El dulce sabor de la victoria (SOS 4.8 - segunda parte)

Jam Albarracín | 07.05.2008 - 16:13 | Críticas

El dulce sabor de la victoria. Si la primera jornada de la primera edición del SOS 4.8 dejó las cosas claras en cuanto a la solvencia y oportunidad del festival, a la calidad de su programación y a su aceptación popular, la segunda confirmó y aumentó la goleada: Murcia 5 Agoreros 0. Con semejante resultado, cualquier apelación roza el ridículo. Digitalism ofreció la mejor actuación de la segunda velada del SOS.

Por partes. No pude disfrutar como procedía el apartado Voces. Finalizar a las 4 de la mañana y tener que escribir la pertinente crónica posterior hizo que me perdiera a Simon Critchley, a quien le tenía ganas. Bueno, es lo que tiene el rock’n’roll. La sección de arte, otro plus del festival que conviene mimar y que despertó no poca atención del público, me pareció algo floja. Interesante pero menos poderosa de lo que cabía esperar. A Micha Klein ni se le vio, mientras que el ReacTable de Carles López y la obra de Eugenio Merino me parecieron lo más destacable. El SOS Club cumplió su papel de suministrador de oxígeno electrónico.
 
BIMBA DECEPCIONA
Vamos con los conciertos de la segunda jornada, que no pudieron comenzar peor. The Cabriolets, la banda liderada por Bimba Bosé, fue el gran pufo del festival. A Bimba le faltan tablas, esto es comprensible, pero lo que no es perdonable es la falta de la más mínima actitud. A los 15 minutos vi a dos piedras bostezando. Y es que su soul-funk de academia acabó por aburrir hasta a los propios músicos. Y cuando un grupo se aburre con su propia música… Sólo en la ciudad de Murcia hay no menos de 25 grupos incomparablemente mejores. A aprender de su tío. Pulgar hacia abajo.

A continuación, el otro extremo. Nancys Rubias ofrece un show teatral hasta la exageración, un muestrario con todos los tópicos del rock, comenzado con su adaptación del “Teenage kicks” de los Undertones. Pura pose irreverente y alocada que pierde gran parte de su valor al actuar en playback total. Todo, absolutamente todo, está grabado: bases, bajo, guitarras, teclados y voces. No deja de ser divertido, pero quizá debieran advertirlo: “Hola, somos Nancys Rubias y vamos a hacer una representación en playback”. Bueno, tampoco tiene más. Provocaron las primeras sonrisas y ya.
 
ALASKA SELECCIÓN
Lo de Fangoria es otra cuestión. Cuanto más grande sea el evento, más crece el grupo. Y sobre todo, más brilla Olvido Alaska, auténtica diva del escenario. El grupo perfecto para la zona media de un festival. No pueden encabezarlo pero atraen público, resultan convincentes, aportan fiesta y generan toneladas de vibraciones hedonistas. 

Con el concierto dividido en dos partes -ahora ya no es blanco y negro, sino negro y verde campanilla-, la escena aderezada por dos grandes lámparas colgantes, un Nacho Canut luciendo elegante en lo alto de la escalinata y un Spunky que es toda una garantía de respaldo vocal, Alaska y Fangoria sedujeron a la audiencia con su propuesta voluptuosamente bailable.

Ofrecieron versiones actualizadas de sus canciones, con mayor punch guitarrero, reivindicaron las tallas grandes con la presencia de dos voluminosas trans-vestis y deslizaron una sucesión de hits entre los que no faltaron “Electricistas”, “No sé qué me das”, “Miro la vida pasar”, “Criticar por criticar” y “Ni contigo ni sin ti”. Olvido selección.
 
TECHNO CON ACTITUD
Lo mejor de la velada llegaría a continuación con el soberbio show de Digitalism. El dúo aleman formado por Jens Moelle e Ismail Tuefekci, una de las últimas revelaciones de la escena indietrónica, hace que uno recupere la fe en la música electrónica de calidad. Su propuesta se basa en el techno alemán -hay guiños a Kraftwerk y momentos en que se acercan al krautrock-, en el punk-rock -por sonido pero también por actitud- y, en definitiva, en ofrecer música bailable con espíritu rock. 

Lo de Digitalism no es dance, ni es house, ni progressive, ni tonterías: es puro techno con actitud e inmediatez rock. No es un sonido fácil, ni mucho menos amable, pero sí estimulante y plausible. Me sorprendió su final brusco, como si les cortasen la electricidad a medio de “Pogo”, precisamente su mayor hit, pero en todo caso ya nos lo habían explicado con “Zdarlight”, con “Digitalism in Cairo”, una suerte de deconstrucción en clave techno del “Fire in Cairo” de The Cure, con “I want, i want”, con “Idealistic”… Insultantemente jóvenes, audaces, vitalistas, excitantes y viviendo a tope su interpretación. Digitalisms sí, por supuesto.
 
JEAN-MICHEL JARRE HA VUELTO
Antes de la sesión de Jeff Mills -lo bueno siempre tiene cabida y Mills es un crack, pero pasó tan desapercibido que podría haber pinchado otro DJ y ni darnos cuenta-, llegó la actuación más esperada de la primera edición del SOS 4.8: Ladies and gentleman, The Chemical Brothers. Mucho han cambiado las cosas desde su primera visita a España en 1996. Entonces eran algo parecido a lo que hoy son Digitalism, hoy son algo así como los Jean-Michel Jarre de la electrónica. Ofrecen un espectáculo de altos vuelos, pero queda poco de su pegada de antaño.

Actualmente hay que entender un show de Tom Rowlands y Ed Simons como lo que es: un gran espectáculo visual en el que la música ejerce como mera banda sonora. Entendido así, nada que objetar. Es algo bastante impresionante, muy de contar el domingo en la barbacoa (“buah, los Chemical, no veas tío”). Pero a mí, que por encima de todo me interesa la música, debo reconocer que pasados los espectaculares primeros 15 minutos, me aburrieron soberanamente. Después de haberme sobreexcitado con la sangre fresca de Digitalism, lo de Chemical Brothers me supo a horchata. Agradable pero inocua. Es algo digno de saborear una vez, así que me alegro de haberlo visto, no obstante.

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