Canción de otoño [crítica Scott Matthew]

Jam Albarracín | 03.10.2011 - 13:47 | Críticas

Scott Matthew en Murcia [Foto: Fran Manzanera]Es una cuestión de timidez, de sensibilidad y de talento. Y de los tres anda sobrado Scott Matthew. Pero también de encanto, de poesía y de capacidad para transmitir emociones. De mechones de flequillo con los que (no llegar a) cubrirse los ojos, de camisetas que acaban dos tallas más grandes de tanto estirarlas y de vino tinto. Justo la media botella que fue degustando entre las 16 canciones de otoño con que fue tallando un concierto delicado, íntimo, bello. Pura orfebrería sonora y emocional.

Lo del australiano de nacimiento, neoyorkino de residencia y brookliniano de ADN es una auténtica sobredosis de romanticismo. Un romanticismo que todo lo impregna, tan extremo como nada engolado. Bombas de profundidad poética y precisión interpretativa moduladas por una voz bien dotada melódicamente y tocada con una fragilidad sólo aparente y ciertamente adorable. Canta sobre el amor y el sufrimiento -acaso inevitable y en todo caso inevitado- y el espectador ama y sufre, pero lo hace con una sonrisa final. Oiga, que dan ganas de abrazarlo.

Scott Matthew, excelentemente arropado por Eugène Lemcio y Sam Taylor -qué bellos juegos vocales se marcan, siempre en formato pequeño, como las cajas de música-, ofreció un repertorio basado fundamentalmente en las canciones de su recién publicado tercer álbum. No tiene hits que destaquen poderosamente, pero ahí es nada abrir con 'The wonder of falling in love' -un título muy significativo de su modo de entender la música e, intuyo, la vida-, 'True sting', la abrumadoramente emocionante 'Black bird' y 'Felicity'. A lo mejor empezamos ganando. Continuaremos así toda la velada.

Van cayendo las copas de Jumilla y la camiseta de Matthew ya es cinco tallas mayor, como la satisfacción general y la sensación de estar disfrutando de algo delicado y muy especial. Los falsetes de 'Buried alive' recuerdan a un Antony Hegarty sin claras de huevo y el dramatismo interpretativo alcanza su cota máxima en un 'Seedling' que agota el oxígeno. No diré que fue especialmente ovacionada porque todas lo fueron, sin excepción. De trabajos previos, tres títulos de su debut-álbum, entre ellas dos de la banda sonora de 'Shortbus' ('Upside down' e 'In the end'), y sólo uno de su segundo largo, 'Friends and foes'. Para el bis guardó sus peculiares versiones: de Radiohead (!) -'No surprises'- y de Rihanna (!!) -'Only girl'-. Muy buenas ambas, conviene señalar.

Scott Matthew tiene algo de rara avis. Hay muchos cantautores que emiten desde frecuencias similares -intimidad, sensibilidad, confesionalidad-, pero quizá sea ese bonito timbre vocal que amenaza quebrarse de pura emoción, tal vez la intensidad dramática que nace de una profunda timidez y que acaba confiriendo una sensación liberadora, acaso esa sensación de que sus canciones se viven más que se escuchan... El autor de 'Gallantry’s favorite son' no es precisamente la alegría de la huerta, pero sus canciones y su modo de interpretarlas reconfortan el alma. Tal cual.
 

Concierto: Scott Matthew. Formación: Scott Matthew (voz, ukelele, guitarra acústica), Sam Taylor (violoncello, guitarra, voces) y Eugène Lemcio (piano, bajo, voces). Lugar: Sala Miguel Ángel Clares del Auditorio Víctor Villegas, 29 de septiembre. Calificación: Encantador.

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