Estrella Levante SOS4.8 - Primera jornada [crítica]

Jam Albarracín | 02.05.2010 - 09:31 | Críticas

Franz Ferdinand ofreció un gran concierto en el SOS4.8 [Foto: Nacho García]Hay cosas incontestables: el Barça juega bien, los toros tienen cuernos y el Estrella Levante SOS4.8 es una pasada. Tiempo habrá para las valoraciones globales -escribo tras la primera jornada-, pero si una imagen casi nunca vale más que las palabras, anoche se dio la excepción. Echar un vistazo desde la pequeña grada lateral y ver el recinto inmaculado con más de 30.000 felices almas disfrutando de las variadas opciones ofrecidas por el festival es algo que, nos lo cuentan hace 10 años, y nos partimos. Murcia mola, el SOS4.8 mola y el público llegado desde lugares bien distintos mola: ‘Love is indie air’.


Los conciertos de esta primera jornada del SOS4.8 también molaron, aunque con diferente grado de intensidad, por supuesto. Máxima valoración para quien debía defender su calidad de líder, Franz Ferdinand. La banda escocesa ofreció un magnífico concierto sin fisuras: gran sonido, notable presencia, absoluto dominio escénico por parte de un Alex Kapranos elegante -hay que ver el juego le sacan a las chaquetas en el rock del Reino Unido-, comunicador sin caer en la demagogia fácil, estelar sin recurrir al recurso de la épica y soberbio en la faceta vocal.

Franz Ferdinand demostró por qué es una de las bandas más relevantes del nuevo rock del siglo XXI. Además de un enorme frontman y una convincente puesta en escena, tienen la mejor de las claves: grandes canciones. Tanto en su último álbum -“No you girls” cayó a las primeras de cambio, pero “Turn it on”, “Can’t stop feeling” y “Ulysses” fueron ‘highlights’ de un concierto en permanente tono alto-, como en el primero -gozada colectiva bailar al ritmo de “Jacqueline” y “Tell her tonight”- y en el segundo -“Do you want to”, otro momentazo-. Quizás alargaran el concierto algo más de lo necesario, casi hora y 45 minutos, pero no me voy a quejar de sobredosis de néctar.

Franz Ferdinand ofreció el mejor concierto del primer día y también un concierto muy SOS, en el sentido de que el festival siempre se ha caracterizado por su inclinación hacia las propuestas británicas. Franz Ferdinand supero a Kaiser Chiefs -primera edición- y empató con el árbitro (yo) en contra con Babyshambles -segunda edición-. Pero sólo porque soy fan de Doherty, admito.

Me perdí a Alondra Bentley, quein me confirman que desplegó su encanto habitual, pero no a The Sunday Drivers, que abrío las series en el escenario principal desplegando sus conocidad habilidades. Se trata de una banda que no aporta nada especial pero que todo lo hace bien. Sus directos son un seguro de calidad, siempre suenan bien, Jero Romero es un muy buen vocalista y su indiepop un tanto bucólico y ‘good vibrations’ nunca defrauda. “Do it” y “On my mind” fueron sus momentos más jaleados.

Todo lo contrario que Los Planetas. La banda granadina viene a ser algo así como los Arantxa Sánchez-Vicario del indie: no ofrecen buen tenis pero consiguen títulos. Sin ir más lejos el del iconos del pop-rock independiente nacional. Tampoco parecen caber las medias tintas con ellos, unos creyeron ver a Dios, bastante afirmaron escuchar al demonio. Yo los aprecié bastante purgatorio, pese a la grata sorpresa que supuso escuchar “Rey sombra”, de su primer largo “Super 8” (1994). Invitaron a La Bien Querida (“Cómo te atreves”), recuperaron “Santos que yo te pinté” y “Pesadilla en el parque de atracciones”, para despedir, y en general deambularon entre sus óperas egipcias (glubs) y su ‘flamenquindie’ tirando a soporífero. La apatía escénica es una marca de la casa, nada que objetar, pero lo cierto es que Los Planetas nunca han tenido buen directo y ahora empiezan a no tener tampoco buenas canciones. Su mérito: ser el único grupo que no sonó bien en toda la jornada. Qué grandes.

