Lorca Rock: Pase lo que pase

Rafa Llorente-Berreiros | 05.08.2008 - 03:00 | Críticas

Apocalyptica ofreció el mejor directo del Lorca Rock 08La organización del Lorca Rock tiene suerte de dedicarse a promover festivales y no veladas circenses. De lo contrario, este año les hubiesen crecido los enanos casi con toda seguridad. Testament, Thin Lizzy, Opeth y para terminar con la lista de imprevistos, a escasas horas del comienzo del festival, se daba a conocer la última ausencia para esta edición: WASP. Muchos fueron los que se enteraron allí mismo de que Blackie y los suyos no estarían en la nómina de bandas del primer día del Lorca Rock 2008. Se anunció desde el escenario, y sin embargo nadie protestó.


No se escuchó un murmullo de desaprobación, a pesar de que los americanos eran pieza fundamental del cartel lorquino. No es que diera igual, pero tal circunstancia no hizo más que atestiguar algo tan incunable como esperanzador, y es que Lorca Rock ha conseguido fidelizar a un gran sector de público, que acude infaltable a su cita veraniega. Van al sol, al sofoco, a los sabrosos bocadillos de panceta, a la salvadora cerveza... pero sobre todo a divertirse en paz de la compañía de otros cinco mil incondicionales que saben disfrutar de cada minuto del evento, con la sensación de que Lorca Rock no engaña, es lo que es, con ese tranquilizador halo de confianza familiar que lo rodea.

Por eso, cuando Marcos Rubio, cabeza visible de la organización, saltó a las tablas a anunciar que uno de los grupos importantes no acudiría a su cita, nadie abucheó. Todos simplemente pensamos que si así era no sería por falta de seriedad o pasión, que de eso Lorca Rock va sobrado. Fieles, y leales. La audiencia acude a su encuentro anual con el Rock de alto octanaje. Como los buenos aficionados al Real Betis Balompié: “soy del Lorca Rock  man’que pierda”.
Primer Contacto

De sorprendente expectación se podría tachar la respuesta de la concurrencia para con los inauguradores del evento. Amon Amarth congregaron a una nada desdeñable cantidad de jóvenes apasionados, que correspondieron al grupo con amplias muestras de cariño y admiración. Ataviados con camisetas de la banda, vistiendo los chicos faldas nórdicas, la parroquia mostró a sus héroes su empatía e identificación. Los suecos movían sus cabezas en círculo, mientras machacaban sus instrumentos convulsionados por su death melódico de cristalino sonido y aprovechaban los descansos entre canción y canción para bañar su pecho en cerveza. Un aquelarre casi primitivo, de inequívoca conexión artista-fan.
Fue un comienzo con todas las de la ley. Puesto a enfriar cuando los sustitutos de WASP, Avalanch pisaban el escenario, entre sorprendentes vítores del público que parecía no ver con malos ojos su súbita aparición. Pero ya sea porque no estaban preparados para enfrentarse repentinamente a una actuación de estas características, ya sea por motivos técnicos, los cierto es que el grupo de Alberto Rionda se mostró desdibujado durante todo su show. Su hercúleo esfuerzo por mantener el pulso se perdió entre un amasijo de watios ininteligibles, que hacían que las matizadas composiciones del grupo se desviaran de su propia esencia. Ni si quiera “Xana” pudo levantar el vuelo.

Fue una lástima, aunque teniendo a una banda como Helloween dispuesta a tomar el relevo, todo se hacía mucho más fácil. La maquinaria alemana se puso a funcionar desde el principio, sin dar lugar a la especulación. Habían venido a agradar, con un repertorio desacomplejadamente anclado en sus discos de mayor calado. Se permitieron el lujo de abrir con la extensa suite “Halloween” para deleite de sus más, pero también de sus menos allegados. “A Tale That Wasn’t Right” templó las aguas de lo conceptual y el happy metal que los hizo grandes afloró luego con “Dr, Stein”. La actual “As Long As I Fall” probó ser tan buen single como apropiada festivalera. El cantante Andi Deris nos felicitaba por la reciente Eurocopa de fútbol, en el tono afable que le caracteriza. Sin embargo no le podemos perdonar que a estas alturas se le sigan atragantando las infaltables “Future World” o “I Want Out” con las que se despidieron.

