"Hecho en Murcia" - SOS4.8 segunda jornada [crítica]

Jam Albarracín | 03.05.2010 - 04:16 | Críticas

En loor de multitudes y de calidadesSalió tan redondo que lo raro es que no nos cayésemos. Ni el ligero retraso en el escenario principal motivado por la lluvia logró evitar que la tercera edición del Estrella Levante SOS4.8 flirtease continuamente con la excelencia. Ideólogos, organizadores, artistas, trabajadores y público merecen sentirse satisfechos. Son sólo tres ediciones pero su crecimiento exponencial hace que su techo esté lejos de vislumbrarse. Ahora que el FIB palidece, el SOS crece.

Una imagen tan elocuente como significativa y finalmente valorable: el último día a última hora -y hablo de las 6 de la madrugada, pues la tormenta vespertina retrasó ligeramente todas las actividades-, el recinto de La Fica estaba a reventar. Nadie quiso perderse ni el último acento de un festival que ha superado hasta las previsiones de los más optimistas.

Las preguntas flotaban en el aire previo. ¿Podría acoger el recinto un aumento de aforo tan significativo? Respuesta: sí. ¿El aumento de aforo sería directamente proporcional a la pérdida de comodidad? No. ¿Repercutirá esto en el sonido, la visibilidad o la accesibilidad? Tampoco. Tras dos días de música, arte, reflexión y ritmo vertiginoso, observar a 35.000 personas en comunión casi litúrgica en la despedida con Fatboy Slim resultó una experiencia apabullante. Y eso que en la recta final del festival lo mejor estuvo en el segundo escenario.

Tanto Chris Cunningham como Addictive TV ofrecen nuevos formatos de directo. Son pioneros, pues los importantes avances tecnológicos de última generación van a hacer que en los próximos años este tipo de shows se popularice. Lo de Cunningham directamente duele, es una experiencia digna de ser vivida pero hace daño. Oscuridad, imágenes de una agresividad al límite, subgraves perversos, sensación claustrofóbica -y eso que las luces de alrededor permitían una vía de escape, no quiero imaginarlo a oscuras-, abstracción electrónica, agresión sensorial. Y magnificencia artística, desde luego. Lo ves en el MOMA y te tiras un mes vacilándole al personal.

La de Addictive TV, en cambio y pese a los puntos en común -la imagen no como (importante) aderezo, sino como esencia, al mismo nivel que el sonido- es una propuesta muy diferente, mucho más refrescante, divertida y bailable. Lo que hace este par de productores británicos es samplear hasta a su… bueno, ya sabes. Unos verdaderos maestros del cut-and-copy-and-synchronize que permite bailar (y visualizar) a Edith Piaf cantando sobre New Order, a éstos remezclando a Franz Ferdinand o a Pelé sacando un electrocórner con rítmica irresistible. ¿Te hubieras imaginado alguna vez bailando una canción de El Gordo y El Flaco? Definitivamente, este es un mundo moderno.


PERFORMANCE METEOROLÓGICO

Ni siquiera la modernidad puede interferir en la meteorología que, caprichosa, quiso realizar su propio performance en forma de tormenta vespertina. La organización actuó con celeridad y sólo afectó en un cierto retraso en los horarios del escenario Estrella Levante. Bien, y en los grandes perjudicados del festival, unos Varry Brava que debían romper el hielo de la segunda jornada, pero se quedaron helados y sin actuación. El año que viene serán de la partida.

A Lidia Damunt -guitarra acústica y pandereta al pie- le perjudicó el sonido de Nada Surf en el otro escenario. Creo que fue la única ocasión en que hubo interferencias en la acústica de ambos escenarios, estratégicamente situados. El trío neoyorkino demostró una vez más que, más allá de modas, la suya es una apuesta por las buenas canciones y la interpretación contundente.

We Are Standard y L.A. ofrecieron los mejores conciertos del Jägermeister. La banda de Guecho encabezada por Deu Txakartegi ofreció su habitual solvencia escénica en clave funk-punk, cerrando con una aclamada “On the floor”. Los mallorquines confirmaron en directo por qué su “Heavenly hell” ha sido uno de los discos de la temporada. L.A. suena a rock americano, a Counting Crows, a veces trazan grueso y otras colorean en tonos bubblegum, pero por encima de todo suenan bien. La curiosidad: su versión en clave grunge de “Wicked game” de Chris Isaac. La certeza: reunieron más público que Mystery Jets en el escenario grande.

