Djavan + Orquestra Imperial (crítica)

Jam Albarracín | 15.07.2008 - 20:20 | Críticas

EL XOGO BONITO
Djavan convirtió en plastilina el corazón de Cartagena
El prolongado flechazo entre La Mar de Músicas y Brasil se saldó en esta decimocuarta temporada del festival con una culminación amorosa plasmada en dos conciertos de interés y calidad notable. El jovial esplendor de la Orchestra Imperial y la romántica belleza de Djavan. ¡Qué fascinante es Brasil cuando juega bonito!

Los +2 -Moreno, Kassin y Doménico, o lo que es igual, una de las marcas de la modernidad brasileña- le debían una a La Mar, tras su desconcertante paso en la edición anterior. Y a fe que saldaron su deuda sobradamente. Su última apuesta es esta Orchestra Imperial que ha levantado encendidos elogios en su país, bien justificados a tenor de su encantador directo en Cartagena. Una veintena de músicos y cantantes que entran, salen, se reparten el protagonismo y, con la MPB (Música Popular Brasileña) como fuente de inspiración, ofrecen un party adorablemente refrescante, guapo y actual.

Todo pinta aparentemente casual en su fiesta. Elegantemente descuidado, brillante en su falta de alardes, tejanos rotos de diseño italiano. Da igual que se dejen embelesar por el trazo acuarelado de la bossa nova (“Nao foi em vao”), que icen la vela del samba (“Salamaleque”), que dirijan la orquesta hacia el mambo y el chachachá (“Ela rebola”) o que se marquen un “Popcorn” de puro disco-funk setentero con un chorrito de licor tropical. El cóctel de la Imperial evoca el ambiente lujosamente amable de las orquestas de los años cincuenta y sesenta, pero suena fascinantemente contemporáneo. La brisa es cool.

BELEÇA
Un escenario completamente limpio, sin monitor alguno y con los músicos al fondo en semicírculo recibió a un gran Djavan de propuesta relajadamente cautivadora. Magnífico compositor de trazo personal y notable cantante de voz profunda, el de Alagoas ofreció un show distinguido, un delicioso tratado de seducción sonora en el que delicadeza y exquisitez son dos elementos siempre presentes.

Su concierto tuvo dos partes diferenciadas: una primera mitad de romanticismo extremo, canciones que son caricias de amor desbordante e incondicional, melodías para besar al amparo del lado oculto de la luna. Ahí sonaron “Oceano”, “Un amor puro”, “Eu te devoro”, “Seduzir”… Me enamoré un par de veces, aunque no recuerdo de quién, quizá del amor.

Cuando el corazón del auditorio es ya pura plastilina, Djavan permite un respiro y ofrece una segunda mitad en la que, sin dejar de lado el romanticismo inherente a su música, se abre una opción para la sonrisa, la ligereza, el contoneo y hasta la pista de baile, caso de “Samurai” y la irresistible “Azul”.

La anécdota, en realidad algo más dada su buena factura, fue el recuerdo a García Lorca y Camarón en “La leyenda del tiempo”. Tampoco faltó el hit de la MPB “Flor de lis”, de su autoría y que aquí versionaran los primeros Ketama, ni la linda despedida con “Se” y “Lilas”. Djavan demostró su grandeza. Brasil sí, por supuesto.

El cierre de la velada corrió a cargo de Vieux Farka Touré, segundo hijo del ya fallecido y gran Ali Farka, quien ofreció una interesante sucesión de canciones con sabor tradicional de Mali, de ambientación tribal y rítmica eficaz en su repetición contagiosa. Como dato curioso, señalar que contó con un invitado ilustre: el joven y exitoso israelí Idan Raichel, eso sí, en un discreto segundo plano.

ORCHESTRA IMPERIAL + DJAVAN + VIEUX FARKA TOURÉ (La Mar de Músicas 2008)
Lugar: Auditorio Parque Torres / Castillo Árabe, 12 de julio. Calificación: Notable.

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