Claro que me perdí la parte central del concierto, que seguro que fue la buena, porque en el interior del Auditorio en ese momento Tindersticks desplegaba una lección magistral de clase y romanticismo devastador. Stuart Staples es el Leonard Cohen de hoy. “Falling down a mountain” debería de estar prohibida sin antes advertir que alterará emocionalmente al oyente. Necesito aire o me echaré a llorar, maldito crooner.

¿Aire fresco? Un auténtico vendaval, oiga, que es lo que escupía el escenario Jägermeister con los demoledores Crystal Castles. Ethan Kath y Alice Glass se bastan y sobran para acabar con el enemigo. Son un arma química, un misil dance-punk, un bazooka para los estómagos delicados anclados en los noventa. Comenzaron más ambientales y bailables, tirando de vocoder vocal, hasta que Glass decidió declarar la guerra y acabar con el último resquicio de indolencia. “Alice practice” desató las (benditas) hostilidades, “Crimewave” consiguió hacernos mover hasta músculos que desconocíamos poseer y la única pega fue que tras el final de Los Planetas todo el mundo se acercó a su escenario, provocando la única sensación de agobio real de toda la noche. Valió la pena, en cualquier caso. El punk no ha muerto, sólo se ha digitalizado.

Lo contrario de lo que ocurrió con Uffie. Había ganas y esperanzas, viste 22 añitos, sus videoclips destilan erotismo y deseo, tiene a los mismísimos Justice dispuestos a ofrecerle sus bandejas de frutas electrónicas, representa el presente más adorablemente amateur y canciones como “MCs can kiss” puntúan en prometedor. Pero su directo decepciona, la niña no domina la escena, la supuesta seducción se queda en enseñar ‘muslamen’ y la sensación general es de que todavía le faltan dos colacaos. Tiempo tiene de tomarlos y luego pasar a algo más adulto. Pero a día de hoy… no.

Quienes sí convencen, y de qué manera pese a cumplir sólo un año en activo, son los murcianos The Leadings. Su electropop no carece de referentes pero suena a hoy. Abrieron con “Revolution”, apelaron al orgullo de sentirse murcianos -también lo hizo Alondra, algo que jamás había ocurrido en esta comunidad- y con su álbum recién estrenado y por tanto con la mayoría de canciones desconocidas para el público, consiguieron poner a bailar hasta al técnico de sonido. Cuando sus estribillos sean conocidos su techo será el mismo cielo.

Otros que convencieron, y mucho, fueron los londinenses The Horrors. Su directo es impactante, su imagen impresionante y su sonido tan contundente como inquietante. Oscuros, densos, misteriosos, con referencias a The Cure, Teadrop Explodes y Mighty Lemon Drops, pero con una guitarra surgida del mismo garage del infierno. The Horrors demostró ser mucho más que otro grupo basado en la imagen.

Había muchas expectativas para ver a Hot Chip y cabe decir que se cumplieron sólo en parte. Su directo no tiene grietas, suenan muy bien, vocalmente son estupendos, con esos contrastes entre el falsete de Alexis Taylor y la ‘voz de hombre’ de Joe Godard, pero también con la aportación del resto de la banda, hasta cuatro voces al alimón por momentos, pero acaban resultando un tanto monocordes. Melancólicos, un poco deudores de Pet Shop Boys -sin el factor épico- e interesantes, sobre todo cuando despliegan hits como “Over and over” o “I feel better” y “Ready for the floor”, estos dos últimos como despedida.

Después debía actuar Delorean, pero el excesivo retraso -el único en toda la velada-, las colas en el SOS Cabaret y el inevitable cansancio me recomendaron un último baile en el SOS Club y marcharme a casita con una sonrisa en los labios. Y mañana más.


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