Monda: El regreso del pionero

Jam Albarracín | 03.10.2008 - 16:45 | Entrevistas

Monda ha vuelto, es una buena noticiaLos Conciertos Básicos del Café del Archivo inauguran la nueva temporada con uno de los pioneros de la música en Murcia, Miguel Ángel Monda. Guitarrista de formación autodidacta y fraseo limpio y virtuoso, Monda fue uno de los escasos músicos que rompió barreras en nuestra Región en la segunda mitad de los años setenta, presentando una propuesta artística arriesgada, de estética elegante y discurso propio. Por decirlo de modo gráfico e inexacto, Monda fue una suerte de Kevin Ayers de la contracultura murciana.

Tras mostrar su repertorio por clubes y locales subterráneos, además de en alguna de aquellas ’15 horas de rock’ y cuando la música comenzó a tener una difusión casi normalizada, ya en los ochenta, Monda empaquetó su fraseo sedoso y despareció sin decir adiós, dejando un recuerdo minoritariamente legendario.

Hace poco más de un año, Monda ha regresado a la escena con su destreza sonora intacta, su poderoso bagaje existencial y un repertorio entre la bossa nova y el jazz en el que destaca su singular técnica del fingerpicking. Es hora de reivindicar a uno de los pioneros: Señoras y caballeros, Miguel Ángel Monda.

¿Cuándo empezaste a tocar y componer?
- Si no recuerdo mal, mis primeras actuaciones en directo datan de 1975 ó 1976. El inicio de la transición política y social trajo consigo también una “apertura” y la consecuente expansión de la música a todos los niveles. Comenzaron a surgir bares en Murcia que programaban música en directo, así como promotores que, a costa de perder dinero, organizaban conciertos en lugares hasta entonces insospechados, como salas de cine, campos de fútbol, plazas de toros...

En aquellos años, el simple hecho de hacerlo ya suponía un posicionamiento político, una actitud audaz. ¿Me equivoco?
- Respecto a mi posicionamiento político, mis referencias más próximas eran mayo del 68 y el movimiento hippy, mezcladas con figuras revolucionarias y a veces contrapuestas que por aquel entonces marcaban la diferencia, como Mahatma Gandhi o Ernesto Che Guevara. En resumen, comenzábamos a sentirnos libres, éramos –o queríamos ser– unos antisistemas y no nos cortábamos un pelo; pero, aunque derrochábamos audacia, aún nos quedaba mucho por aprender.

¿Cómo era la escena musical, si es que podía llamarse así, en Murcia a finales de los setenta?
- La escena musical era muy distinta a la de hoy. Pero es que todo, absolutamente todo, era distinto. Estábamos naciendo, despertando de un largo sueño, y aprovechábamos cualquier oportunidad para hacer la música que queríamos: pidiendo a los músicos de verbena que nos dejaran tocar, organizando conciertos y festivales en colegios, cines, descampados... Éramos cuatro gatos, pero a finales de los setenta y principios de los ochenta comenzaron poco a poco a surgir garitos que nos dieron mucha cancha: Babel, La Puerta del Pozo, El Abanico de Cristal, Aula, El Gris, Blue Note, El Continental...

DEL ROCK AL JAZZ
¿Ya te decantabas hacia el jazz, la bossa, o empezaste haciendo rock?
- En esa época el jazz era un género musical prácticamente desconocido para mí. No sería hasta años más tarde, ya alejado del panorama musical, cuando caería en las redes de esta maravillosa música, que desde entonces nunca he dejado de escuchar, y que actualmente forma buena parte de mi repertorio de fingerpicking. En cuanto al rock, sin duda su influencia fue esencial en mi primera etapa como guitarrista. Cuando conseguí mi primera guitarra eléctrica, la música de Jimi Hendrix, Eric Clapton, Deep Purple o Led Zeppelin, sonaba constantemente en mis oídos y era inevitable que mis primeros pasos musicales se encaminaran por ahí.

