La dignidad del Loco
Cuenta que la viuda de Jacques Brel le cedió un poema inédito, lo que constituyó uno de los momentos más emocionalmente intensos de su carrera, y baja al patio de butacas para cantar 'Con elegancia', probablemente la mejor canción de todo el repertorio, esgrimida poco antes del adiós. Loquillo lo había vuelto a hacer. Sin esos himnos rock que tanta gloria le han procurado a lo largo de los años, apenas enredado en poesía, había vuelto a poner en pie un auditorio repleto. Definitivamente, al Loco le sienta bien hacerse mayor.

Las supersticiones son una estupidez, pero nos ponemos primero el calcetín derecho. Así que despedir musicalmente el año con un concierto de M Clan en Murcia solo puede intuir buenas venturas porque, además de una gran banda de rock, de algún modo representan la consolidación del éxito de un proyecto murciano, ajeno a modas y sustentado en el talento pero también en la consistencia, el trabajo y la capacidad de evolución. En un año socialmente tan duro como el que finaliza, M Clan es espejo y esperanza.
Lo habían preparado a conciencia, como no podía ser menos tratándose de un concierto que se plasmará en disco y vídeo, y el resultado incluso superó las expectativas: un show magnífico. La máquina Second a máximo rendimiento, con un Sean Frutos esplendoroso y desgranando lo mejor de cada uno de sus cinco álbumes de estudio.
Broche de oro, no merecía menos, el de un XXXI Cartagena Jazz anotado ya en el lado indeleble del recuerdo por diversos motivos, fundamentalmente la calidad de su programa y el estreno de un auditorio, el de El Batel, que ha merecido comentarios de casi todos los artistas. Si Ryuichi Sakamoto agradeció estrenar “tan bello e insólito marco”, Pat Metheny lo definió como “amazing place” y Robin Pecknold, el líder de Fleet Foxes, se refirió a él como “crazy theater”. Es tan bello que merece la pena ir sea quien toque pero además, ¿tendría algún sentido la cordura en el arte de este convulso inicio del XXI?
Hablar de conceptos como emoción, pasión, sentimiento o, ya no digamos, magia, es siempre resbaladizo en el ámbito de la música. Pero sabemos que son esos factores, entre otros, los que diferencian un gran concierto de uno correcto. Más concretos y fácilmente medibles son otros elementos como la calidad del sonido, la precisión instrumental o incluso la actitud escénica. Bien, pues en ninguno de ellos, ni de la primera ni de la segunda serie, consiguió brillar Amaral en el primero de sus dos conciertos murcianos de presentación de su nuevo álbum. Tampoco hubo fracaso: una faena aseada, que dirían los taurinos.
Hay cientos, tal vez miles de guitarristas técnicamente virtuosos, pero hay pocos que sean auténticos números uno. Pat Metheny es uno de ellos y el domingo lo demostró en el Cartagena Jazz con una master class de precisión, versatilidad e inspiración asombrosas.
Doble excursión por la música negra, aunque por trayectos bastante dispares, la del viernes en el 
