Mantras del Cáucaso [Crítica Alim Qasimov & Kronos Quartet]

Jam Albarracín | 15.07.2010 - 13:25 | Críticas

David Harrington (i) junto a dos componentes del Kronos Quartet [Foto: Pablo Sánchez]Azerbaiyán, 9.30 PM. La dehesa árida se funde con el desierto mientras algunos arbustos palidecen con abandonada esperanza. Cae la noche al sur del Cáucaso, no hay mucho que hacer al sur del Cáucaso. Algunos musulmanes entonan sus plegarias, las mujeres cubren sus cabezas. El sur del Cáucaso es un lamento y nadie lo entona con tal maestría como Alim Qasimov. En compañía de su ensemble o arropado por los violines en esta ocasión menos intrépidos del Kronos Quartet. A veces los lamentos dejan su huella de identidad. Los lamentos del mugam: exóticos, modales, hipnóticos, duros. Muy duros para el oído occidental.

El del martes en el Patio de Armas fue un concierto inhóspito. La organización lo sabía y por eso sucedió un hecho que jamás había visto en mis muchos años como espectador de conciertos: la velada comenzó con la proyección, en una pantalla colocada ad hoc y a continuación retirada, de un DVD en el que Alim Qasimov y David Harrington, el líder del Kronos, intentaban explicar lo que interpretarían a continuación. Un 'making of' para comprender el 'making in'. Pero aquello sonó demasiado remoto. Exquisito por momentos, virtuoso casi siempre, valorable por su intención cultural y hasta antropológica. Pero remoto, duro y me temo que inevitablemente tedioso. Me alegro de haberlo visto, no lo volvería a ver.

El espectáculo se dividió en tres partes. En la primera Kronos Quartet ofreció su habitual sinfonía de cuerdas disidentes. Harrington, Sherba, Dutt y el violoncello de Jeffrey Zeigler manejan la intensidad armónica como un escultor la arcilla. Hicieron algún primer acercamiento, ligero, a Asia, pero ofrecieron un discurso que varió de texturas y en algún momento evocó las bandas sonoras cinematográficas -en una escena de tensión, sin duda-. No es una exposición fácil, pero sería lo más amable, con diferencia, que escucharíamos durante esa noche.

A continuación el ensemble de Alim Qasimov hizo acto de presencia para marcarse una única pieza de 40 minutos ininterrumpidos de lamentos del desierto, invocaciones al sumo hacedor y plegarias de amor desconsolado. O lo que fuera aquello que uno se llevaba a los sentidos. Sobrecogedora la capacidad vocal de Alim e igualmente la de su hija Fargana Qasimova. Y no menos conmovedora la sonoridad azerí: misteriosa, monótona, narcótica, puro mantra. Ignota, lejana, ensoñadora, espiritual y también somnífera.

El tercio final lo ocupan ambas formaciones pero, salvo algún momento puntual, es el Qasimov Ensemble quien domina, así que la aportación del Kronos en este tramo, que debiera ser el  más esperado, en realidad se aprecia irrelevante. Lo que escuchamos ahora lo hemos oído antes, aderezado por algún violín. Más Caúcaso, más desierto y más lamento.

Un concierto extraño, en definitiva. De gran calidad vocal e instrumental, pero tanto como monótono y desmesuradamente largo. El público se fue marchando, satisfecho pero cansado y acaso aturdido por la sensación de OM general, hasta que el breve bis final apenas lo disfrutó un centenar de espectadores. Un concierto, no obstante, con momentos de gran brillantez.


XVI LA MAR DE MÚSICAS
Concierto: Alim Qasimov Ensemble & Kronos Quartet. Lugar: Patio de Armas de Cartagena, 13 de julio de 2010. Calificación: Inhóspito.


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