Benjamin Biolay (crítica)

Jam Albarracín | 25.07.2008 - 13:12 | Críticas

Benjamin Biolay: Vive la France! (foto: Pablo Sánchez del Valle)EL RITMO DE LA SEDUCCIÓN

Los ciervos volantes que planean, algunos amantes que retozan. Oh la la, qué gran concierto ofreció el jueves Benjamin Biolay en Cartagena, de lo mejor de La Mar de Músicas 2008, junto a Camille y Ute Lemper. No las tenía todas conmigo pues, pese a mi condición de seguidor desde su primer disco, su pasado concierto en el festival de jazz dejó destellos y dudas. Gran compositor, productor y cazatalentos, ¿sería la interpretación su punto débil?

Pero el personaje más influyente de la nouvelle chanson y el nuevo pop francés despejó la incógnita en cinco minutos. Esta vez, no sólo el sonido estuvo de su parte, sino también el modo de esgrimir un show extenso -dos horas que se hicieron cortas-, brillante, versátil y menos denso que aquél. Jugando con las formas y la intensidad, Biolay sedujo manejando diversas claves y registros.

Lo hizo en aras del indierock (Ground zero bar), del pop francés más sugerente y encantador (Novembre toute l'anée, con su precioso arreglo de piano; Dans la Merco Benz; la excelente Les cerfs-volants), de la propia nouvelle chanson (Jardin d'hiver, escrita para Keren Ann; Ça valait la peine, con Coralie Clément), de la fascinación por la cultura americana (Billy Bob a raison), de la música más ligeramente frívola y bailable (Chaise a Tokyo y las tres que interpretó junto a la lolita Gesa Hansen) y también, claro está, con medidas gotas de esa hipnosis obsesiva, dramática y un tanto irreal marca de la casa (A l'origine, Qu'est-ce que ça peut faire?).

En todas brilló y en ninguna se detuvo, lo que acabó confiriendo a su concierto un plus de variedad y frescura. La propuesta de Benjamin Biolay muestra trazos de clasicismo y suena confortablemente moderna, actual. Refresca e inquieta a un tiempo. Rezuma melancolía, suena viva y se advierte magnética. Es diferente, pero en ese sentido muestra similitudes con la de Morrisey, de quien por cierto ofreció una notable versión de su Suedehead.

Moviéndose continuamente por el escenario y atacando guitarra acústica o distorsionada, piano, sintetizador o trompeta, según le iba dictando la intuición, Benjamin Biolay jugaba en la selección invitada de este mundial que es La Mar de Músicas. Y, cual Henry o Zidane, dejó las cosas claras acerca de quién imprime el ritmo en su equipo. El ritmo de la seducción.

BENJAMIN BIOLAY (La Mar de Músicas 2008)
Invitadas: Gesa Hansen y Coralie Clément. Formación: Biolay (voz, guitarras, piano, trompeta, sintetizador, bajo, theremin), Philippe Almosnino (guitarra), Nicolas Fiszman (bajo), Marc Chaouarain (teclados, sampler) y Denis Benarrosh (batería). Lugar: Patio de Armas, 23 de julio. Calificación: Muy bueno.

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