Doherty 5 Duffy 0 (Crítica SOS4.8, primera jornada)

Jam Albarracín | 04.05.2009 - 14:46 | Críticas

Pete Doherty en el SOS4.8 (Foto: Enrique Martínez-Bueso)A la hora de escribir estas líneas aún estaba por disputarse el Madrid – Barça, pero ya conocíamos el resultado del primer partido del SOS4.8: Pete Doherty 5 Duffy 0. La manita alude a los méritos del primero -una auténtica estrella de magnetismo real, que se mueve a golpes de inspiración y de actitud coherente con su propuesta- como a los deméritos de la segunda, esto sí, también coherente en su actitud de madre cantando canciones de madre. Su éxito comercial sólo demuestra que el mainstream británico puede ser tan hortera como el español. Será la globalización.


La primera jornada de la segunda edición del SOS4.8 transcurrió agradable y con menos incomodidades de las habituales en este tipo de eventos masivos. Hablaré de ello mañana, aunque es hoy cuando procede señalar que lo de los conciertos de aforo limitado -PJ Harvey & John Parish, el viernes-, no resulta una buena idea. La intención sí lo es, pero las dificultades de realización, el riesgo y el malestar que finalmente generan, los convierte en poco aconsejables.

En cualquier caso, el de PJ Harvey & John Parish fue un magnífico concierto que también podía disfrutarse fuera del Auditorio gracias a la pantalla gigante que emitía las imágenes en tiempo real con un audio de buena calidad. El concierto, basado en su aún humeante álbum conjunto A woman a man walked by, se abrió con Black hearted love, magnífica canción al tiempo que bastante significativa del contenido general. Con Harvey & Parish la electricidad es un componente siempre presente, aunque más de un modo latente -la adviertes, está ahí y a veces sus descargas recorren tu espina dorsal- que evidente.

Tocada con un horroroso vestido blanco largo (¡Polly Jean!) y arropada por una banda de sonido, actitud y estética notoriamente neoyorkinas -chaquetas grises, sobriedad, sombreros de ala estrecha-, el primer directo del SOS4.8 resultó un concierto con cambios de intensidad -cuando Parish cambiaba su guitarra con el símbolo de la paz por un maléfico banjo con delay y nos transportaba a los desiertos de Paris, Texas-, razonablemente vanguardista y de gran calidad.

Acabo de mentir un poquito, pues antes que Harvey & Parish la serie del viernes se abrió en el escenario Radio 3 con El Estudiante Larry, banda murciana de gran talento y futuro -Larry Sandoval no sólo es un compositor notable sino también prolífico- y simultáneamente al de PJ & John tuvo lugar el de los también murcianos Klaus & Kinski, revelación nacional gracias a su debut-álbum y que justo presentaban su nuevo EP, Por qué no me das tu dinero.

Maxïmo Park estrenó el escenario Estrella Levante con un directo aceptable pero nada memorable. Tienen unas cuantas canciones interesantes -Girls who play guitars entre ellas-, las esgrimen bien en vivo y Paul Smith no es mal frontman, pero acaso debido a la temprana hora, lo cierto es que no llegó a conectar demasiado con el público. Bien, supongo. No me acuerdo.

Tampoco pasará a la posteridad, y sin embargo también fue un buen show el de Those Dancing Days. Indiepop colorista y con más garra de lo que hacía sospechar su único álbum, In our space hero suits. Linnea Jönson es una buena cantante, las chicas pintan bien instrumentalmente y quizá si moderasen la sempiterna presencia de ese teclado tan de caramelo-con-burbujitas el asunto mejoraría. Bueno, son suecas y ya sabemos que allí atan los perros con longanizas de chuches, así que las peras y el olmo. Bien en todo caso, eh.


¿OPERACIÓN TRIUNFO?

Cae la noche y se acercan los conciertos estelares. Mientras aguardo mi zarangollo deluxe en una barra, los bafles escupen canciones soul-pop de la Motown interpretadas por aspirantes de Operación Triunfo. Qué mal gusto, pienso. Hasta que me apercibo de que la figura rígida que sin duda será vapuleada por Risto Megide no es otra que Duffy, la súper triunfadora del súper mainstream británico.

Con una ausencia de naturalidad impropia hasta en una novata, la rubia de Gales va esgrimiendo las canciones de Rockferry acompañada por una banda solvente pero igualmente encorsetada. ¡Ni siquiera su voz -su supuesto gran valor- resulta melodiosa o agradable! ¡Alguien puso algo en mi bebida! De pronto el adolescente que hay en mí le dice: 'mamá Duffy, ¿puedo ir a jugar a casa de Pedrito? Vale, pero no llegues tarde que he preparado croquetas'. Después, el güertanico que hay en mí hace acto de presencia y le espeta: 'acha, no grites tanto que se te oye'. En fin, algunas de las canciones que Bernard Butler le ha diseñado son lindas y eso, pero… pulgar hacia abajo.

Y pulgar hacia arriba, y de qué modo, para Pete Doherty y sus Babyshambles. Quizás ayudara mi falta de expectativas, pero lo cierto es que los ingleses se marcaron un notable concierto, con algunos momentos memorables. Abrieron con Carry on up the morning y desde el primer minuto se vio a Doherty cómodo en su rol protagonista. Como las auténticas estrellas, no parece necesitar preparación, tan sólo dejarse llevar por sus impulsos, por la inspiración del momento, por lo que le va sugiriendo cada canción y situación. Atrae las miradas, enciende los ánimos sin tirar de recursos tópicos y una sensación de 'vivir el momento' se apodera totalmente de la situación. No sabes -ni él tampoco- qué va a hacer a continuación, pero intuyes que va a pasar algo. Atención.

Da igual si una estrofa no la ataca correctamente porque de sus labios cuelga un cigarrillo, si la guitarra podría estar mejor afinada o si se toman una pausa para decidir el repertorio, como harían las dos bandas cuya influencia es más notoria en Babyshambles: The Jam y The Clash. Momento álgido: Delivery. Hacia el tercer cuarto el show baja, no parece que vaya a remontar, pero entonces se arrancan por Fuck forever, el público enloquece y a Doherty se le va la pinza y se lanza al público de modo espontáneo. Grande. Pete, creemos en ti.


LA FIN DEL MUNDO

The Prodigy salió a escena, empezaron a sonar sus breakbeats ultra contundentes entre un diseño escénico apocalíptico, heavy techno, house macarra. Contundencia, sonido impecable. Keith Flint me asusta un poco, Maxim directamente me da miedo. No cabe duda, esto es el fin del mundo. Y ni me ha dado tiempo a estrenar mi camisa nueva, no es justo. Pero ni es justo, ni tampoco real, sólo una animación para una peli con muchos efectos especiales y muchas nomenclaturas con números tipo 3D, 2.0 y cosas así.

Así que claro que bailo con Warrior's dance y con sus viejos hits Breathe y Firestarter -o bailas o la tierra estalla a tu alrededor, lo exige el productor-, pero me empiezo a aburrir con tanto accesorio y me largo a ver a Peaches y su tecnoglam a medio camino entre Suzy Quatro, el techno alemán y Las Arañas de Marte revisited 3.0. Y me lo paso bomba porque esta provocación me resulta mucho más divertida, atractiva y creíble. El concierto que completó el póker estelar de la primera jornada del SOS4.8, junto con los citados Babyshambles, PJ Harvey & John Parish y los gallego-barceloneses CatPeople. A quienes sólo pude disfrutar 15 minutos -coincidencia con los Doherty Boys- pero cuyo pop oscuro suena excelentemente argumentado en la voz de Adrián PD. De lo mejor del pop español actual.

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