Diana Krall (crítica)

Jam Albarracín | 30.07.2008 - 14:43 | Críticas

Pedro Teruel capta a Diana Krall deteniendo el tiempo en EspireliaALGO EXQUISITO

Ser guapa, rubia y exitosa es algo que los críticos, que a veces somos 'asín', con ene, no estamos dispuestos a aceptar. Hay que buscar una falla, será buena pero no tanto. Seguro que Diana Krall no pensaba en esto cuando salió al bello escenario de la Fortaleza del Sol para clausurar Espirelia, pero por si acaso a la primera nos soltó un knock-out en clave jazz swing que fijó y limpió. A continuación, dejó fluir su garganta y completó el esplendor. Hasta los halcones de la Torre Alfonsina aplaudieron asombrados.

Magníficamente acompañada por John Clayton y Jeff Hamilton -a diferencia de en otras ciudades, en Lorca se presentó en formato trío-, Diana Krall ofreció un concierto impecable, de alta calidad y elegancia, con momentos ciertamente sublimes y con, básicamente, dos líneas de actuación.

De un lado el bop-swing de inspiración clásica -con sus pertinentes espacios para la improvisación y los solos magistrales y muy, muy jazzies- y de otro, ese jazz vocal plasmado en canciones de cocción lenta (torch songs), ligeramente orientadas al pop y en las que Krall brilla hasta cegar con su voz naturalmente pura.

No es smooth-jazz, sus canciones no están satinadas ni muestran restos de almíbar. Suenan tan reales como la misma seducción y cuando se lanza por Cole Porter (I’ve got you under my skin), por el original de Gershwin 'S wonderful o por su admirado Nat King Cole (I’ll string along with you, entre otras), la sensación es tan exquisita que dan ganas de sonreír, de llorar, no sé, de algo que consiga atrapar esa sensación y hacerla perdurable.  

Especialmente destacable es su capacidad para manejar la intensidad de estas canciones más formalmente -que no emocionalmente- sosegadas. Hay instantes en que da la sensación de que si otorgara un gramo más de peso al silencio, si bajara aún más la sensibilidad del tecleo, la canción se caería. Y al final es cierto que cae, pero en el corazón del espectador. El clásico de Arlen/Koehler Let’s fall in love es una buena muestra que aúna esta sensibilidad vocal con el latido del jazz y los momentos para la improvisación que no deben faltar y no faltan.

Diana Krall es una gran pianista, una magnífica vocalista y una notable líder. La naturalidad emana de su discurso con esa fluidez propia de los mejores. Me gusta además esa mezcla de ligera frialdad mientras interpreta y aproximada amabilidad mientras conversa con el público. Y vale, es alta, guapa, tiene unos niños adorables, los ojos verdes y el marido que te dije. Bueno, pues así da mejor en la foto, pero es su sólido talento artístico lo que enamora.

Ni Espirelia, ni nuestro impresionante julio musical murciano -en otras comunidades lucen su gran festival, nosotros tenemos tres: saquemos pecho- merecían una despedida de menor calado. Gracias, Diana. Gracias, música. Fíjense que ni siquiera he escrito que era 'el concierto de La Verdad'.


DIANA KRALL (Espirelia)
Formación: Diana Krall (voz, piano), John Clayton (contrabajo) y Jeff Hamilton (batería). Lugar: Fortaleza del Sol, 27 de julio. Calificación: Muy bueno.

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