Lemon Pop (crítica)

Jam Albarracín | 07.09.2008 - 17:04 | Críticas

Alan Mair (i) y Peter Perrett en el Murcia Parque (foto: Juan Leal)Y EL LIMÓN SE HIZO ROCKERO

Media entrada en el Murcia Parque y buen programa en la primera velada importante de la decimotercera edición del Lemon Pop, el festival calificado por la organización como filopoppie que sin embargo, y sin que sirva de precedente, por una noche se convirtió en Lemon Rock. El público fue el gran beneficiado.

Tras las actuaciones de los murcianos Vacaciones y el refrescante power-pop de los barceloneses Suzy & Los Quattro, llegó el turno de Triángulo de Amor Bizarro (TAB), ya con algunos espectadores en el recinto. La del trío coruñés, convertido en una de las revelaciones del panorama nacional el pasado 2007, es una propuesta tan estimulante y agresiva como convincente en vivo. De sonido áspero y chirriante y actitud poco domesticada, como ya pudimos comprobar en el pasado Murciasound, TAB ofrece una suerte de caos controlado que conecta con el punk por el lado de la suciedad y la energía. Percusiones obsesivas y guitarras con robín.

Menos apabullante, pero mucho más doliente, fue la actuación de The Only Ones, banda de corta vida en la época del punk que hace un par de años regresó a los escenarios con su formación inmaculada. Su líder, Peter Perrett, ofrece una imagen inquietante, a medio camino entre Antonio Vega y un Johnny Thunders recién salido de la tumba, lo que si cabe aumenta el factor emocional de un espectáculo que fue disfrutado sólo por unos pocos, entre los que me incluyo.

Punk y decadencia

The Only Ones
siempre representó el lado más decadente del punk -su conexión es con Television antes que con los Clash-, con sus canciones sobre muerte, drogas y frustración, esgrimidas con esa voz nasalizada y un tanto loureediana de Perrett. Hoy suenan bien y, aunque quizá les falte un poco de tres-en-uno, escuchar "Lovers of today" -en el inicio-, "Me and my shadow" o la despedida con "Flaming torch" mereció la pena. Mención especial, como no podía ser de otro modo, para su emocionante interpretación de "Another girl, another planet", una de las mejores canciones del rock de los setenta. Cuando se marchan me queda una sensación contradictoria, no exenta de cierta tristeza de fondo.

Los franceses Expérience, ahora reducidos a trío, se despidieron con "La révolution ne sera pas télévisée", su personal adaptación del tema de Gil Scott-Heron. Lo hicieron sólo con batería, bajo y voz, pero aquello sonó tan intenso como si hubiera un ejército de trompetas. Y es que precisamente es la intensidad la cualidad más definitoria de la propuesta del grupo encabezado por Michel Cloup.

Su música es impactante, arriesgada y, por encima de todo, intensa. Una vuelta de tuerca más al concepto del rock, en donde los textos de las canciones, a menudo rapeados o recitados, aportan un plus que aquí inevitablemente se difumina en directo. Da igual, con guitarras, programaciones o melódicas distorsionadas, además de un considerable punch vocal, logran una victoria holgada.

El cierre corrió a cargo de los también galos Koacha, grupo de pop bailable con unas cuantas melodías resultonas, que no acabó de convencer. La actitud un tanto payasita de su cantante y, especialmente, el hecho de tocar después de un grupo tan poderoso como Expérience, restó impacto a su oferta y facilitó la salida escalonada del público.

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