto. A los críticos nos tenéis encandilados (nº 1 en el Top 33 de PEMOC), al público también (más de 25.000 discos vendidos en tres meses, sin un gran soporte promocional al uso) y encima abrís vuestra gira en el Womex (Essen, Alemania) y la Radio 3 de la BBC de Londres os acaba de nominar como grupo revelación europeo. Habéis crecido considerablemente.
- Sí, pero sin hacer aspavientos tampoco. Cuando más repercusión tenga tu obra, pues mejor. Pero creo que hay que pasar un poco de eso y seguir 'palante'. Cuando va mal y cuando va bien. Cuando vas a un bolo y la gente canta tus canciones es cojonudo, pero... ¿sabes?

Sí, que el éxito no deja de ser algo circunstancial. Algo un poco al margen del apartado artístico.
- Efectivamente, porque si te descuidas puedes llegar al punto de hacer lo que pretenden que hagas. Y entonces ya la has 'cagao'.

Entonces el siguiente paso digamos establecido, que sería fichar con una multinacional, ni os lo planteáis...
- [con gran énfasis] ¡Qué va, tío, eso sería lo peor! En el momento en que entras en una multinacional tú ya no tienes ni voz ni voto, pasas a ser la referencia XL37. Ellos hacen una inversión y van exclusivamente a por la pasta. Todo artista busca que su obra tenga la máxima repercusión posible, pero no de una forma indiscriminada, el fin no justifica los medios.

No, ya, si yo sólo preguntaba. Es que parece como si existiera una ley no escrita según la cual si no pasas por una 'major' no puedes llegar al público, ya sabes.
- Ya, esa es la trampa, pero dices y por qué no vas a poder hacerlo tú. Te lo digo con el corazón. Mira, nuestra casa es una ruina pero pues la pringamos nosotros. Hemos metido un libreto de 25 páginas en el CD y eso ninguna multi nos lo hubiera permitido; hemos contado con El Niño de las Pinturas, que es un niño de Granada que nos ha hecho un graffiti exclusivo para el disco... ¿Qué te ofrecen ellos, pasta? Está claro que nosotros, como cualquier grupo, necesitamos pasta, pero no es el móvil.

En enero giráis por Bélgica, Francia y Holanda y también habéis tocado en Italia, Alemania o México. ¿Qué tal reciben fuera una propuesta tan singular como es la de Ojos de Brujo?
- Muy bien, tío. Primero quizás por el rollo más exótico que puede ser la música de aquí. Y eso también quita los prejuicios de mucha gente que identifica el flamenco con la peineta y el volante y todo el pasado oscuro y eso no lo quieren. Y luego también porque lo captan muy bien, si estás haciendo una línea de bajo reggae y por debajo hay una base de tango, pues ellos identifican muy bien lo que conocen y lo que no conocen y cómo encaja. Y esto pasa tanto en México como en Alemania.