El SOS 11 ha muerto, ¡viva el SOS 12!

Jam Albarracín | 09.05.2011 - 14:46 | Críticas

SOS4.8La cuarta edición del Estrella Levante SOS 4.8 finalizó bien entrada la madrugada del domingo -alguna actividad menor al margen- con una imagen similar a la del año anterior. Una auténtica marea humana apurando las últimas horas de música y felicidad que les había brindado uno de los mejores festivales del país y seguramente el más amable. Como soy de letras no me atrevo a hablar de cifras tan enormes, pero sí afirmo que, nuevamente aforo agotado, hubo más público que en la edición anterior. Va a haber que empezar a imitar a los pamplonicas cuando se les pregunta por los sanfermines: oh, bueno, mejor no vengas, en realidad no es para tanto.

Bromas aparte, tanto artística como sobre todo organizativamente, el Estrella Levante SOS 4.8 supuso un éxito poco contestable. Además de incidir en la buena imagen de una Murcia hasta no hace tanto identificada con la caspa del 'qué hermosa eres'. Que me disculpen quienes prefieran esa otra Murcia.

Cualquier crítica, por muy sustentada que esté en un criterio sólido, tiene un elevado componente de subjetividad. Es opinión y así debe de ser, además de que la objetividad, como dijo Trueba, «es un punto de vista tremendamente pretencioso y desde el que, en realidad, nunca se ve nada». Pero en el caso de un festival, existe un segundo grado de subjetividad: el circunstancial. No es lo mismo ver un concierto completo y desde una buena ubicación que hacerlo desde la lejanía o en el intervalo en el que abandonas un directo para dirigirte a otro. Mis disculpas anticipadas por la inevitable falta de objetividad que tildará este artículo, entonces. Patti Smith, Second y Varry Brava coincidieron parcialmente en el tiempo. Mencionar el nombre de la primera sin ponerse en pie es una herejía, los segundos son la mejor banda de Murcia y además presentaban nuevo álbum, los terceros son la revelación además de tener un directo divertidísimo. Bendito problema, en todo caso.

Me puse mi camiseta de Salomon (Burke) y sólo presencié medio concierto de Patti Smith. Suficiente -aunque ya me contaron que la apoteosis llegó al final, con 'Gloria', 'People have the power' y demás- para volver a comprobar que, incluso en acústico, pocos como ella son capaces de transmitir la misma esencia de la poesía y del rock. Iba a escribir de la música, en global, pero Patti es rock y no tanto formal como espiritualmente. Transmite todos aquellos valores que se le presuponían al rock original: compromiso -con la vida, con el arte, con lo social-, insumisión contra la injusticia, pasión... además de un innegociable espíritu constructivo. El 50% de los políticos que vieran un concierto de Patti Smith deberían dimitir de inmediato, si todavía les quedase algo sin impermeabilizar en su corazón.

La madrina del punk neoyorkino tuvo un recuerdo para Seve Ballesteros -su marido, el gran Fred Sonic Smith, al parecer era un apasionado del golf-e igualmente recordó a su admirado Roberto Bolaño. Actuó en el interior del Auditorio, acompañada por su inseparable guitarrista Lenny Kaye y por el bajista Tony Shanahan. Pocos artistas pueden emocionar hasta rozar el mismo dique donde rompen las lágrimas. Y vi a no pocos salir con la sensibilidad justo en ese punto. Patti Smith debería ser declarada patrimonio de la humanidad.

Techno con mayúsculas

Y si el de Smith fue casi el primer concierto de la jornada, nos vamos hasta el último para encontrar el otro momento álgido: el acto de Tiga. El DJ, remixer, teclista, vocalista y productor canadiense demostró que se puede hacer techno inteligente y de alta calidad sin dejar de ser divertido y rotundamente bailable. A diferencia de la sesión mascachapas del plasta de Steve Aoki la noche anterior, Tiga juega con las secuencias y con las frecuencias, con los cambios de ritmo e intensidad, interfiere y modifica continuamente unos temas que ofrecen una sensación multidimensional.

Nada que ver con el tan habitual bombo-a-piñón y cualquier cosa encima: lo de Tiga es techno con mayúsculas, música con mayúsculas. Estaba tan cansado que dudaba si llegaría hasta la parada de taxi, pero empezó a manejar el doctor Tiga y no sólo mitigó mis síntomas sino que me transportó a estadios de éxtasis y felicidad con la receta de su laboratorio sonoro. La última noche un DJ no salvó mi vida, pero me hizo recuperar la fe en el techno.

