El Drogas: "Soy un desastre que no va a cambiar"

Rafa Llorente | 21.03.2014 - 15:48 | Entrevistas

El DrogasÉl fue la materia gris de Barricada, desde sus inicios como grupo precursor del rock urbano en su vertiente norte. Su salida de la ya extinta banda pamplonica le ha traído hasta aquí. A golpe de reflexión ácida, de mordaz realidad, de intelectualidad llana y a ras de suelo. Aunque sin perder nunca las ganas de seguir volando. Músico y escritor: Enrique Villarreal, alias El Drogas, y su estupenda capacidad para conversar sosegadamente.

Txarrena, La Venganza de la Abuela... Al final te has decidido por utilizar tu apodo, El Drogas, que es como al fin y al cabo todo el mundo llamaba a cualquier cosa que hicieses al margen de Barricada.

- Esa es la razón. Además de que personalmente me permite poder llevar dentro del repertorio cualquiera de las canciones que he compuesto, sobre todo basándome en las letras que he escrito. Soy yo, pero rodeado de gente con la que comparto ideas musicales. Gente que me arropa muy bien, y con la que estoy trabajando muy a gusto.

Y para estrenarte nada menos que un disco triple. Tal y como está la industria discográfica, ¡hay que ser valiente para hacer algo así!

- Más que valiente yo me defino como un personaje muy inconsciente (risas). No concibo el mundo del rock’n’roll sin ese alto grado de inconsciencia. Si algo me ha enseñado el dedicarme a la farándula, es que a pesar de las equivocaciones que cometes, uno es feliz con ese nivel de inconsciencia. Esa es la razón más patente para lanzar un triple CD.

¿Hablas de ese espíritu de Peter Pan que debe vivir en el interior de todo buen rockero?

- Puede que sí. Puede que esa sea una buena definición. Te encuentras con 54 años y muy a gusto contigo mismo. Hay gente que te pregunta que cuándo vas a sentar la cabeza. Pero es que me lo llevan diciendo más de veinte años. Yo la tengo asentada, aunque dando vueltas, que es como me gusta tenerla. Quizás ese complejo de Peter Pan sea muy necesario para dedicarse a esto. Cuanto más metes la pata más aprendes de ello. La sabiduría viene en el acto de sacarla. Cuanto más consciente seas de ello más consciente serás de lo que estás aprendiendo, lo cual posiblemente te haga más sabio.

Porque al fin y al cabo ese espíritu lo da el rock’n’roll. Tanto al que lo hace como al que se identifica de verdad con ello...

- Yo creo que sí. En esto soy bastante egoísta porque solo pienso en mi felicidad, para luego poder trasladársela al público. Me sería imposible comunicar algo que yo no me creo a gente que compra tu música, que paga una entrada para verte. Me tengo que sentir en débito con ese público. Eso me hace disfrutar pegándome una kilometrada para luego tocar tres horas en un escenario, acompañado de una banda que tiene el mismo grado de inconsciencia que yo. Soy muy feliz con lo que hago. ¡Que nadie me descabalgue de este caballo! Que cuando lo deje sea por alguna buena razón o porque estoy en posición horizontal, con toda la eternidad para descansar.

En tu nuevo álbum, “Demasiado tonto en la corteza”, encontramos cierta nostalgia y desesperanza en el primer disco; la protesta, la crítica explícita, en gran parte a la clase política actual, en el segundo; y luego un poco el fin de fiesta más desenfadado en el tercero. ¿Es éste el conjunto de cosas que marca hoy en día tu personalidad?

- No exactamente todas, pero sí una parte importante. Mi vida son muchas experiencias, algunas de las cuales están al margen del mundo musical, aunque luego yo las adapte, como sucede con el tema del alzheimer, que es algo que vivo de manera personal, ya que es la enfermedad que mi madre padece. Todo eso trastoca tu vida cuando crees que tu estado va a durar para siempre. Por lo menos hasta que te jubiles y hayas visto crecer a tus hijos. De repente te encuentras con una experiencia que no te la esperabas. Pero es que a la vez coincide con la venida al mundo de mi primer nieto. Es un gran contraste, ver a dos personas; una apagándose y otra encendiéndose. Ese entendimiento que existe entre las dos. La ironía de estar cambiándole a tu nieto los pañales por la mañana, y por la noche tener que cambiárselos a tu madre... Este tipo de experiencias hacen que diga “¡qué gozada continúa siendo todo esto!”. El sentirte vivo. Luego unas cosas las traslado a mi música, otras a mis escritos y el resto se queda en mi mundo interior y en el de mi gente más cercana. 