DESLUMBRANTE APOCALIPSIS    
Nadie se movió. Detrás de mí alguien sentenciaba con rotundidad: “yo he venido a ver a Apocalyptica”. No era el único. La expectación se podía mascar en el ambiente. Ambiente oscuro. Grave. Aún más cuando delante de nuestros ojos se contemplaban las tétricas figuras de cuatro butacas con forma de chelo, con cadavéricos ojos tallados. Tenebroso, amenazador y magnético. Salieron sin decir nada. Ocuparon sus lúgubres asientos. La batería (único instrumento convencional) separaba a los cuatro chelistas en grupos de dos. Se miraron. Respiraron profundamente, y como alma que lleva el diablo iniciaron una desenfrenada carrera hacia sonoridades inexpugnables.

El cover del clásico de Sepultura “Chaos AD” fue el elegido para comenzar la danza. Un baile hipnótico en el que todos nos sumimos gradualmente, atraídos por la brutal intensidad musical que emanaba del escenario. Eicca Toppinen y Perttu Kivilaakso se movían como auténticos posesos, manejando sus aparatosos instrumentos con la agilidad del que mueve una bandurria. Corrían, desplantaban al público y giraban sus cabezas y sus largas melenas como maníacos fuera de sí. Muy heavy. Tanto en temas propios a lo “Grace”, como en versiones brutales como la del belicoso “Seek And Destroy” de Metallica. Sin respiro. Solo había tiempo para experimentar agudas sensaciones. Por favor, si es posible que toquen en mi funeral.

CLASICISMO Y PIROTECNIA
En la segunda jornada el Lorca Rock se pareció más a sí mismo. La hora de salida, la habitual, rondando el mediodía y con la presencia inmisericorde del astro rey como centro de todas las conversaciones. En esas estábamos cuando Angelus Apatrida salieron a escena, a presentar sus credenciales como presente del thrash nacional. Lo dieron todo, se vaciaron completamente. Con la actitud y la contundencia que se les supone. Dando la sensación de banda que está aquí para quedarse.

No mucho mejor lo tuvieron los vikingos Turisas para negociar con las altas temperaturas. Hay que creer mucho en lo que haces para salir a escena a cuarenta grados, y cubierto de pieles de la cabeza a los pies. No se deshicieron de ellas en ningún momento. Derrocharon simpatía, himnos de marcial metal, cruzado con la diversión proveniente de la presencia de instrumentos como el acordeón o el violín. Toda una fiesta bárbara, para desgañitarse con “Battle Metal” y bailar alocadamente la aguerrida versión del “Rasputin” de Boney M.

Acaso demasiada fiesta guerrera, debió de pensar el bueno de Mike Tramp, cuando salió a presentar a sus juvenilmente renovados White Lion. No se sintieron cómodos en mitad de un festival que creyeron estilísticamente demasiado duro para ellos. Pero Mike estaba equivocado, porque White Lion deben tener sitio en cualquier certamen que demande gusto y solidez escénica. Pasaron  casi de puntillas, y cuando fueron conscientes de su realidad, ya nos habían dejado revisiones tímidas de temazos como “Hungry” o “Little Fighter”. Presentaron “Dreams” y “Sangre de Cristo” de su reciente nuevo disco para compararse con los clásicos, con los que no perdieron. Cuando acometieron el vital final con “Radar Love”, histórica de Golden Earring, debieron de pensar que Lorca quizás sí que era su sitio.

