La cohérence [Crítica Martha Wainwright]

Jam Albarracín | 21.07.2010 - 05:14 | Críticas

Martha Wainwright cantando a Piaf en Cartagena [Foto: Pablo Sánchez]Adicta a la morfina y a la mala fortuna, la enorme Edith Piaf fue la musa del existencialismo francés en los años 40 y 50. Un París en blanco y negro por cuyas calles campaban soldados y prostitutas, miserables y ladrones. Dos barrios más arriba corrían los negocios y el glamour. Piaf se bebió el champagne de éstos, pero siempre cantó a aquellos. Porque era de donde se sentía. En un alarde de coherencia, Martha Wainwright ofreció en La Mar de Músicas un concierto duro, sin violines ni acordeón, porque se metió en la piel de la verdadera Piaf. Ni sonó 'La vie en rose', ni falta que hizo.

La de Wainwright fue una actuación magnífica precisamente por eso. Porque se centró en las joyas ocultas que ella misma había encontrado buceando en la profunda discografía de Piaf. Porque quiso dar prioridad a la dureza melódica y textual del repertorio de 'La Môme', basando la armonía en el piano y la voz. Y qué gran voz, claro. De amplio registro, frágil o poderosa según demandase el momento. Y qué capacidad de interpretación, vestida de negro, dotando de sobriedad y elegancia unas canciones que no admiten sonrisas.

No admiten sonrisas porque hablan de amor y muerte ('Le brun et le blond', la espeluznante 'Une enfant'), del autoengaño como método de supervivencia ('Non, la vie n'est pas triste'), de soldados y putas con el corazón demasiado grande para un solo hombre ('C'est a hambourg'), del final de la fiesta ('La foule'), de desesperanza ('Adieu mon coeur'), del desamor inevitable ('C'est toujours la même histoire'), del inquietante color de la locura ('Les blouses blanches'), de sueños rotos y amantes que no regresaron ('L'accodéoniste').

Interpretar eso y no salir herido sólo se consigue con gran talento y enorme sensibilidad. Con coherencia y con la credibilidad que Martha supo transmitir sobre las tablas del Patio de Armas de Cartagena. Por si no fuera suficiente, cerró con una canción de su madre ('Tell my sister'), la ex cantante folk Kate McGarrigle, fallecida hace pocos meses. Y en el bis dejó una pequeña muestra de su talento compositivo, 'Bleeding all over you', despidiéndose con el clásico del jazz vocal 'Stormy weather'. La sensación fue la de haber vivido un muy buen concierto. Valiente, razonablemente audaz y de paladar más valorable cuanto más exigente fuera el espectador.

Previamente, la joven Hindi Zahra ofreció un primer plato agradable, poco cohesionado y especiado con blues, rock setentero, semillas magrebíes y hasta gotas de R&B ligero, pero con indudable sabor a pop. Las canciones se aprecian mejores que el directo. Le faltan muchas absentas a la franco-bereber para ofrecer algo que traspase lo meramente cosmético, que es donde por el momento se queda.


XVI LA MAR DE MÚSICAS
Conciertos: Martha Wainwright canta a Edith Piaf / Hindi Zahra. Formación: Martha Wainwright (voz, acústica), Thomas Bartlett (piano), Brad Albetta (contrabajo) y Douglas Wieselman (guitarras, clarinete). Lugar: Patio de Armas, 19 de julio. Calificación: Embriagador / Interesante.


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