Carlos Madrid: "Del dolor solo puede salir dolor, no arte"

Jam Albarracín | 27.01.2012 - 19:53 | Entrevistas

Calos Madrid (Foto Anabé González)Dos años después de su primer disco de canciones de folk-rock introvertido, el cartagenero Carlos Madrid se coloca la casaca de autor incomprendido y se desmarca con un álbum conceptual de difícil digestión, que gira en torno a la idealización del desamor «y de la feliz idea del suicidio». Idealización del desamor antes que del amor, digo, porque en 'Oh, Beatrice (El álbum de fotos de la nieve)' la idealizada no es otra que quien provocó el vacío en el corazón tras su partida. Una idealización romántica y tan dramática que roza lo trágico y bordea, al parecer intencionadamente, el patetismo. Diecisiete cortes de piano y vino que presenta en La Puerta Falsa.

En estos tiempos de urgencia en los que se atrapa rápido al oyente, usted se desmarca con una suite conceptual de 17 piezas. ¿Es esta su feliz idea del suicidio?

- Tampoco creo que se trate de una ópera o algo así. Es solo una colección de canciones que están unidas por un claro hilo conductor. Algunas son piezas muy breves, otras están divididas en partes… Pero para mí era fundamental que cada canción se sostuviera sola, aunque estén enmarcadas en un conjunto. Lo que sería suicida sería hacer un disco de 17 canciones donde no cuentas nada.
 
¿Qué le impulsa a encerrarse durante varios meses hasta concluir esta obra? Se me viene a la mente la idea de la catarsis griega. ¿Hay algo de esto?

- A la gente le encanta pensar en esa imagen del compositor atormentado encerrado en un zulo, que no es mi caso. Una cosa es el protagonista de las canciones y otra yo, el autor, que juego con ese personaje y con una serie de elementos. Yo me encargo de difuminar esa línea entre uno y otro. Por otro lado, también se tiende a pensar que el dolor propio y visceral puede generar una composición artística. Y yo creo que de ese dolor solo puede salir dolor.
 
¿'Oh, Beatrice (El álbum de fotos de la nieve)' es un ejercicio de romanticismo brutal (el sentimiento antes que la razón, el yo frente a la universalidad)?

- Esa es la lectura superficial o inmediata del disco. Percibes un romanticismo exacerbado solo con leer el título. Debajo de eso, dentro de ese romanticismo brutal, se reinterpretan todos los tópicos amorosos -que están tan manoseados en mi oficio-, exagerándolos muchísimo, hasta llegar a cuestionar la naturaleza dramática del disco. Lo que he tratado de hacer es que esa primera lectura vaya introduciéndote progresivamente en la segunda. Quizás el verdadero punto romántico se encuentre en haber tenido esta ambición.
 
El amor doliente, y sin embargo idealizado, es el eje sobre el que gira 'Oh, Beatrice', con sus simbolistas componentes de drama y muerte. No quisiera pasarme de profundo...

Puedes pasarte de profundo, no te preocupes. El disco es como un pozo muy profundo en el que vas cayendo y cuando llevas un buen rato en el fondo a punto de suicidarte, ves, justo al lado, un ascensor muy moderno para subir arriba.
 
No me dirá que no hay nada autobiográfico en el disco, que es un mero ejercicio estético.

- Cuando te pones a escuchar un disco o a leer un libro estás, de alguna manera, estableciendo un pacto, haciendo un trato con el autor. Tienes que aceptar que todo lo que se cuenta es verdad. Una verdad ficcionada, sí, pero una verdad con todas las letras. El que esté más interesado en saber si Beatrice se pintaba las uñas de rojo o de negro está rompiendo ese pacto.
 
Salimos del mundo clásico y encontramos que dos letras están basadas en novelas de Ray Loriga ('Ya solo habla de amor') y John Fante ('Un año pésimo'), dos autores -sobre todo el segundo- que retratan personajes perdedores.

- Tomé los títulos de esas dos novelas porqué me parecía que tenían una fuerza visual que encajaba perfectamente con lo que quería contar en esas canciones y con cómo quería contarlo. Respecto a lo de los personajes perdedores, vuelvo a lo mismo, he tratado de extremar todo lo posible ese tópico hasta rozar cierto matiz patético.
 
¿Hay, por tanto, sentido del humor en 'Oh Beatrice'?

- Evidentemente. La verdadera clave era crear un equilibrio entre la interpretación absolutamente trágica y la sarcástica. Y que nunca llegue a inclinarse claramente hacia ninguno de los dos lados. Yo, por supuesto, tampoco voy a ser el que incline la balanza.
 
«Un disco de piano y vino». Escribo esto y pienso en Tom Waits, aunque no aprecio similitudes estilísticas. ¿Las hay estéticas?

- A ver, yo tengo 27 años y llevo una vida normal. A la gente no la puedes engañar con una pose como la de Tom Waits, que te puede hablar mucho más y mejor de todo ese mundo que él conoce tan bien. Yo construyo el personaje de las canciones desde la impostura, en cierta manera, también para ridiculizar esa estética maldita. Aunque, si lo piensas, imitar a Tom Waits sería algo tan patético, desafortunado y fallido que puede que hasta se ajustase perfectamente a la idea del disco.
 
Pero entonces, ¿el amor nos hará libres o esclavos?

- Si no he podido resolver esa pregunta a lo largo de 17 canciones, ¿qué te hace pensar que aquí sí podré?

Carlos Madrid presenta 'Oh, Beatrice (el álbum de fotos de la nieve)' el sábado 28/01/2012 en Murcia. La Puerta Falsa. 23.45 horas.

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