Una época que evoca buenos recuerdos, supongo.
- Fue una etapa estupenda, que tuve la suerte de compartir con otros colegas músicos en distintos grupos de rock. De aquellos años, recuerdo muy especialmente un concierto en el que fui telonero del legendario grupo Triana (“aquel grupo flamenco que sonaba como King Crimson”) en la Plaza de Toros de Murcia. Corría el año 1978. También llegué a compartir escenario con Iceberg, Leño, Ñu, Manzanita, Pau Riba, Jaume Sisa... Fue una época en la que se pusieron de moda los macrofestivales.

Progresivamente se fue produciendo un cambio en tus intereses musicales.
- Así es. En los siguientes años y hasta finales de los 80, cambié de registro y me acerqué más a la guitarra desde un punto de vista de instrumento solista, sin abandonar por ello las colaboraciones con otros músicos, sobre todo en el ámbito de la bossanova. Fueron años de tocar ragtimes, blues acústicos y baladas de músicos como Marcel Dadi, Stephan Grossman, John Fahey, Eric Clapton o James Taylor, que centraron cada vez más mi atención y que son, en definitiva, los que hoy en día puedo considerar como mis primeras influencias en la música que interpreto actualmente.

¿Por qué, cuando la música empezó a tener una difusión más o menos normalizada, ya en los ochenta, decidiste desaparecer del panorama musical?
- Es una pregunta difícil de responder. Confluyeron determinadas circunstancias. Compañeros que se vieron obligados a abandonar, fatiga física y psíquica (en aquellos años tocábamos mucho y dormíamos poco)... En fin, lugares comunes que, como la mili, darían mucho que hablar. En aquellos años, además, los jóvenes abandonábamos antes la casa de nuestros padres y teníamos que enfrentarnos a un sinfín de contratiempos: la falta de pelas, el trabajo, el futuro, la novia, etc. que nos daban muchos quebraderos de cabeza.

UN CONCIERTO ESPECIAL
Salto en el tiempo. ¿Por qué decidiste regresar? Para mí -para muchos- fue una grata sorpresa volver a ver tu nombre en los carteles.

- Creo que era algo inevitable.  Mi relación con la guitarra a lo largo de todos estos años ha sido siempre algo peculiar, con largos períodos de distanciamiento, pero también con reencuentros muy gratificantes. Uno de esos reencuentros tuvo lugar en 2004 cuando sin pretender ir más allá que tocar en casa y disfrutar con la guitarra, fui preparando casi sin darme cuenta un repertorio de estándares de jazz arreglados para fingerpicking. Al poco, me di cuenta de que “eso” se podía tocar en directo y que sería estupendo que la gente pudiera disfrutar escuchándolo. De ahí a volver a tocar en directo sólo había un paso, que me ayudó a dar mi colega Sebastián Mondéjar en 2006.

El del Café del Archivo me consta que será un concierto un tanto especial. Al menos se ha diseñado como la reivindicación definitiva y merecida de un pionero, con muchas cosas aún por decir.
- Para mí, personalmente, también se trata de un concierto especial, no tanto porque suponga un “reconocimiento oficial” de mi regreso como por la ocasión que me brinda para organizar un concierto en las condiciones que yo considero más óptimas para este tipo de música: buen sonido, buen público, buen ambiente y, además, la posibilidad de contar con músicos de la talla de Andrés Santos. Siempre es de agradecer una iniciativa como ésta, de apoyo a los músicos murcianos. No sé si soy un pionero; tal vez lo sea por la época que me tocó vivir, pero siempre me he considerado (y ahora más que nunca) simplemente uno más. Y siento que aún tengo cosas que decir.

TRECE LETRAS: FINGERPICKING
Una de las características clave de tu manera de tocar es el fingerpicking, una técnica que requiere de una ejecución precisa y depurada.

- El fingerpicking es una técnica que permite interpretar las diferentes partes de una composición (bajo, acompañamiento armónico y melodía) de forma simultánea, utilizando cada uno de los dedos de la mano derecha independientemente. No voy a negar que es una técnica difícil, muy similar a la que utilizan los guitarristas clásicos, pues requiere mucha precisión, claridad y equilibrio en las formas; esto es: mucha dedicación, mucho empeño, gran destreza y una ejecución impecable. Cualquier fallo, por pequeño que sea, “canta” mucho. Gracias a las posibilidades que ofrece la guitarra como instrumento polifónico, el fingerpicking permite al guitarrista acometer en solitario piezas musicales que normalmente son interpretadas por varios miembros de un grupo.