Esos problemas de 'ubicación psicológica' desde luego que no atenazan a una institución rockera como Michael Schenker. Flanqueado por una formación de lujo, con el glorioso vocalista Gary Barden a la cabeza, Schenker piso el escenario, como si viniese directamente de haber pasado la mañana en alguna playa cercana. Gorra, gafas de sol, polo y pantalones piratas de colores llamativos no parecen el mejor envoltorio para un insigne como el guitarrista alemán. A él le da igual. Pero no deja de resultar chocante observarlo de esa guisa. En plena veteranía, vale, pero después de haber sido uno de las imágenes más icónicas y pintonas del hard rock.

Su tradicional guitarra, Gibson Flying V no faltó a la cita, y sí formó parte del atrezzo. De ella arrancaron los riffs más inspirados de todo el festival: “Cry For The Nations”, “Armed And Ready” o “Are You Ready To Rock” sentaron cátedra a cerca de cómo construir canciones geniales, de manera natural y sin necesidad de mayores pretensiones. Justo como en los viejos tiempos. Barden sacó un aprobado justo, pero supo jugar con las limitaciones de la edad, mientras Michael salió de su autismo, para marcarse brillantemente la inconmensurable instrumental “Into The Arena”. Con anterioridad habían presentado la comercial “A Night To Remember” de su notable último trabajo. Hard Rock de alta escuela.

LA BELLA Y LAS BESTIAS
Porque más bestias que Lordi no se puede ser. Y no me refiero a su música, que tiene más que ver con el Alice Cooper de los ochenta, o incluso los Kiss de aquella época, que con ninguna propuesta extrema. Pero es que los de sus máscaras y disfraces es del todo espectacular. Su show fue el habitual: poses de monstruo de buen corazón, fuegos artificiales por doquier, interpretaciones escénicas, como cuando en “Devil Is A Loser” el propio Lordi despliega unas alas camufladas a su espalda a modo de capa. La fiesta del horror, o el circo del Rock’N’Roll entendido como fenómeno visual de apreciable éxito en media Europa, con la celebración de “Hard Rock Hallelujah” como final de fiesta. Fiesta en el sentido estricto de la palabra.

Supongo que la presión de Nightwish y sus pretensiones eran completamente diferentes. Aunque no por ello renunciaron a la pirotecnia de los fuegos de artificio. Vinieron como banda de mayor peso del festival, y a fe que ejercieron como tales. Se creyeron grandes, sin duda la antesala para serlo, y presentaron en el sureste español a su nueva cantante Anette Olzon sin ningún tipo de complejos. Tanto es así que basaron mucho más su repertorio, en las elegidas del último “Dark Passion Play” que en ningún otro álbum de su acreditada discografía. “By By Beautiful” lo dejó claro desde el principio.

No habían venido a pedir perdón por apostar por una nueva formación, ni a atajar por los vericuetos del compromiso no adquirido con sus fans. Ellos lo agradecieron, y sucumbieron ante esa mezcla de grandilocuencia y comercialidad de “Amaranth”. La Olzon vestía un, cuando menos curioso, modelo estilo mitad Heidi mitad can-can, mientras brincaba con aparente felicidad y total desparpajo. Atrás quedan los tiempos de la magnanimidad y de la actitud épica. En “The Poet And The Pendulum” la vocalista sueca parecía debatirse para flotar en una intensa tormenta de grandilocuencia, esgrimiendo como única arma su ingenua perfección. Peleó para sacar adelante un número como “Wishmaster”, y redondearon las más asequibles “Nemo” o “Wish I Had An Angel”. Sonido bombástico, talante de grandeza. Es otro camino para Nightwish, y da la sensación de que solo conduce al éxito.

ADIÓS 
Después de dos días de intenso festival, todavía fue una mayoría los que se quedaron a observar a unos WarCry felices y cómodos sobre el gran escenario lorquino. Pegando con “El Anticristo” o celebrando con “Ulises”, los asturianos pusieron una acertada rúbrica final al Lorca Rock 2008. Atrás horas y horas de música, puntualidad y cómoda convivencia. Eran casi cinco mil, y por todo ello el año que viene, muchos de ellos volverán.

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