El Estrella Levante SOS 4.8 no sólo está tocado por el éxito, sino que además empieza a tener la suerte de los campeones. Todos los partes meteorológicos anunciaban tormenta y de hecho el avión que transportaba a músicos de Editors y Suede tuvo que desviar su trayectoria. Finalmente pudieron tomar un vuelo desde Lisboa a Valencia y ser recogidos allí por miembros de la organización, quienes los trasladaron hasta el escenario principal del festival sin apenas tiempo para chequear sonido.

Éste -el sonido- fue uno de los handicaps del no obstante notable único concierto de Suede en España. Dependiendo de la ubicación -y estaba tan petado que resultaba complicado moverse- el sonido se apreciaba más o menos mejorable. En cualquier caso los británicos brillaron con su repertorio de hits. Abrieron con 'She' y fueron soltando bombas de la profundidad de 'Trash', 'Filmstar', 'Animal nitrate', 'Drowners', 'So young', 'Beautiful ones'... Uf, tela marinera -con una caña, por favor-. Además de ofrecer una clara visión de lo que es un auténtico frontman, en la figura de un Brett Anderson en magnífico estado.

Editors no alcanzaron cotas tan puntualmente elevadas, pero mantuvieron un nivel medio ciertamente notable. Abrieron con 'Camera' y 'Munich' y 'Papillon' fueron dos de sus cotas más elevadas. Es cierto que si Joy Division no hubiera existido tampoco lo habría hecho Editors, pero Tom Smith es un gran vocalista, sus canciones son francamente buenas y la sensación de banda de champions league se mantiene inalterada del primer al último minuto. No llegarán a semis, pero ahí andan. Ritmos marciales, oscuridad ambiental, frialdad impactante. La música de Editors no es tu amiga, está ahí para que la disfrutes. Si puedes.

Yo lo hice, pero me costó mucho más hacerlo con la de White Lies, una propuesta que parte de influencias similares, pero que se advierte mucho más evidente y cualitativamente a años luz. Éstos no juegan ni la previa de la Europa League. Tienen alguna buena canción -'Bigger than us' no está mal-, pero lo que Editors se advierte amenazante, en White Lies es grandilocuente y un tanto pretencioso. Aceptables, no más.

Mucho mejor estuvieron nuestros Second, a cuyo concierto me dirigí tras comprobar en apenas dos canciones que Varry Brava son tan divertidos y adorables que dan ganas de untarlos con mermelada y comérselos. Precisamente acabaron subidos en el escenario con Second en el cierre de éstos, un 'Rodamos' que el magnífico y osado Sean Frutos cantó subido a los adamios del cuadro de luces. Era su primer concierto en Murcia tras la publicación de su nuevo álbum, 'Demasiado soñadores' y pese a la hora temprana (19.45) pusieron a saltar y corear a casi 10.000 personas, demostrando una vez más que se trata de una de las mejores bandas en directo de España. 'N.A.D.A.', 'Rincón exquisito' y las más rítmicas 'Psicopático' y 'Autodestructivos' fueron algunos de sus mejores momentos.
Aeróbic continuo

Everything Everything ofrecieron un concierto desigual pero con puntuales momentos de brillantez inusual. Son extraños, no sabes si correr o ponerte a bailar, pero tienen una chispa que cuando emerge es realmente valiosa, si no tienes frito ya el cerebro. Lo que te fríen Nic Offer y su pandilla, esto es, Chk Chk Chk, son las suelas de tus zapatillas. Tienen una misión en este mundo, que es hacerte bailar. Y vaya si lo logran. Normal que Offer tenga la imagen menos glamourosa del festival (camiseta y pantalón de deporte) porque lo suyo es aeróbic continuo, con fondo funky y pulsión rock. Muy divertidos, aunque su discurso empieza a ser un tanto reiterativo.

Por su parte, Lori Meyers hizo lo que no supo lograr la noche anterior Vetusta Morla: aprovechar su buena ubicación (hora punta, escenario grande) para demostrar que se trata de uno de los mejores grupos nacionales, al menos en directo, y que su (criticada por parte de la crítica) evolución ha sido un acierto pleno.

Luego llegaría el mencionado Tiga y pondría un magnífico broche bailable a un festival que, otro año más, se ha saldado con gran éxito. Ojo, que por momentos tuve la sensación de que había más público del deseable para mantener esa comodidad que es marca de la casa del festival: de éxito también se puede morir. De momento vivo y con inmejorable salud. Que así siga.

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