Cartagena en el corazón

Jam Albarracín | 21.05.2012 - 10:41 | Críticas

Germán DíazComo no podía ser de otro modo, la música adquirió papel relevante en una populosa Noche de los Museos que vistió a Cartagena con los mil colores del arte y la cultura. Música sinfónica, música experimental, música popular. Músicas en calles y plazas, en galerías y museos, en garitos y castillos. Música para bendecir armónicamente una noche  tocada por la magia. De entre las diversas propuestas acústicas brilló de modo singular el 'Método cardiofónico' de Germán Díaz en el Castillo de la Concepción.

En la alcazaba medieval la zanfona, un instrumento medieval de cuerda, teclado y manubrio, llevó timón de una travesía sonora tan sugerente y aventurada como extraordinaria. El timón que no el ritmo, marcado directamente por el corazón. No es una licencia poética: su padre médico le regaló a Germán una cartera con discos de pizarra en los que el profesor Iriarte había registrado los anómalos latidos de diversas cardiopatías.

Sobre ellos, Díaz construye armonías con instrumentos mecánicos de manivela -una escueta caja de música, un esquivo por el viento órgano de barbaria- con los que construye loops -no en todos los temas- y sobre los que a su vez la zanfona impone sus evocadores lamentos de épocas remotas.

Ahí suenan, ajenas al prosaico mundo actual, 'Como un tren hacia una estrella', basada en una de las cartas a Theo de Van Gogh, el aire sefardí 'Nubes lloran por lluvia', un nervioso tango de corazón (muy) roto, una feliz adaptación de 'La topolino amaranto' de Paolo Conte, y hasta una cardiocanción dedicada a los nimboestratos, coreografiada por una banda de gaviotas espontáneas. Brillante, original, freak, adorable.

Una cantata de Haendel, una marcha militar y dos bossanovas más tarde, me travestí de Leo Messi para sortear la enorme cola y así poder entrar a uno de los regugios aéreos para contemplar un fragmento del 'Concierto de campanas, voz y máquina de coser' del hombre que más rendimiento le ha sacado en este país a la campana después de Elgorriaga, Llorenç Barber. Acompañado de Montserrat Palacios y tan exótico como de costumbre. Mientras, Malagüero daba cuenta ante numeroso público de su buen folk en la Plaza del Ayuntamiento, frente a un atestado -qué gusto, oiga- Museo del Teatro Romano.

El concierto de cierre, en la explanada del ARQUA, corrió a cargo de Fuel Fandango, un grupo cada vez más consolidado también fuera de nuestro país y cuyo directo fue una especie de continuo 'in crescendo', comenzando con sus temas más cimbreables y extasiantes -los mejores- para ir tiñendo de soul una propuesta que acabó en puro baile de bombo fijo. Cada vez con menos acento de copla, lo que se agradece, Nita y Ale Acosta pusieron adecuado broche a una extensa gran velada. Cómo me gustas así, Cartagena.

 

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