Pizzería fina (Crítica "Mamma Mia!")

Jam Albarracín | 24.10.2009 - 10:46 | Críticas

"Mamma mia!", el musical de los recordsEl musical de los records, el de las recaudaciones millonarias, el de los trajes de 6.000 euros, el espectáculo convertido en hito internacional, por fin se estrenó en Murcia, dentro de la Semana Grande de Cajamurcia. Y, aunque la tentación viva arriba, en esa perversa 'azotea' del crítico dispuesto a encontrar la falla en el fuselaje del Titanic, cualquier otra apreciación resultaría injusta: Mamma Mia! es un espectáculo bien diseñado, bien ejecutado y, en definitiva, convincente.


No se le puede pedir mucho más, ni se le debería exigir mucho menos, a un musical. Mamma Mia! recopila todos los ingredientes necesarios para el éxito: es ameno, destila buen humor, discurre con la suficiente fluidez, tiene su punto de drama, es exuberante sin llegar a cargar, emite en positivo.

La adaptación está lograda -incluido el par de gags con guiño local-, la escenografía se advierte ajustada -elegante, sin caer en el exceso ni en la sobriedad-, las coreografías son notables -salvo que Margarita Zielinski diga lo contrario, en ese caso tendría razón ella- y todo ello interpretado por unos cantantes-bailarines-actores que directamente lo bordan. Sólo faltaría que encima la música fuera de Abba. ¿Le buscamos una pega? El sonido es bueno, pero las voces llevan tanta compresión que a veces se quedan un punto por debajo.

La historia es conocida. En una remota isla griega, una jovial chica (Georgina Llauradó, Sophie) criada por su madre (Nina, Donna) va a casarse sin que su desconocido padre biológico la lleve ante el altar, de modo que decide invitar a espaldas de su mamá a los tres candidatos. La madre a su vez invita a sus dos mejores amigas, con las que tuvo un grupo de rock en los setenta, Donna & The Dynamos. Ellas son tres, ellos también. Y cuentan con un repertorio como el de Abba (Dancing Queen, Chiquitita, Mamma Mia, Super Trouper, Honey, Honey) como arsenal. Más madera, es la guerra (del amor).

En Mamma Mia! no hay lugar para grandes sorpresas, pero tampoco el final resulta ser el más previsible. Nina tiene su momento estelar cuando, enredada en tristeza, le canta las cuarenta a David Castedo (Sam). Los personajes de Marta Valverde (Tanya) y Rita Barber (Rosie) son magníficos -divertidísimo el número de ésta con Carles Seguí (Bruno) en Take a chance on me- y el apoteosis final de licra, petardeo y plataformas plateadas sobre Waterloo, Mamma Mia y Dancing Queen redondea la sonrisa de salida. No es haute cuisine -resultaría pretencioso en un musical-, es pizzería, pero de la fina.

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