'La diosa de la armonía' (crítica Antony and the Johnsons)

Jam Albarracín | 09.05.2009 - 12:45 | Críticas

Antony a media luz durante su concierto en Murcia (Foto: G. Carrión)Un concierto extraordinario ofrecido por un artista extraordinario, y entiéndase el adjetivo en su doble acepción de magnificencia y de absolutamente fuera de lo común. Antony Hegarty, el gran talento musical de esta década junto a Rufus Wainwright, es un molde tan único que ni siquiera admite imitación. Y además es un radical.

Paraba en Murcia el inglés de Nueva York para presentar The crying light, en una de sus tres únicas escalas españolas -tras la presentación el pasado mes de abril en Barcelona- y como cabía esperar la experiencia resultó estremecedora. En su nuevo álbum Antony muestra menos zozobra existencial, hay menos lamentos sobre su identidad sexual, incluso menos strip-tease emocional, a cambio de un mayor componente de paz interior y luminosidad fraternal. Antony es ahora la Diosa de la Armonía. Sigue sobrecogiendo igual.

Apelaba a su radicalidad en el sentido de que todo en su música es extremo: la poderosa mezcla entre ternura y turbación, el hechizo de su canto improbable, la sobredosis de delicadeza, la poesía que desprende cada fraseo, cada gesto, la mística que lo envuelve. Y, por supuesto, un ramillete de composiciones de calidad igualmente abrumadora. Cualquier comparación, citar a ésta o aquél hoy día para fijar su propuesta, es un ejercicio de torpeza. Antony sólo se parece a sí mismo. Ni siquiera es factible imaginarse a nadie cantando estas canciones: serían otras.


KISS MY NAME

El show se abrió con una interpretación a cargo de una bailarina de danza japonesa butoh -supongo, no estoy muy al tanto de la evolución de la danza japonesa butoh-, bella pero excesivamente larga. Es de ahí de donde surge la inspiración conceptual de su último álbum, de esa aura de luz que llora que hábilmente le envolvió mientras cantaba en pie la canción titular (The crying light) iluminado por un único foco blanco. Por cierto, si casi cerrabas los ojos mirando a la luz, lo que se veía era el extraño dibujo del fondo de escenario.

Todo el concierto fue soberbio, sin altibajos, brillantemente acompañado por una banda nutrida y versátil. Tras la extraña apertura en clave rock de Where is my power, la serie inicial con Her eyes are underneath the ground, Epilepsy is dancing, One dove, For today I am a boy y Kiss my name, fue directamente de las de sentirse un privilegiado. La belleza existe y la estoy degustando en estado puro.

Porque ésa es otra: buena parte de las canciones del líder de los Johnsons son un ejemplo de la misma esencialidad de la música. Another world es una notoria muestra: no se puede reducir más, no se puede mejorar. Y al mismo tiempo no se puede transmitir mayor sensación de plenitud y grandeza. ¿Cómo lo hace?

Fist full of love, el enorme blues vudú pata de gallo de Shake the devil -con rápida presentación de los componentes de la banda- y el adiós en el bis con Hope there's someone fueron otros momentos de gloria de un concierto de continua emoción a flor de piel. Antony es poder y desamparo. Su timidez exhibicionista volvió a erizarnos el corazón.


ANTONY AND THE JOHNSONS
Formación: Antony Hegarty (voz, piano), Robert Christopher Moose (violín y guitarra), Julia Anne Laurence (violoncello), Maxim Moston (violín), Jeffrey Dennos Langston (bajo), Parker Kindred (batería, voces) y Douglas Joel W. (guitarra, metales). Lugar: Auditorio Víctor Villegas, 7 de mayo de 2009. Calificación: Excelente.

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