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andrés calamaro  

21/09/06

Andrés calamaro

SALMÓN CON TEQUILA

Sus amigos le dijeron Andrés, no te enamores la primera vez y no les hizo caso. Y se enganchó. Al rock, al amor, al ego desbordado y a los estupefacientes. Se sintió Maradona y platicó con Bob Dylan, antes de encerrarse en su reducto para reencontrarse a sí mismo. Hablo de Calamaro, lo más parecido a un mito que tenemos por aquí. No somos muy dados en España a los mitos del rock -en ese estadio la aureola se la llevan folclóricas y toreros dudosos-, pero Andrés Calamaro rompió el molde.

Viene a actuar a Murcia, en compañía nada menos que de su compañero y ex Ariel Rot -juntos y por separado, con un buen número de piezas de Los Rodríguez en el repertorio, 10 años después de su separación-. Es el momento de comprender la magnitud de la figura de El Salmón.

El pasado 2005 fue el año de la resurrección. Y menudo renacimiento, tan prolífico que hasta cuesta seguir la pista. “El regreso”, “El cantante”, “Tinta roja” y el reciente “Made in Argentina” son los títulos de sus últimos discos o DVDs publicados, sin contar con el homenaje que compatriotas de ambos lados le rinden en “Calamaro querido. Cantando al salmón” o ese ya grabado disco junto a Litto Nebbia, de próxima publicación. Ni estaba muerto ni estaba de parranda, importa un cuerno donde estuviera, pero al fin el pasado año decidió ‘bajar de la cruz y echar a andar de nuevo’ -como bien escribe Juan Puchades en la revista Efe Eme- y, aunadas magia y deseo, el público lo reconoció cual esperado Mesías. Le echo literatura pero no miento: en España se dignó a ofrecer cuatro conciertos a un precio desorbitado y las entradas se agotaron al segundo día. Una minucia si lo comparamos con lo acontecido en Argentina.

Allá no sólo revienta el bonaerense Estadio Obras (25.000 espectadores) cada vez que lo pisa, como puede comprobarse en el DVD “Made in Argentina”, o recibe los máximos galardones -cuatro Premios Gardel entre ellos el Gardel de Oro, el de mejor álbum rock y el de mejor interpretación, además de ser elegido mejor solista de los últimos 20 años por los 80.000 votantes de la encuesta de Rock’n’Pop-, es que, además, este verano protagonizó una circunstancia insólita. “Calamaro querido” se publicó en dos CDs -aquí verá la luz la semana próxima en un doble-, alcanzando los dos primeros puestos en la lista de ventas. Situación aún más inaudita si añadimos que “Tinta roja” y “El regreso” ocupaban los lugares noveno y décimo. Acaparador, oiga. Y todo ello entre discos de homenaje, directos, álbumes de tangos y demás. Ni me atrevo a pensar qué ocurrirá cuando al fin se decida a entregar un álbum conciso de nuevas composiciones.

CALAMARO 101%
Tal vez no hago bien ensalzando la trayectoria de un creador de ego tan acusado -me consta que esta afirmación igual le molesta, pero así lo estimo-, si bien hasta ahora me he limitado a contar la actualidad, a constatar una realidad con nombre propio y destacado. Es entonces que, como la trayectoria de Andrés Calamaro es bien conocida y fácilmente rastreable a través de internet, tanto con Los Rodríguez como pre y post, por ejemplo desde su sitio www.calamaro.com o desde el de su discográfica www.droatlantic.com, caeré en la tentación de sumergirme en el terreno de lo ilustrativamente anecdótico, que ya sé que les gusta.

La personalidad de Calamaro es tan arrolladora como atractiva. Pude comprobarlo de primera mano cuando compartí con el todo un fin de semana en Figueras, invitados ambos por Loquillo. Él como figura estelar, yo apenas por motivos de autoría de una canción de Farmacia de Guardia que El Loco estaba adaptando para su disco. Estamos en el año 2000, en las últimas sesiones de grabación de “Cuero español” y aunque el argentino no se encontraba en su mejor momento personal, cada vez que abría la boca, el estudio entero se paralizaba. Contaba historias que con toda probabilidad estaba moldeando en ese mismo momento, pero daba exactamente igual el grado de veracidad, lo que cautivaba no era la historia sino el narrador. Pura seducción, en grado extremo.

Ciento cincuenta kilómetros por carretera nacional, esto es, durante el viaje en coche entre Barcelona y Figueras, dan mucho para conversar. Así que en un determinado momento Calamaro, recién llegado de la Argentina, nos desvela el contenido de una maleta a la que cuidaba cual oro en paño: se trataba de una colección de cintas con un total de 300 nuevas canciones.

Había grabado todo lo que le había pasado por la cabeza en los últimos meses, en situaciones y con sistemas diversos, y en un momento dado, hablando sobre que la actitud del rock iba más allá de escribir un puñado de bonitas canciones, dispara con su innegociable acento porteño: “¿Sabés que te digo? Hablaré con los muchachos de Dro -su sello- y les diré que tienen que editar estas 300 canciones, no me interesa el juego comercial, si quieren a Calamaro lo han de tomar entero, tal cual”.

“Pero Andrés”, me atreví a espetar, “nadie puede asimilar 300 canciones a la vez, es sencillamente imposible”. Se quedó pensativo y al poco añadió: “Hmmm, creo que tenés razón, Jam, les diré que me publiquen sólo 100”. Todos reímos. Meses después vio la luz “El salmon”, álbum quíntuple con 101 canciones en total. Genio y figura.

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- Andrés Calamaro & Ariel Rot actúan el viernes 22 de septiembre de 2006 en la Plaza de Toros de Murcia a partir de las 22 horas y a un precio de 30 euros. Abrirá el show Quique González.

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