Y eso que precisamente Mystery Jets ofreció el segundo mejor concierto de la jornada, sólo superado por el de The Magic Numbers. Una muy grata sorpresa comprobar como su neo-psicodelia pop experimenta sin gaseosa pero también sin perder nunca el poder melódico. Canciones como “Young love” o “Half in love with Elizabeth” -curioso título- solo son momentos álgidos de un muy buen concierto que mantuvo permanentemente un tono cualitativamente elevado. Vamos, que son muy buenos y Blaine Harrison un cantante más que notable.


PARÉNTESIS OCHENTERO

Madness aportó el factor diferencial al SOS4.8. Sigue siendo un buen grupo, con su porte entre irreverente y elegante, presenta un buen espectáculo, con un Suggs -máximo respeto, caballero- en una forma aceptable y cuando tiran de hits, es el acabóse. Pero pese a su inicio con “One step beyond”, como no podía ser de otro modo, y pese a momentazos como “It must be love” y la tremenda “Our house”, la sensación fue la de estar ante un grupo de otra onda, de otro tiempo, de otro público. Fue muy agradable y el concierto estuvo bien, pero fue como una especie de paréntesis, un simpático kit-kat ochentero entre el marasmo indie.

No tan marcada, pero una sensación hasta cierto punto parecida tuve con Orbital. Quizá porque venía de ver el show de Chris Cunningham, una propuesta con un pie en el presente y otra en el futuro, y quizás eso me hizo captar lo de los hermanos Phil y Paul Hartnoll ligeramente anacrónico. Seguramente no lo es, pero su techno amable, ambiental, más apropiado para el cimbreo que para el desenfreno bailable, aunado a unas bonitas visuales de tonos claros y luminosos, me los hizo parecer un tanto inocuos. Ahora las raves pintan con otro trazo, más grueso y cercano al rock, que no al pop. Su directo no carece de calidad, no me malinterpreten, pero dado el nivel qué menos que ponerse exigente.

De Fatboy Slim cabe decir que ejerció como el cierre perfecto. Un momento para la celebración, para darse el placer de comprobar como 35.000 personas pueden comulgar al unísono, para sonreír pensando que esto ha ocurrido en Murcia y ha transcurrido tan óptimamente porque se ha trabajado bien, porque Murcia es una ciudad y la capital de una Comunidad que está en auge, que por primera vez en su historia se siente orgullosa de sí misma -esto ocurre desde hace 10 años no más y quizá me paso-, que ha permanecido dormida en un segundo o tercer plano y que siente que ha llegado su momento y tiene mucho que ofrecer. Musicalmente, lo de Fatboy es techno fácil y resultón, pero en ese momento era lo que procedía.

Me dejo para el final el que entiendo fue el mejor concierto de la segunda jornada del festival, el de The Magic Numbers. Comenzaron con una especie de intro casi bautismal. De acuerdo, ya hemos recibido el espíritu, estamos preparados. Y a partir de ahí fueron soltando un repertorio de magníficas canciones, con grandes armonías vocales que, además, casi nunca resultan evidentes. Su instrumentación tampoco lo es, con continuos giros inesperados que evitan que sus dulces melodías acaben empalagando. El de The Magic Numbers -con algún altibajo intermedio- fue un directo precioso, plagado de comunicación, encanto, espiritualidad, fantasía pop y hasta osaría decir de amor. Y con momentos muy álgidos, como “Love me like you”, “Forever lost” y “Take a chance”.

Poco más. Insisto: ahora que el FIB palidece, el SOS crece. Siempre habrá algún detalle a arreglar -la cobertura de los móviles fallaba, el transporte público es mejorable, el precio de las copas excesivo-, pero mi felicitación efusiva a ideólogos, organizadores, artistas, trabajadores y público por convertir el Estrella Levante SOS4.8 en un magnífico festival. Hecho en Murcia.


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