Camille (crítica)

Jam Albarracín | 11.07.2008 - 18:55 | Críticas

Camille maulló y Cartagena se deshizoCORAZÓN SALVAJE

Insólito, encantador, libre, brillante, seductor y tremendamente original. He aquí los seis adjetivos más precisos que se me ocurren para calificar la propuesta de Camille, la niña-gata francesa que acarició el alma, desgarró el corazón y humedeció la piel de Cartagena, en uno de esos conciertos que cuentan con un añadido no menor: ya nunca se olvidan.

Dicen que la música de las cuerdas resulta tan emotiva porque su registro es el que más se aproxima al de la voz humana. Pues Camille debió de pensar que, puestos a llegar al corazón, para qué utilizar intermediarios. E invirtió la situación: que sean las voces las que se aproximen a los instrumentos.

De tal guisa, ni bajo, ni guitarras, ni batería, ni programaciones aparecen en sus directos. Aunque vaya si suenan. El cuerpo es la caja de resonancia, Sly, Matthieu, Ezra y Martin, los beat-box humanos. Podría parecer anecdótico, un alarde de ‘boutadismo ilustrado’, pero es que no hay Roland o Yamaha que suenen mejor.

Camille es puro encanto, un alma libre, un corazón salvaje que se sabe irresistible y que no duda en esgrimir su naturalidad como arma de seducción masiva. Claro que también es una gran cantante con una amplia paleta de registros, una notable actriz que domina la escena como si de un pretendiente se tratase y una autora que, sin haber inventado la pólvora, sabe cómo utilizarla para que la bomba estalle en las manos del deleitado espectador.

Puede hacerlo aupada a una nube de silencio y percusiones minimalistas (“Canards sauvages”, “Home is where it hurts”, con las que abrió el show), afrancesando el gesto (la doliente “Pale septembre”, esa “Cats and dogs” que remite a Piaf), escondiéndose en la casa del misterio (“Baby Carni Bird”), dejándose abducir por el gospel y el soul (“Ta douleur”, “Gospel with no lord”) o derramando irresistibles gotas de ese perfume llamado provocación (“Les ex”, jugando con las palabras ex, sex y excess; el recuerdo a Nouvelle Vague con la versión del hit punk de Dead Kennedys “Too drunk too fuck”).

La propuesta de Camille pinta moderna, muestra un inconfundible trazo arty, resulta del todo cool y, además, se advierte poderosamente personal. Acaricia la sensibilidad e invita al contoneo. Si al menos fuese un poco pedante o demasiado delineada podría encontrarle un defecto pero es que, insisto, para colmo la esgrime con clase y naturalidad pasmosas. Si me mira a los ojos me arruina la vida, vamos. Aunque a los que miró fue a los de Elías, el espíritu del baile, a quien invitó a danzar sobre el escenario. Los hay con suerte… si es que pudo dormir.

Sus discos son buenos -el último, “Music hole”, de manera discutible- pero los conciertos a veces aportan ese algo irrepetible que tiene mucho que ver con la comunicación. Cuando ésta se transforma en magia, su valor se multiplica por mil. O por Camille.

CAMILLE
Formación: Camille (voz), MajiKer (piano), Isabelle Gonzales y Gisela Razanajatovo (coros) y Sly Johnson, Martin Gamet, Ezra y Mattthieu Eymard (instrumentación vocal). Lugar: Patio de Armas, 8 de julio de 2008. Calificación: Muy bueno.

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