Jorge Drexler: "La libertad es una especie en proceso de extinción"

Antonio Arco | 04.11.2010 - 08:35 | Entrevistas

Jorge DrexlerQué relajante dulzura. Hoy -Auditorio Víctor Villegas, a las 21.30 horas- Jorge Drexler (Montevideo, 1964) aterriza sin estridencias en Murcia. Y lo hace con nuevo disco, 'Amar la trama', nominado en cuatro categorías de los Grammy Latinos y con el que se ha alejado -sin estridencias- de las veleidades electrónicas. Vuelve este enamorado nada cursi de las canciones nada cúrsiles que enamoran, como su admirada 'Chega de saudade' (Tom Jobim-Vinicius de Moraes), a dejarse envolver por su guitarra, o bien eléctrica o bien acústica, y por una banda con la que busca, por encima de la perfección, la complicidad y el momento irrepetible.

A lomos de un puñado de canciones que siguen empeñadas en jugar con maestría con las palabras, y que bucean con liberador oxígeno incorporado en los sentimientos y las vivencias cotidianas, Drexler regresa a Murcia convertido en todo un referente musical de calidad y calidez.

Un éxito alcanzado con letras que se degustan como una pasta de té, letras en las que las palabras se liberan y se retan entre ellas. Porque el músico les sabe sacar punta como si fuesen un lápiz, sabe cómo adorarlas o escupirlas adecuadamente, y sabe ponerles música por dentro y por fuera. «Drexler», destaca el crítico musical Jam Albarracín, «se propone retos, se entrega a ellos y así disfruta más con el proceso que con el resultado, que invariablemente resulta notable». «Y para 'Amar la trama' -añade- se entregó a un proceso puramente orgánico: todos los músicos tocando a un tiempo, mirándose, interactuando, sin metrónomo, dejando espacio a variables como la imprecisión. Por eso tiene el aroma a libertad del jazz, porque la satisfacción también es un proceso dinámico».

Esto que dice Albarracín se podrá comprobar hoy en el Auditorio Víctor Villegas de Murcia, un escenario de lujo muy alejado en capacidad -1.768 butacas- de aquellos muchos otros por los que Jorge Drexler trató, a finales de la década de los 90, de irse labrando un público fiel: uno a uno, prácticamente cantándole al oído a cada espectador.
Pequeños locales como el pub murciano La Muralla fueron escenarios del difícil camino que el músico fue recorriendo con su guitarra a cuestas y con unas altas dosis de fe en sí mismo.

Sabe mucho de aquellos años de su carrera el gestor cultural Manolo Robles, que en ese tiempo le programó actuaciones por toda la Región. «Lo recuerdo llegando en tren a la Estación del Carmen, con su guitarra y muy agradecido por poder actuar aunque fuese en locales pequeños», cuenta Robles, quien destaca de Drexler que «es un cantautor en constante evolución» y «una bellísima persona». También resalta su alto nivel de creatividad, algo que contribuye a que tenga una personalidad fácil y gustosamente reconocible, sin estridencias.

«La sensibilidad, esto es lo que hace especial a Drexler», afirma Jam Albarracín, quien no se olvida tampoco de «su talento y esa suerte de sensibilidad desbordante, directamente heredada y que de algún modo le emparenta con su principal maestro: Caetano Veloso. Si Drexler se propusiera hacer una canción mala, a posta, le saldría una emocionante y sensible canción mala. Lo que inmediatamente la convertiría en buena». Veloso ocupa un lugar privilegiado, junto a Leonard Cohen y Chico Buarque, en el altar musical del autor de 'Al otro lado del río', canción que conquistó un Oscar en 2005.

Drexler, este trovador del futuro cuya música se disfruta plácidamente, compone música con brillantez lo mismo para letras ajenas -estupenda la 'Milonga del moro judío' de Chicho Sánchez Ferlosio: «Yo soy un moro judío / que vive con los cristianos / no sé qué dios es el mío / ni cuáles son mis hermanos»-, que para las propias: «Y en lo más sutil de los cuerpos sutiles, lejos de la noria de causas y efectos, se tiene el corazón que se trae por defecto, así como Aquiles, por su talón, es Aquiles» (de la canción 'Aquiles por su talón es Aquiles').