¿Nos hablas de esa colaboración para tu disco con Carlos Tarque en la bluesera “Nos das pena”?

- Hace muchos años, la primera vez que tocamos con M-Clan, tuvimos una conversación muy larga, y hablamos sobre los bandas de glam setenteras: Suzi Quatro, Slade, Sweet y todos aquellos grupos que a mi me encantan y que a él también. Llevaba tiempo intentando ambientar canciones con ese tipo de historia. Así que cuando se me ha presentado la oportunidad lo he llevado adelante y me he acordado de él. Coincidimos el año pasado tocando junto a M-Clan en Santander. Se lo comenté. Le dije que el tercer disco del álbum se iba subtitular “Glam”, que me gustaría que participase, y se apuntó en seguida. La verdad es que le ha dado otra dimensión a la canción. Yo no intento imitar su voz en directo, claro. Quizás tenía que haber retirado el tema del repertorio, porque tal y como él lo hace es insuperable (risas). Pero, en fin, las veremos venir.

En tu música, las palabras siempre han tenido un gran peso específico. Nunca han sido gratuitas. Desde hace años te has volcado también en la elaboración de poemas y escritos. ¿Cómo encuentras mejor la catarsis: a través de la música por sí sola o  través de la palabra?

- Las dos cosas son esenciales. No me entendería a mí mismo si me amputasen cualquiera de las dos partes. Para mí es todo un compendio del que aprendo. Es el revoltijo que tengo en la cabeza. Soy incapaz de pensarme a mi mismo como si fuera un ordenador, con sus ficheros, compartimentos y carpetas. Yo soy más bien un desordenador. Un auténtico desastre que no va a cambiar. Porque me gusta que se me mezcle todo. Ahora mismo estamos haciendo más de cuarenta canciones en directo. Puede que algún día me de por hacer treinta y leer unos cuantos poemas (risas). No me puedo amputar ninguno de mis desastres, pero es que tampoco quiero.

En tu página web hay un poema que se llama “Las zapatillas de volar”, el cual transmite cierta desesperanza tras la pérdida de la inocencia infantil. ¿A partir de cierta experiencia vital ya no hay zapatillas de volar de nuestra talla?

- Las zapatillas de volar existen, solo tienes que buscar tu número. No puedes calzarte las que te venían bien cuando eras niño. Yo sigo utilizando zapatillas de volar. Estos escritos han tenido una continuación a partir del nacimiento de mi primer nieto. Me gustaría sacar un libro con ilustraciones donde vengan estos pequeños escritos. Me apetece mucho que las ilustraciones tengan un peso casi mayor que el texto. Espero que continúen existiendo números de zapatillas que vayan muy pegados a la edad que uno va cumpliendo.

¿Y qué tal se te daba eso de escribir en el colegio? Aunque no es lo mismo escribir cuando te sale, que cuando te lo imponen...

- No se me daba muy bien, la verdad. Igual que leer. Yo comienzo a tener placer por la lectura cuando empiezo a leer comics como Víbora o Tótem. De más pequeño me gustaban Mortadelo y Filemón, y los de Ibáñez en general, que siempre ha sido uno de mis favoritos. Eso me llevó a los libros y a escribir letras para canciones con dieciséis años. Cuando dejas a un lado la obligación, tanto para escribir como para leer, es un auténtico placer, y otra fuente más de sabiduría. Yo quiero seguir aprendiendo a escribir leyendo a otros que lo hacen bastante mejor que yo. Igual que quiero seguir aprendiendo a componer escuchando a gente que lo hace mucho mejor que yo.

¿Ese tipo de imposiciones pueden llegar a sofocar a un artista en ciernes?

