Nacho Vegas - ¿El malditismo era esto?

Jam Albarracín | 09.10.2009 - 11:55 | Conciertos

Nacho VegasTengo pactada una entrevista con Nacho Vegas. A la hora puntual llamo a su manager y me dice que le dé 15 minutos. Unos instantes más tarde me envía un SMS diciéndome que están en la furgoneta y Nacho está medio dormido, que no le apetece, que le llame varias horas más tarde. Maldigo a parte del pasaje -en concreto a la falta de profesionalidad, de rigor y de respeto- y me quedo sin preguntarle acerca de El género bobo, su nuevo EP de cuatro canciones que vio la luz hace sólo cuatro días y que presenta en el Auditorio Víctor Villegas. ¿El malditismo era esto?

Maldito y oficial son términos antagónicos, pero Nacho Vegas ha adquirido el estatus de maldito oficial del reino del pop español. Superviviente del naufragio indie de los noventa, el asturiano lleva ya unos años dando palos de ciego pero no es menos cierto que suele aderezarlos con algún que otro hallazgo de verdadero valor. En su nuevo EP, algo más que una transición, como prueba la abundancia de discos de formato reducido en su carrera, la joya se llama Las inmensas preguntas, una canción sobre la duda, el amor, el sufrimiento compartido, la incomunicación o tal vez sobre todo ello junto. Desnuda, con acompañamiento escueto y recitada a lo Leonard Cohen, salvando las distancias de registro vocal, que aquí remiten más a Sabina.

Tras una breve intro, el disco comienza con Pesadilla genérica, un lamento en clave country-pop y se cierra con Penúltimo anhelo y (Al final) Te estaré esperando. Todas aceptables, todas prescindibles. Todas alejadas de aquellos textos que helaban el alma y que le consagraron como una suerte de poeta del desasosiego.


EL MESÍAS DE LA DESOLACIÓN

Nacho Vegas fue una de las piezas angulares del Xixón Sound, una de las avanzadillas del movimiento indie de los noventa. Comenzó con la banda de noise-pop Eliminator Jr. así como con un proyecto denominado Diariu, en el musicaba poemas de Ramón Lluís Bande, precisamente el autor del videoclip de Las inmensas preguntas. Tras una extraña banda sonora para la televisión asturiana, Verdá o consecuencia en 1997, las nubes se abrieron con un estrepitoso gemido y Vegas entregó sus tablas de la ley: Actos inexplicables, su álbum de debut.

La crítica enloqueció. Se puso la chaqueta de la mística y, dos oraciones más tarde, lo señaló como el mejor álbum de 2001 y como poco menos que la salvación de los chicos sensibles que al mirarse al espejo veían a Holden Caulfield, de quienes buscaban nuevos modos de expresión emocional, de aquellos que esperaban el nuevo maná independiente.

Sangre, muerte, miedo a la vida, abundantes referencias a las drogas -y al síndrome de abstinencia- e inestabilidad emocional se dan cita en aquel álbum ciertamente revelador que mostraba una personalidad contrastada, que le aportaba coherencia y restaba importancia a las carencias técnicas, sobre todo como vocalista. El ángel Simón es el momento culminante de un disco muy de estudio, que se hizo entre Vegas, Paco Loco y el arreglista Carlos J. Martínez. Nacho ha explicado en diversas ocasiones que ese modo de trabajo no le convence, que prefiere llevar las canciones rodadas al estudio y eso es lo que haría en adelante, ya con banda propia. Da igual si gigante o molino de viento: el personaje ya estaba creado.


OCHO Y MEDIO

Cajas de música difíciles de parar, su siguiente álbum, en formato doble y publicado tras la edición de dos discos de duración reducida, fue igualmente elegido entre los mejores discos de 2003 para la mayoría de las publicaciones de música independiente. Más electricidad, menos desnudez, y algunos títulos para el recuerdo, como En el jardín de la duermevela. Pese a todo, un disco menor comparado con su debut y con el posterior Desaparezca aquí (2005), los dos momentos álgidos de su carrera.

Y títulos de aquellos que justifican su condición, como Nuevos planes, idénticas estrategias (“Y en la cama de un sucio hospital continúo en soledad disparando como Kevin Ayers a una luna llena, tan llena que no puedo fallar”) o la joya de la corona de Vegas, Ocho y medio, una canción que, esta vez sí, hiela la sangre (“O puede ser un ángel que una vez perdió la fe y fue expulsado, y que ha venido a agonizar justo encima de mi hogar y estas gotas sean sus lágrimas”).

Desde entonces, ni en su disco compartido con Bunbury (El tiempo de las cerezas), ni menos aún en el conjunto con Christina Rosenvinge (el flojísimo Verano fatal), ni en su siguiente álbum a título propio (El manifiesto desastre), Nacho Vegas ha logrado acercarse a su mejor nivel. Seguramente porque ya no vive lo que narra. Seguramente porque no se puede vivir mucho tiempo siendo fiel a narraciones como aquellas. Queda el personaje. Queda algún destello.


Quién: Nacho Vegas.
Cuándo: Sábado 10 de octubre de 2009, a las 21.30 horas.
Dónde: Auditorio Víctor Villegas.
Cuánto: 18 euros.

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