Those: "La música es un salvavidas"

Jam Albarracín | 01.04.2013 - 10:32 | Entrevistas

Alberto Saorín, líder de Those (Foto: Antonio Márquez)Son escasos, escurridizos y poseen el talento innato del elegido. Tipos que entienden la música de manera compleja, al modo de obras de arte y que se mueven entre esas difusas líneas que delimitan territorios a priori encontrados como el rock, la música contemporánea y el score cinematográfico orquestado. Me refiero a creadores como Jonny Greenwood (Radiohead), Daniel Johns (Silverchair), Enric Montefusco (Standstill) o el menos conocido, pero igualmente genial y además murciano de 29 años, Alberto Saorín.

Con su banda, Those -y de manera especial con su enorme baterista, Francisco Calvache- , Alberto Saorín -en la imagen, de Antonio Muñoz- ha creado uno de esos discos de alto calado ante cuya complejidad no acabamos de saber cómo reaccionar. Una suite rock de 37 minutos, dividida en ocho piezas, cuyo título es 'Hombre al agua, cuerpo a tierra'. Es tan bueno que apabulla.

Con 15 años ya tocaba en bandas de rock (Irasshai, Clom) y, dada la complejidad, el carácter experimental y la dinámica orquestal de sus composiciones, cuesta creer que no tenga una importante formación musical.

- La verdad es que mi pasión por la música es algo inexplicable. En mi familia nunca ha habido ningún músico o melómano, siempre ha sido un tema que ha interesado poco. Tampoco tenía amigos metidos en ese mundo, así que podría decirse que es una vocación completamente innata. Desde muy pequeño me obsesioné con tocar la guitarra eléctrica y a los 13 años empecé a hacerlo. En seguida empecé a componer y en cuanto pude me inicié en el mundo de las bandas de rock. No tengo ni idea de leer una partitura aunque he intentado aprender varias veces sin éxito. No tengo paciencia, ni sé prácticamente nada de armonía o teoría de la composición. Todo lo he aprendido intentando imitar a mis ídolos.

'Hombre al agua, cuerpo a tierra' es una especie de suite dividida en ocho partes. ¿Cuál es el eje conceptual del disco?

- Pues, aunque nadie parezca haberse dado cuenta, el disco narra una historia. No queríamos que fuera algo evidente pero toda la composición giró alrededor de ella. Pasamos mucho tiempo escribiendo y pensando qué y cómo queríamos contarlo, mientras que al mismo tiempo íbamos componiendo su banda sonora. El eje conceptual es -¡como no!- el amor, las relaciones de pareja concretamente. Es algo casi autobiográfico. Todo visto desde un punto de vista caótico y pesimista, desde la perdida absoluta de la fe en el amor y las relaciones.

Todos los cortes tienen títulos de fechas. ¿Qué hay detrás de cada una?

- Para nosotros el proyecto es un todo. Lo entendemos como indivisible pero sabíamos que 37 minutos en un solo corte podía darnos problemas a la hora de conectar con el público. Estuvimos barajando esa posibilidad pero al final nos decantamos por dividirlo. No queríamos poner título a 'canciones' que no considerábamos 'canciones' y pensamos que la intención se haría más clara si situábamos al oyente en el momento exacto de la línea de tiempo en que transcurría la historia. El disco se cierra con 'Nueve de marzo (III)' y se abre con 'Nueve de marzo (I), lo que explica el carácter cíclico de la historia. Por supuesto esas fechas son importantes para nosotros, pero para el público solo deben cumplir la misión de hacer un poco más entendible el concepto.

Desde sus inicios siempre ha optado por propuestas de rock complejo y experimental. ¿No le interesa el rock directo?

- En muchas etapas de mi vida he intentado componer algo más directo -como hacen muchos grupos que admiro- pero en última instancia, cuando estamos trabajando en el local de ensayo, terminan por emocionarnos las composiciones más complejas. No sé de dónde me viene ese amor por la música más elaborada pero es una cuestión de emoción. Nunca hemos tomado la decisión de hacer un tipo de música concreto, nos sale así porque, al fin y al cabo, es lo que nos gusta escuchar. Si un día nos emociona algo más simple y directo no dudaremos en meterlo en el repertorio, pero la verdad es que eso no suele pasar. Siempre terminamos liándonos [ríe].

¿Cree haber logrado con 'Hombre al agua...' su momento álgido de expresión?

- Bajo mi punto de vista, sí. De hecho, es la primera vez que planteamos un proyecto como este. Teníamos la necesidad de expresar realmente algo y de ahí, por ejemplo, el cambio al castellano. Otras etapas de mi vida se han centrado más en hacer simplemente canciones que, creo, estaban faltas de emoción. Esta vez se ha planteado todo como un proyecto más maduro. Pero no creo que vayamos a estancarnos aquí, entendemos esto como el comienzo de una nueva etapa y nos gusta pensar que son los primeros pasos hacia el camino que queremos tomar.

El directo de Those es imponente. ¿Cómo se logra algo así cuando no se es profesional -en el sentido económico- de la música?

- La verdad es que somos muy perfeccionistas. Pasamos mucho tiempo en el local de ensayo preparando los directos. Somos muy estrictos a la hora de ensayar y muy autoexigentes. Sabemos que tenemos mucho que mejorar porque este proyecto sólo se ha representado tres veces en un escenario, pero pensamos que en cada directo estamos dando un poco más de nosotros mismos y poco a poco nos vamos acercando al resultado que nos gustaría obtener. Siempre he dicho que somos más trabajadores que talentosos.

En una época que prioriza el consumo rápido, ¿cómo convencer a alguien para que dedique 37 minutos a escuchar una obra completa? ¿Está tal vez cambiando la percepción de la gente en este sentido?

- En realidad no creo que esté cambiando. Sabíamos cuando planteamos este proyecto que iría dirigido a un público minoritario pero no nos supuso ningún problema porque todos nosotros formamos parte de ese público. Este tipo de música está hecha para disfrutarla de este modo. Todo está muy cuidado y trabajado con mucho cariño, lleno de detalles que sólo pueden apreciarse si estás inmerso en la escucha. Aún así hay gente que disfruta de algunos cortes por separado y eso nos sorprende muy gratamente.

¿Hay una intención psicodélica -en cuanto a alteración sensorial- en la música de Those?

- Yo diría que sí. Al menos nosotros lo hemos sentido así durante el proceso de creación. Como comentaba, es un disco para disfrutarlo relajado e inmerso en él. Creo que hay momentos del disco en los que hemos conseguido de verdad transmitir lo que queríamos y, escuchándolo del modo adecuado, puede percibirse.

Parece obvio que entiende la música como algo que va más allá de lo estético o del mero divertimento. ¿Cómo es la relación con la música de Alberto Saorín?

- Para mí la música es un salvavidas, lo único que sé que no va a abandonarme. Nunca he podido entenderla como mero divertimento. Quizás eso me ha impedido en algunos momentos disfrutarla, pensando que nada de lo que hacía era lo suficientemente bueno. Casi me gusta más estudiarla que escucharla. Me emociono muchísimo cuando escucho algún ritmo o armonía que me sorprende, algo que yo no hubiera escuchado nunca antes hecho de esa manera. La complejidad me fascina y me atrapa. Me hipnotiza. Es como una droga que me ha ayudado en los peores momentos de mi vida y tengo mucho que agradecerle. Respeto mucho a la música y me gusta que se la trate con respeto, aunque confieso que a veces he pensado que no me quiere tanto como yo a ella.

 

Puedes descargarte de manera gratuita 'Hombre al agua, cuerpo a tierra' desde el bandcamp de Those.

 

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