- Desde luego que sí. Yo me gano la vida con esto, lo cual es un lujo para este país, cuando en realidad debería de estar normalizado. Sin embargo el ministro de educación prefiere establecer dos horas de religión en detrimento de la enseñanza musical. Tenemos la costumbre de enseñar a ser persona diciendo lo que no se debe hacer. La persona tiene que aprender usando el tacto, la vista, el oído, la cabeza, y la combinación de ellas, formándose su propio criterio desde pequeño. Yo defiendo totalmente la educación pública. Pero además de otra manera. No quiero que la educación pretenda sacar sobresalientes en matemáticas. Creo que lo que hay que hacer es sacar personas. Buenas personas. Y trabajar mucho la empatía. No se nos puede llenar la boca con palabras como integración y que luego seamos incapaces de meter en la misma clase que nuestros hijos a personas con el síndrome de Down o similares. Esgrimen que retrasa el rendimiento del resto de la clase, y puede ser retraso si se ve así, pero si no aprenden hoy que dos más dos son cuatro, ya lo aprenderán mañana. Pero la enseñanza vital que te da convivir con una persona especial es mucho más importante.

 

Tus textos desde el principio con Barricada tenían ese poso comprometido y polémico muy generacional. Si tuvieras que volver a hacer ahora canciones como 'Barrio conflictivo' o 'No hay tregua', ¿llevarían el mismo mensaje?

- No lo sé. Son letras escritas a mediados de los ochentas. Era un época muy concreta de mi vida. Concreta no solo a nivel social, sino también personal. Ese descubrimiento del mundo saliendo del barrio; historias nuevas como probar sustancias que en esos momentos emergen y son parte de tu ambiente. Era un momento muy determinado, ahora estoy viviendo otras cosas. Aunque me puede seguir valiendo ese trasfondo que tienen. Revivo 'Barrio conflictivo' cuando leo las noticias del barrio burgalés de Gamonal; 'Oveja negra' o 'Víctima' al ver lo que está ocurriendo con la inmigración y ese trato absurdo a otros seres humanos. No las escribiría igual, porque ya las he escrito de esa manera, pero el fondo de ellas sigue estando vigente.

Muchas de esas letras hablaban del entorno de Euskadi en ese momento. En los últimos tiempos la problemática social se ha diversificado. Ciertas inquietudes, a menudo políticas o idealistas, ¿han sido relegadas a un segundo plano por el simple hecho de que la gente tiene dificultades hasta para comer o mantener su vivienda?
 
- Cuando uno tiene el estómago lleno posiblemente sea más sencillo que te asalten otro tipo de preocupaciones. Cuando te atañe tener que sacar adelante a tu familia y no encuentras trabajo, y sabes que además al día siguiente van a venir a desahuciarte, los problemas se tornan inmediatos. Tienes que solucionarlos ya, y muchas veces no sabes cómo. Yo creo en el asociacionismo como vía de solución para estas dificultades. A una familia desahuciada la tenemos que hacer algo nuestro si queremos cambiar este “estado de las cosas”. Igual que tenemos que solidarizarnos con esas muertes que ocurren en el mar o intentando pasar una valla en busca de una vida mejor. Cuando hay un ser humano sufriendo debemos sentirnos partícipes de ello. Si no, el sistema nos va individualizando. Haciéndonos pensar a cada uno que bastante tenemos con lo nuestro. Estos problemas los tenemos que poner encima de la mesa, y quitarnos de la mochila el miedo que nos están metiendo. Ya tenemos suficiente con el nuestro propio. Esos psicópatas que no sienten empatía por lo que está sucediendo, tienen que empezar a sentir un miedo que les debemos provocar nosotros.

Para terminar: ¿Cuál es tu valoración respecto a la separación definitiva de Barricada? 

- Mi visión ha sido bastante miope respecto a ese tema. He estado muy ocupado con el disco. Ha sido un trabajo muy intenso y de mucho tiempo. Antes, en septiembre, salió mi libro 'Tres puntadas', lo cual me absorbió también mucho tiempo. Así que lo he visto con gafas de madera. No tengo criterio al respecto y aunque lo tuviera tampoco creo que sea importante.
 
 
EL DROGAS
Cuándo: Viernes 21 marzo 2014, a las 22.30 horas.
Dónde: Garaje Beat, Murcia.
Cuánto: 15 / 18 euros.
Abre: Ángel Casto & Los Honestos.
 

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