Fleet Foxes: Crazy feelings

Jam Albarracín | 28.11.2011 - 09:05 | Críticas

Fleet Foxes en CartagenaBroche de oro, no merecía menos, el de un XXXI Cartagena Jazz anotado ya en el lado indeleble del recuerdo por diversos motivos, fundamentalmente la calidad de su programa y el estreno de un auditorio, el de El Batel, que ha merecido comentarios de casi todos los artistas. Si Ryuichi Sakamoto agradeció estrenar “tan bello e insólito marco”, Pat Metheny lo definió como “amazing place” y Robin Pecknold, el líder de Fleet Foxes, se refirió a él como “crazy theater”. Es tan bello que merece la pena ir sea quien toque pero además, ¿tendría algún sentido la cordura en el arte de este convulso inicio del XXI?

Lo de Fleet Foxes sí que es asombroso y en semejante marco, más. Puro contraste entre retrofuturismo arquitectónico y neohippismo actual. Como ver a Crosby, Stills & Nash, la referencia sonora más evidente de Fleet Foxes, tocando en la nave de '2001, Space Odyssey'. El espíritu de la madre tierra gravitando sobre el espacio exterior, tal como sugería la nebulosa de estrellas que caían, leves, sobre la pantalla de fondo entre canciones. La música del combo de multiinstrumentistas de Seattle necesita poco para hacerte flotar, en cualquier caso.

Resulta paradójico que un grupo cuyas principales influencias se remontan cuatro décadas atrás se haya convertido en uno de los paradigmas de la modernidad, pero así es y además es lógico. Entre tanto marasmo de electrónica y sonidos sintetizados, se agradece un oasis de principios orgánicos y calidez vocal. Lo prueba el auge del simpático antifolk, pero esto es mucho más: más grande, más emocionante, mucho más valioso.

Las armonías vocales de Fleet Foxes -a menudo a cuatro voces- son obras de arte en sí mismas. Puro preciosismo que, encajado en estructuras nunca obvias, siempre cambiantes, a menudo sorprendentes, adquiere máxima expresión y valor. Es tan bueno que uno anda tentado de encontrar peros (no inventan nada, si se alargan nos dormimos) para relativizar su calidad e impacto.

Sólo queda, pues, dejarse llevar y disfrutar de un concierto magnífico a cargo de una banda extremadamente talentosa y en estado de gracia. No se puede cantar mejor, sus composiciones son mucho más complejas que las de Fairport Convention o los citados CS&N y a cambio podrían defenderse con una simple guitarra de palo. Son más hippies que las flores, pero su comuna resulta mucho más aseada que las de los 60/70.

Y sus canciones, desde la inicial 'The plains / Bitter dancer' hasta el cierre del bis con 'Helplessness blues', nunca bajan del notable alto. ¿Algo más? Pues sí, además tienen magia, la aureola del iluminado, el resplandor del elegido. Todo bien apoyado por unos juegos lumínicos que inciden en las contras para aumentar la sensación de misterio.

Imagínense temazos como 'Battery Kinzie' o la impresionante cascada vocal de 'Montezuma' -ambas del último álbum-, la profundidad de 'Your protector', la delicadeza de 'White winter hymnal' y la refrescante ligereza de 'Ragged wood' -del primero-, y hasta una novedad ('I let you') y un par de piezas de EPs previos ('Mykonos', 'English house') sonando mejor que en disco.

A los valores añadidos que siempre aporta un concierto, le añadimos esto y tanto la calculadora matemática como la emocional ofrecen el mismo resultado: sobresaliente.

 

XXXI CARTAGENA JAZZ
Concierto: Fleet Foxes. Formación: Robin Pecknold (voz solista, guitarras), Christian Wargo (voz, bajo, guitarras), Skyler Skjelset (guitarras, teclados), Morgan Henderson (multiinstrumentista, voz), Casey Wescott (teclados, guitarras, voz) y Joshua Tillman (batería, voz). Lugar: Auditorio El Batel, 26 de noviembre. Calificación: Sobresaliente.

 

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