El SOS arrasa (primera parte)

Jam Albarracín | 06.05.2008 - 18:22 | Críticas

Cinco letras: éxito. Rotundo y sin paliativos. Cualquier otra valoración acerca de la primera jornada del SOS 4.8 es falsa o malintencionada. Casi todo -y ahora iré con el casi- funcionó bordeando el sobresaliente en el debut de un festival que ha nacido con buena estrella. La que, por otra parte, se infiere del buen criterio. Las reticencias, que las hay y no injustificadas, han de enfocarse hacia la gestión, que no hacia la idea.

Así pues, es indudable que el SOS arrancó con buen pie. Comenzando por la buena programación artística y siguiendo por la notable respuesta del público -cerca de los 10.000 espectadores-, el ambiente que durante todo el día presentó la ciudad, el magnífico escenario -con notable sonido y gran despliegue luminotécnico-, lo apropiado del recinto -cómodo, asfaltado, suficientemente apartado y razonablemente céntrico-, el respeto a los horarios, la agilidad en los cambios de backline del escenario… Los agoreros tendrán que esperar otra ocasión.

Lo mejorable: quizá colocar unas gradas al fondo para mitigar el cansancio sería una buena idea. También agilizar los controles para entrar al recinto, un clásico en los festivales, no por ello menos mejorable. Lo triste: la actitud del staff de monitores hacia Second. El único grupo murciano del cartel merecía, si no cariño, sí al menos el respecto y la profesionalidad que brilló por su ausencia por parte de los técnicos catalanes. Y lo dejo aquí, que si reproduzco alguna frase que escuché de su boca, la liamos. Por lo menos les pusieron un par de focos.
 
BAGGY POP
Que el árbol no distorsione el bosque, que, insisto, resultó frondoso, brillante,  espectacular y con momentos ciertamente soberbios. El sueño de una primera edición hecho realidad. Mientras los artistas del ‘work in progress’ trabajaban en la elaboración en vivo de sus obras, ubicadas en el recinto de la Sala Audio, Second se encargó de romper el hielo despidiendo al crepúsculo. Abrieron con “Tu inocencia intacta” y, aunque se hacía evidente que jugaban con los monitores en contra, fueron capaces de ofrecer un concierto notable, en el que no faltaron títulos como “Invisible” o “Fortune day”, además de estrenar una canción de su próximo álbum, la bailable “Rodamos”. Se despidieron ondeando una bandera del Real Murcia y con una ráfaga del himno que compusieron para su centenario. José Ángel Frutos ofreció la mejor presencia del festival.

Lo de James fue impresionante. El grupo británico encabezado por Tim Booth se ha visto casi obligado a volver a los escenarios a petición de sus seguidores, tras su adiós en 2001. Su flamante nuevo álbum “Hey Ma”, del que interpretaron un buen número de piezas, mantiene un buen nivel, pero es en directo donde la banda crece de manera exponencial. Arropados por incontables paneles de luces de fondo, lo que ayudaba a conferir un aire dramático,  James ofreció un repertorio en el que no faltaron “Seven”, “Born of frustration”, “Sometimes”, su primer gran hit “Shit down”, o “Getting away with it”, siempre con ese tono épico, bailable y ligeramente oscuro propio de la escena baggy de finales de los ochenta. Suenan justo a esa época, no hay avance alguno y sí una poderosa muestra de identidad. Y de solvencia escénica.
 
CLASE Y EMOCIÓN
A continuación llegó el turno de Rufus Wainwright. Un festival no es el mejor lugar para un concierto en solitario, ora apoyado en su piano, ora acompañado de su acústica. Era eso o nada, Rufus no actúa ahora con banda, y además su show fue tan breve que apenas llegó a los 45 minutos. Pero pese a las circunstancias y pese a que parte del público había cenado lengua -con lo bien que se conversa en la barra, tomando una cervecita-, los momentos más mágicos y brillantes estuvieron protagonizados por el canadiense de Nueva York. Es lo que tiene Dios, que si hay que caminar sobre agua, ni sandalias necesita. 

Rufus, camisa de flores y fular amarillo al cuello, se mostró simpático, hizo alusiones “al país con el rey más cool” y bromeó imaginando que le decía ‘por que no te callas’ a Bush y aunque afirmó no tener intención alguna de casarse, aseguró que “si alguna vez lo hago será en España”. “Not ready to love”, “California” y el adiós con “Hallelujah”, de Leonard Cohen, fueron momentos soberbios. Los cuatro minutos de “Going to a town” fueron más emocionantes que todo el resto de festival junto.
 
EL TREN KAISER
Kaiser Chiefs
salieron al escenario como lo hacía el Milan de los noventa. A arrasar. Veinte minutos y dos esguinces de tobillo más tarde, es cierto que empiezan a resultar un tanto repetitivos, pero esa salida en tromba resulta apabullante. Los altavoces empiezan a escupir irónicamente los acordes de “Money for nothing” de Dire Straits e inmediatamente Ricky Wilson suelta: “¿Queréis a los Kaiser Chiefs?” One, two, three, for… Y te atropella un tren. Los Chiefs sacrifican un punto de precisión a cambio de tres de energía y por supuesto esgrimen todos sus hits: “Ruby”, “Nanananana”, la magnífica “Everyday i love you less and less”, “The angry mob”, “Thank you very much” y cuando el asunto empieza a decaer ligeramente, la tremenda “I predict a riot”. Un muy buen directo. El punto rock necesario.

A continuación Fischerspooner ofrecieron una sesión de electro sin contemplaciones. Muy clubber y no exenta de interés, pero excesivamente larga, que me mandó a casa y me hizo ahorrarme a los simpáticos Pinker Tones. Que todavía queda la segunda parte.

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