Chill-out sinfónico [Crítica Air]

Jam Albarracín | 21.01.2010 - 02:58 | Críticas

Air en el Auditorio (Foto: Rafa Francés)Air es un dúo francés que en 1998 hizo un notable álbum de pop etéreo electrónico, Moon Safari, que los encumbró entre la élite cool. Hoy, 12 años más tarde, es una admirada banda de éxito masivo, que vende millones de discos y hace malas canciones. Su concierto en Murcia -junto al previo de Madrid, los dos únicos en España- confirmó la sentencia: para acabar con buen sabor de boca, de los seis últimos temas del concierto cuatro fueron de aquél disco.

No es la única paradoja en torno a la música de Nicolas Godin y un JB Dunckel inmaculadamente vestido de blanco. Sus mejores canciones son aquellas que más se acercan al pop decorativo, una suerte de chill-out orgánico o de lounge-music retrofuturista esgrimida con una buena colección de sintetizadores vintage, con el Rhodes y el Moog en primera línea. Música insustancialmente encantadora, cocktail-listening. Pero, ay, ellos prefieren resultar más trascendentes, tendiendo a derivar hacia pasajes de lamentable sinfonismo rock que ni el peor Vangelis hubiera osado escribir.

Es el caso de Tropical disease y People in the city, épica de primero de solfeo que sin embargo le aporta un plus de majestuosidad al concierto cuando éste, de puro insustancial, amenaza con cambiar martini por soda. Pero entonces, en qué quedamos, ¿Air mola o apesta? Pues ambas cosas y quizá ahí radique su personalidad. Su propuesta pasea por el abismo entre lo exquisito y lo hortera, entre lo cool y lo lamentable, y aunque mete los pies demasiadas veces en el lado bochornoso, al final la sensación que queda es agradable, interesante. Si se analiza aislando las partes, no pasan de curso; si se mira el global, aprueban con cierta solvencia.

Godin y Dunckel, con el apoyo único del baterista de Badly Drawn Boy, Alex Thomas, así como de unas proyecciones de fondo tímidamente psicodélicas, comenzaron el concierto con la apocalíptica Do the joy (“Estamos al borde de nuestra extinción, ante el fin de una era”), aunque las voces permanentemente sintetizadas -y a menudo con vocoder- impiden captar el mensaje. Dos canciones más de su última entrega (So light is her footfall y Love) preceden a un repaso por su discografía, con parada en uno de sus primeros singles, J’ai dormi sous l’eau, borrando del trayecto su penúltimo Pocket symphony y brillando con Highschool lover, de la BSO de Las vírgenes suicidas, y la sensual y atmósferica Cherry Blossom girl.

La recta final, insisto, es premeditadamente ganadora: proyecciones de impactantes imágenes en movimiento y el carro Moon Safari desempolvado y convenientemente tuneado: Talisman, Kelly watch the stars, una versión algo descafeinada de Sexy boy y el tirabuzón final con La femme d’argent cabalgando sobre el buen bajo de Nicolas. El último título es el primero de su primer álbum y el penúltimo, el segundo de su primer álbum. ¿Curiosidad, paradoja o hecho significativo?


Concierto: Air. Formación: Jean-Benoît Dunckel (teclados, voz), Nicolas Godin (bajo, voz, guitarra) y Alex Thomas (batería). Lugar: Auditorio Víctor Villegas, 19 de enero de 2010. Telonera: George Pringle. Calificación: Interesante.


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