'Amar la trama' está plagado de letras hermosas, como es el caso de 'Toque de queda', que para colmo interpreta en el disco su compañera, la actriz y cantante Leonor Watling. En el concierto de presentación de su nuevo trabajo discográfico en el Auditorio de Barcelona, el público tuvo el privilegio de verlos a ambos juntos, por primera vez, interpretar una canción en escena. Nada de nada apunta, en principio, a que pueda suceder lo mismo hoy en Murcia. Jorge Drexler está feliz. Y vivo. Vivo en la luz y en la oscuridad.

«Entro y salgo en la paz conmigo mismo, entro y salgo en la felicidad, entro y salgo en el amor, incluso entro y salgo en la música. No me he ganado ningún título que me garantice que mis sentimientos y mi ánimo no varíen», explica. Feliz y dispuesto a seguir luchando, sin estridencias, «por defender aquello en lo que creo, y por hacer lo que me gusta y no lo que no me interesa. Lucho por ser coherente». Lucha, pero «aunque sé en que bando estoy», también sabe que «la lucha tampoco garantiza nada». Quizás porque, todavía, «la vida es una moneda con la que se comercia». «He aprendido -añade el músico en declaraciones a 'La Verdad'- que tienes que tratar de llevar la vida, que es una actividad larga, a veces linda y a veces horrible, con el mejor humor posible. Yo no creo en la felicidad como un estado permanente, creo en la alegría como un estado transitorio».

Ni siquiera renuncia a experimentar el desasosiego, que según él «sabe a incomodidad». No es problema. «Yo no creo en la santidad, no creo en la vida permanentemente sosegada. La vida está constituida por una paleta de emociones, y me parece que disfrutar de esa paleta es una ganancia: pasar por un estado de mucha paz mental y luego por otro de mucha inquietud, y tratar de entender que las dos partes son complementarias y que de ambas se puede aprender, no es tan malo como puede parecer», explica.

¿Se empeña muchas veces en no querer ver algo que está muy claro por temor a sufrir?

- Me empeño, sí, sí, porque la negación es un mecanismo de defensa que utilizamos todos. No es que sea una actitud elogiable, pero yo reconozco, sin problemas, que no soy perfecto, ni muchísimo menos. Pero cometer errores no es el problema, el problema es cometer una y otra vez el mismo error.

Sigue Jorge Drexler defendiendo la importancia de la duda como una compañera de viaje a la que conviene escuchar con atención: «Me refiero a una duda que no es inmovilizadora, sino creativa; no es una duda que te paraliza, sino un primer paso hacia la libertad. La libertad es tener la posibilidad de optar, y optar es dudar. En un mundo en que se duda cada vez menos, dudar me parece el verdadero ejercicio de transgresión, el verdadero ejercicio revolucionario. La libertad -prosigue- es hoy la gran especie en peligro de extinción, cuando estamos asistiendo al ascenso de los fundamentalismos en todos lados».

Orden superior

¿Cuáles son sus certezas?

- Pues... no lo sé. ¿Certezas? Que vivimos en un equilibrio inestable, y que hay que ser compasivo con uno mismo al tiempo que también hay que ser exigente. De todas las críticas, la que prefiero es la autocrítica. Trato siempre de ver cuál es mi colaboración, por ejemplo, en un tema que me preocupa mucho: la destrucción del planeta que estamos llevando a cabo entre todos.

¿Sigue usted sin tener a quien rezarle?

- No tengo a quien rezarle, no.

¿Y eso le provoca tristeza?

- No, porque eso no quiere decir que yo no crea en un orden superior. En lo que no creo es en eso de yo te doy mi genuflexión y mi oración, y tú a cambio atiendes mi súplica; eso se parece mucho a la manera en que se ejerce la política, yo te voto, pero tú a cambio me recalificas un terreno. No hay manera de que me crea que hay un ser superior que necesita que lo adules para que te premie. Lo que sí tengo es una sensación de pertenencia al cosmos, y soy consciente de la maravilla que es saber, por ejemplo, que la mosca de la fruta, pese a su simpleza, comparte con los humanos muchos de los genes responsables del cáncer o del mal de Parkinson.


Quién: Jorge Drexler.
Qué: 'Amar la trama'.
Cuándo: Jueves 4 de noviembre de 2010, a las 21.30 horas.
Dónde: Auditorio Víctor Villegas, Murcia (reservas: 968 343080).
Cuánto: 20 euros.


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