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THE BRASLIPS  

27/10/06

Oliver (i), Gramolo y César (d) son
The Braslips: la madre que los parió (foto: Lost Imperdible)

EL RETORNO DE LOS MALDITOS

Mediados de 1995, el blues dominaba la Tierra. Bandas de versiones, armadas de mediocridad y apoyo mediático, teñían de gris árido la estampa de una Murcia creativamente desolada. Pero de manera inesperada, una nave aparentemente destartalada y conducida por músicos jóvenes e inexpertos hizo irrupción bombardeando la desidia e instalándose como la más excitante escena murciana de los noventa.

Me refiero a la NOM (Nueva Ola Murciana), de vida breve y consecuencias extensas. De entre todas las bandas surgidas entonces, la mejor fue The Braslips. Siete años después de su último show, han decidido reunirse para ofrecer un concierto único. La noche de las ánimas, en el Club 12 & Medio. Con Manolo Gramolo (voz, bajo), Oliver Ruiz (guitarra), César Verdú (batería) y el apoyo de Alfonso Schwarz en la segunda guitarra.

Bien, he de reconocer que me inventé la NOM con premeditación, nocturnidad y alevosía, incluso acotando su nombre, pero -ojo que tiene uno, ejem-, el tiempo me dio la razón. Poco después, otros medios se apuntaron al carro, pero lo hicieron con tanto entusiasmo y sinceridad como el entonces incipiente suplemento Evasión, principal foro de las aventuras de la escena.

Grupos como Fuck My Dreams, Art School, The Runarounds, Popstal, Abuela Dinamita, Octubre, Morcón Baby o Divine; locales como Spiral y Deportivo; fanzines como Heatwave, estudios como Gratix -donde grabó la práctica totalidad de la escena- y colectivos como Cabeza Plana, fueron los protagonistas principales de lo mejor de los noventa en Murcia. Cuando, a los cuatro años exactos de su nacimiento, en noviembre del 99, los Braslips dijeron chao tras su actuación en el yeclano Happy House, la NOM feneció.

“Acabó habiendo una escena con identidad propia, también porque se centró todo en un lugar. En este caso todos los grupos al final moríamos tocando en el Deportivo. El apoyo de la prensa también fue decisivo. Entonces era más difícil sacar discos, fichar por sellos y tampoco existía el mercado libre que hay ahora a través de internet. Todo funcionaba más a través de maquetas, fanzines… El público al principio éramos los propios componentes de la escena”, señala César.

Oliver toma el relevo. “Antes de la NOM sencillamente no había escena y luego hubo dos bandos, el conservador y el nuestro, con ganas de romper con el pasado y hacerlo con frescura y con arrojo. De hecho cuando empezamos a dar los primeros conciertos, hubo propietarios de bares que no nos querían ni pagar. Se esperaban otro grupo de blues y llegábamos nosotros montando el pollo y subiendo el volumen y desparramando y en un par de ocasiones casi salimos a hostias”.

“También -concluye Verdú- éramos gente muy joven, sin dinero y con mucho tiempo libre, mucha energía y muchas ganas de hacer algo rompedor. Esa energía, en el caso de los Braslips un poco descontrolada, se transmitía directamente a la música”. El caso es que entre los grupos de la NOM había bandas estilísticamente bien diferenciadas. Pero con una actitud común o al menos con muchos puntos en común. “Eso es. Nuestra mayor influencia entonces era el rock de Detroit, MC5, Stooges, el movimiento punk del 77, incluso algo de garage y Sonic Youth… Cada grupo tenía las suyas, pero era la actitud lo diferente a lo que se había practicado hasta entonces en Murcia” (César).

PURA ENERGÍA, PURO CAOS
De entre todas las bandas de la NOM -no confundir con el pop colajet, más ingenuo y aniñado y que surgió a continuación-, The Braslips eran los más impredecibles, los más sucios, los más caóticos. También los que mejor lucieron aquella aureola un tanto maldita del sexo, drogas y rock and roll. “Era un poco dejarte llevar, eh, había muy poco premeditado. Incluso a veces llegábamos a sorprendernos a nosotros mismos. A veces para bien, pero también otras para mal. No sabíamos de donde salía aquel espíritu braslip, pero era algo que no se podía controlar”, apunta Manolo.

Bien, la entrevista transcurre en el local de Schwarz, después del penúltimo ensayo de The Braslips antes de un concierto que, ya lo adelanto en vistas del ensayo, será auténtica dinamita. Y un concierto que ha despertado una inusitada expectación: el foro de murciarock.com plagado de gente buscando invitaciones, amigos-donette dándome la brasa conocedores de mi amistad con la banda, Paco Larrosa -dueño de La Yesería y el 12 & Medio y organizador del concierto- que ha tenido que cambiar de móvil… Bueno, igual me estoy pasando, pero por ahí van los tiros. “Sí que notamos esa expectación. Creo que es inevitable, tuvimos una vida corta, la gente que no vivió ese momento le suena, lo ha leído o le han comentado. O ha oído hablar de los Braslips y la NOM…”, afirma con modestia César.

Manolo sale al quite. “He estado cuatro o cinco años alejado de la música por motivos personales. Cuando regresé un poco a moverme por estos ambientes me quedé asombrado de cómo hablaban de los Braslips, de esa aureola maldita… Me pareció sorprendente”.

Es que, como muestra los títulos de sus canciones (“Give me your money”, “Bored girl”, “I’m on heat”, “Born in Puerto Hurraco”, "Gotta kill your mother" y mejor no sigo), los Braslips son así, no tienen mejor fecha para regresar que el día de Halloween, toma ya. [risas] Cuando lo cerramos no lo sabíamos, puedes creerlo. Pensamos en el 31 porque al día siguiente era fiesta, pero ni idea de qué fiesta era. Y después nos dimos cuenta de que era Halloween, parece una broma del destino” (Oliver).

“Va a estar muy bien, los temas suenan y la ilusión está ahí. Y tenemos el apoyo de Alfonso, que le está dando otro aire a los temas, más homogéneo, pero respetando completamente el espíritu de las canciones. Hacemos este concierto por pura satisfacción personal. No vamos a ganar nada, por eso hemos optado por hacerlo con invitación, para que vaya la gente a la que le apetezca de verdad”. (César).

Hace poco, hablando con José Alberto, el propietario de los estudios Gratix y padrino fundamental de la NOM, antes de convertirse en baterista de Vacaciones, me comentaba que el sello In The City, de vida efímera y que él mismo montó junto a Jorge Izquierdo (Art School), tenía previsto editar a The Braslips, pero “era imposible llegar a acuerdos con ellos, quedábamos para hablar y llegaban ciegos, se ponían a gritar, montaban el pollo y se iban sin cerrar nada. Los Braslips eran así: pura energía, puro caos”.

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