Rosendo: "Andamos muy escasos de vergüenza"

Jam Albarracín | 11.10.2013 - 16:41 | Entrevistas

RosendoCuarenta años de carrera, una veintena de álbumes -contando los de Leño- y centenares de conciertos por todo el país, no han hecho sino confirmar lo ya sabido hace mucho tiempo: Rosendo es sin duda el Mercado más fiable o, al menos, el más honesto. Su nuevo LP vio la luz hace unos días y responde al nombre de 'Vergüenza torera'. 

En sus pistas se le aprecia algo más enfadado que de costumbre, pero seguramente sea porque el rockero de Carabanchel canta a lo que le rodea y el panorama actual no pinta muy halagüeño, con acento en la diéresis. Su amabilidad sigue siendo máxima: lo agarro en el local de ensayo preparando su nuevo repertorio, pero manda a los chicos a tomar una cerveza para atenderme.  

Está presentando 'Vergüenza torera'. Bonito término, muy español. Pero no sé si un poco en desuso hoy.

- Bueno, a mí me gusta mucho, el lenguaje taurino es muy visual. Lo he utilizado ya en otras ocasiones y me gusta porque es muy nuestro. Al margen de que nos vayan o no los toros.

Lo decía no tanto por esto como porque no sé si la vergüenza torera está muy de moda en la actualidad.

- Ah no, no, no... No es que esté en desuso, es que no existe la vergüenza de ningún tipo, me temo. Últimamente estamos muy escasos de vergüenza, sí.

“Qué pena, qué frustración, qué triste porvenir / serena desilusión, ¡qué mierda de país!”. ¿Hay solución? ¿Qué hacemos, maestro?

- No lo sé, yo soluciones no tengo, ojalá. Lo que no se puede es, aprovechando la circunstancia, meter hachazos a lo que no viene a cuento. Que es lo que que está haciendo este gobierno, que nos está machacando en facetas que no tienen nada que ver con la crisis. Mucho recorte, mucho castigo a los más indefensos y los que se han llevado las pelas y lo han provocado todo, ahí viviendo como dioses. ¡Viva la Virgen! Es increíble.

“He llegado hasta aquí por mis propios derroteros / después de regatear a rufianes y agoreros”. ¿Hay mucho rufián también en el mundo de la música?

- Hay mucho rufián, en el mundo de la música y por todos lados. En esa letra hablo un poco  de que quien cree en su trabajo y se lo pelea, resulta que se le trata como a un pringao y le vacilan por todos lados. 

Ha alcanzado unas cotas de credibilidad máximas. Le respeta la gente del rock, del pop, del punk, del hip hop... Los de 50 y los de 20... ¿Cómo se consigue esto?

- He tenido mucha suerte. Yo creo que valoran que no he dado muchos palos de ciego, ni me he apuntado nunca al carro. Después de tantos años en la profesión he tenido muchas oportunidades de apuntarme a cualquier historia para... no sé para qué, porque no lo he hecho precisamente porque lo que quería hacer es lo que estoy haciendo. Yo creo que eso se valora, sobre todo con el paso del tiempo. Quiero pensar que eso es lo que les inspira confianza, porque lo que hago es rock and roll sin pretensiones y cuento lo que veo y lo que siento.

¿Cómo se mantiene la emoción y la pasión por el rock, casi 40 años, 20 discos y cientos de conciertos después?

- No lo sé, supongo que es mi vida. Cuando era un crío para mí era un sueño inalcanzable lo de dedicarme a la música y poder vivir de ello. Y bueno, tampoco he tenido un éxito muy importante como para haber sentido la tentación de echarme a dormir. Con lo cual pues ahí estoy, es mi forma de vivir, mi trabajo, lo que me da de comer y lo que me gusta. El escenario es un poco una enfermedad que te coge por el pescuezo y ya no te suelta. Lo que me preocupa es que si en algún momento tengo que dejarlo, que ya por naturaleza no faltará mucho, lo voy a pasar fatal. Porque no sé en qué voy a emplear el tiempo.

Si me permite, yo creo que no lo va a dejar nunca.

- No lo sé. Yo ahí estoy. Tengo mis dudas pero bueno, el espíritu es ese. Rock and roll hasta el final. 

Utiliza un lenguaje nítido y directo, pero no le hace ascos a la metáfora. Canciones como 'A remar' o 'Cuando', pese a ser duras, tienen un cierto toque poético.

- Yo soy un muy mal lector. Cualquier libro que empiezo lo dejo en la mesilla y no lo recupero nunca más. No tengo técnica ni argumentos para escribir, no sé muy bien ni por qué escribo ni cómo. Pero afortunadamente creo que he conseguido una forma personal de comunicar. No sé si lo que hago tiene demasiado sentido, lo que sí es cierto es que cuento lo que siento.

Lo de armar el repertorio en su caso debe ser un poco lío. Presenta disco, ¡pero a ver qué  canciones quita!

- Pues ahora mismo estoy precisamente en el local de ensayo, preparando los temas nuevos y con esa duda: ¡y qué coño quito del repertorio! Hay temas antiguos que mucha gente quiere escuchar. Los más fieles, que nos ven a menudo, prefieren que toquemos más material nuevo y entonces ahí siempre tienes un dilema. Pero lo solventamos como buenamente podemos.

Nunca ha abandonado Carabanchel. ¿Por qué?

- Bueno, ahora tengo una casa en un pueblo y cada dos por tres estoy deseando salir. Ya me puede un poco Madrid, me supera, supongo que son los años también, que ya te apetece un poco más de relax. Pero claro, me gusta, Carabanchel es mi barrio, le tengo mucho apego.

En 2006 le concedieron la medalla de oro al mérito de las Bellas Artes. ¿Qué supuso para usted?

- De alguna manera es un reconocimiento importante pero a mí, por mi carácter, me daba un poco de vergüenza. En su momento quise entender que lo que estaban premiando de alguna manera era a la gente del rock and roll, que hasta entonces nunca habían dado un premio a nadie que tuviera que algo que ver con la música más o menos dura. Entonces, quizá por descargar mi responsabilidad, quise verlo de ese modo. Pero por otro lado me sentí orgulloso y muy agradecido. Y a mi madre casi le da algo, con el rey dándole la mano [ríe].  

¿Sigue siendo una mierda este Madrid?

- En aquél momento era un poco la vorágine que sentía. Ahora lo que es una mierda es el país, así que me temo que estoy un poco en las mismas. Pero es precisamente porque le tenía y le tengo mucho cariño a Madrid, como se lo tengo a España en general. Eso es lo que me duele, que siendo un país envidiable, de gente sana, trabajadora y que da gusto moverse por cualquier sitio, andemos como estamos. Por eso lo de la mierda, por lo increíble de llegar a situaciones que no tienen ningún sentido. 

La gente le quiere, es un hecho. ¿Cómo se puede corresponder a esto?

- Pues intentando hacer lo mejor que puedo mi trabajo, no tengo otra forma de agradecerlo. Siendo fiel a mis principios y, profesionalmente, respondiendo a lo que se espera de mí. Haciendo buenos conciertos en condiciones y sin engañar a nadie, yo qué sé. Ahora mismo estoy ensayando y me dejo el pellejo en los ensayos, no ya en el escenario, porque me parece que es lo que tengo que hacer. Con eso me doy por satisfecho y, por lo que veo, el personal también me lo reconoce. 

Sr. Mercado, ¿a quién le damos el Premio Berberecho 2013?

- [Se parte de risa] Pues por ejemplo al ministro de cultura (Wert), que se tiene bien 'ganaíto' todo lo que le demos y más.

 

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