Paul Gilbert: La guitarra volátil

Rafa Llorente-Berreiros | 23.10.2008 - 12:33 | Conciertos

Paul Gilbert desayuna riffs con yogurUn día, una chaval llamado Mike Varney soñó con surcar los cielos y los océanos, planeando y surfeando sobre su guitarra eléctrica. Quería que el viento le alborotara los cabellos mientras él destripaba riffs de guitarra, solos inverosímiles y sus dedos bordeaban la luxación espontánea. Pero Mike no triunfó. A cambio fue dotado con un inigualable don para descubrir nuevos talentos, basado en la investigación y la melomanía.

Confirmadas ambas hoy en día por la colección de 40.000 discos que abarrotan su casa de Los Angeles. Mike no lo consiguió, pero aplacó su sed haciendo que otros guitarristas triunfaran: Yngwie Malmsteen, Richie Kotzen, Vinnie Moore, Marty Friedman y, por supuesto, el hombre que nos ocupa: Paul Gilbert. El mismo cuya gira española hará escala el próximo miércoles en Murcia.


DEL PAPEL AL VINILO

Cuando Paul apenas había cumplido los quince años, Varney lo presentaba ante el mundo, a través de su columna de opinión, en la prestigiosa revista Guitar Player. La categoría del adolescente Gilbert era algo más que juvenil, y su paso como estudiante del prestigioso Guitar Institute of Technology californiano, sentaba las bases de la primera red social de músicos eficientes a la que se exponía. Fruto de ello nacería Racer-X, banda en la que compartiría experiencia con el actual batería de Judas Priest, Scott Travis, entre otros.

Aquel era un combo de metal americano demoledor. La impronta de los nuevos valores expuestos por sus protagonistas no pasó inadvertida para todo el que osaba acercarse a la incandescencia eléctrica, consistente y efectista al mismo tiempo, de ese álbum titulado “Street lethal” (1986). Aquel trabajo abriría a Paul Gilbert, con tan solo veinte años, el olimpo de la guitarra metálica, pasando casi automáticamente a ser considerado uno de los primeros representantes de ese concepto, que a muchos produce tanto recelo, llamado guitar-hero.

Y es que él lo era. Sí, un auténtico héroe. Sólo que Paul, inquieto por naturaleza, decidiría no permanecer demasiado tiempo en ninguna parte. Sin solución de continuidad aceptó la llamada de Mr.Big, uno de los supergrupos hardrockeros de la década, con los que llegaría a degustar con creces las mieles del éxito, llegando a ser número uno en Estados Unidos en 1991, gracias a su popular balada “To be with you”. Aunque en realidad la línea de base del grupo estaba más emparentada con un colorismo virtuosista muy comercial, emulando las premisas ya expuestas por Van Halen una década antes.


SONATA Y FUGA

La sacudida del grunge embistió con fuerza. Aún Mr.Big aguantaron algo más que la mayoría de sus coetáneos, pero finalmente Gilbert pensó que todo el pescado estaba ya vendido. Decidió cambiar de horizontes y no volver a verse de nuevo interferido por la sombra de la necesidad comercial. Se lanzó a la aventura de sus propios deseos -riñones bien cubiertos por los derechos de autor de Mr.Big-, y tras reunificar fugazmente a unos más maduros, pero igualmente contundentes Racer-X, comenzó su carrera en solitario.

Un periplo musicalmente disperso, de alguna manera encantadoramente caprichoso, y sobre todo muy prolífico. Un pretexto prefecto para ahondar en las influencias desiguales que lo llevaron a idolatrar de la misma forma a The Beatles, J.S. Bach, Rush, Jimi Hendrix o Abba. Unas raíces musicales que lo llamaron a recuperar la admiración por su anónimo tío Jimi Kidd, con el que grabaría en 2002 para desquitarse de su vena más bluesera. Y es que Paul Gilbert hace ya mucho tiempo que no obedece conductas marcadas por la industria discográfica.

Vive en su inframundo: comanda su propia, caótica y, en sus palabras “cutre” página web, desahoga sus instintos lectivos impartiendo puntualmente clases en diferentes institutos, pasa largas épocas en Japón, de donde es nativa su esposa, expone al público su sapiencia guitarrera en esporádicos artículos para prestigiosas revistas, y a pesar de ser un guitar-hero consumado, editaba su primer disco enteramente instrumental, “Get out of my yard”, tan sólo hace un par de años.

Su presente se llama  “Silence followed by a deafning roar”, un segundo esfuerzo no cantado, con el que está extendiendo su gira europea por espacio de tres meses. El miércoles visitará Murcia con su banda: Craig Martini (bajo), Jeff Bowders (batería) y Emi Gilbert (teclados). Junto a ellos nos mostrará su prodigiosa técnica, su capacidad de transmisión y su sentido del humor.


Paul Gilbert actúa el miércoles 29 de octubre de 2008 en Murcia. Sala Nuevo Garaje. 21.30 horas. Precio: 22 € (ant, en Discos Tráfico) - 25 € (taq).

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