Es, además, una técnica muy poco frecuente y nada usual por aquí.
- Es cierto pero aunque el fingerpicking, en efecto, nunca ha tenido un gran protagonismo en el panorama musical de nuestra región, no puedo dejar de mencionar al excelente guitarrista Santiago Campillo, quien nunca ha dejado que esta llama se apagara y que actualmente incorpora un buen número de temas de este estilo en su repertorio.

¿Qué música suele escuchar Monda en la actualidad, qué te interesa?
- Por razones obvias, últimamente escucho bastante música de guitarristas que componen o interpretan fingerpicking: Dan Tovey, Michel Dave Alle, Roland Dyens, Yves Kéroas… Pero sobre todo escucho mucha música de jazz, que me sigue inspirando enormemente; sin olvidar otros estilos que también me enriquecen musicalmente. Y, siempre que puedo, asisto a algún concierto en directo de los muchos que se programan habitualmente en la capital.

En directo te acompañará el gran Sebastián Mondéjar, un universo creativo en sí mismo y quizá la persona más decisiva en tu vuelta a los escenarios, ¿no?
- Sebastián Mondéjar fue quien me animó a actuar en directo de nuevo después de tantos años alejado de los escenarios. Siempre le estaré agradecido por el “empujón” que me dio para dar ese paso al frente. Es un excelente percusionista y todo un referente musical en Murcia. Me considero realmente afortunado de ser su amigo (nos conocemos desde los años 70) y de poder tocar con él.

TIEMPOS DE GUERRA
Retorno al pasado. Antes era todo muy contracultural y semiclandestino. ¿Llegaste a tener en alguna ocasión problemas con la policía? ¿Recuerdas alguna anécdota en este sentido?

- En alguna ocasión me vi obligado a correr delante de los “grises” y tuve que pasar por algún trance algo apuradillo, pero nada realmente serio. Entonces yo estaba en la universidad y no era raro que te vieras involucrado, lo quisieras o no, en alguna escaramuza de este tipo, aunque personalmente nunca tuve problemas ni percances serios. En todo caso, teníamos que estar “con las antenas puestas”, ya que, con nuestras melenas y nuestro aspecto un tanto desaliñado nunca dejamos de ser para ellos unos “bichos raros”. Ya sabes, se empeñaban en ponerte el reloj en hora... y tú lo dejabas olvidado en casa. Era parte de nuestra filosofía.

"Los que sigan mi camino / y han de ver feliz la tierra / no se olviden de este tiempo / nuestro tiempo que es de guerra", escribió Bertolt Brecht. Si lo trasladamos al campo de la música y a tus comienzos, ¿lo asumirías como propio?
- Pensando en aquellos años en los que empezábamos a expresar nuevas formas de sentir la música, años que luego darían excelentes frutos con grandes músicos murcianos, creo que esa reflexión podría aplicarse bastante bien a aquel tiempo de descubrimientos personales, apuestas arriesgadas y saltos musicales en el vacío.

¿Cuáles son tus planes, tus proyectos, qué propone hoy Monda?
- En la medida de mis posibilidades, me gustaría seguir tocando en directo todo lo que pueda para dar a conocer a la mayor cantidad de gente posible la música para guitarra fingerpicking, que nunca ha tenido una presencia muy relevante en nuestra región.  Y seguir colaborando con otros músicos para enriquecerla todo cuanto sea posible. Creo que el buen momento por el que está pasando actualmente la música en Murcia, así como las iniciativas de los distintos foros musicales en pro de su difusión, es una buena excusa para potenciar esta música “distinta”, pero para la que también puede y debe haber un hueco.

Monda actúa el jueves 9 de octubre en el Café del Archivo (Av. De los Pinos, 4, Murcia), inaugurando la nueva temporada de ‘Los Conciertos Básicos’. 21.30 horas. Con la entrada (gratuita) se obsequiará a los asistentes con un disco de Monda.

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