Jorge Drexler: "La codicia es la enfermedad de la ambición"

Jam Albarracín | 12.04.2014 - 11:45 | Entrevistas

Jorge DrexlerLa idea es eternamente nueva: cae la noche y nos seguimos juntando a bailar en la cueva. Bonitos versos con los que da inicio 'Bailar en la cueva', el nuevo álbum de Jorge Drexler. También certeros, como el hispano-uruguayo, uno de los más grandes autores de la música popular en español de los últimos 20 años, insiste en reivindicar a lo largo de un excelso trabajo que mantiene el lirismo, la delicadeza y la elegancia habituales de su discurso, si bien añadiendo una refrescante dosis de ritmo sutil.

Si 'Amar la trama' -su anterior álbum de estudio-, representaba la emoción y 'Ñ' -su singular proyecto intermedio- apelaba a la razón, 'Bailar en la cueva' es el instinto, la espontaneidad, el baile. Y ya se sabe que quien mueve las piernas, mueve el corazón. Un disco que vio la luz hace pocos días y que presenta en Murcia. Van ya unas cuantas conversaciones, pero cada vez que hablo con Drexler me queda la sensación de que, en vez de un artículo, debiera escribir un libro. Y eso que de entrada la cobertura no juega en nuestro equipo.

Comenzaré por un elogio, que no estoy seguro de que sea algo muy profesional: 'Bailar en la cueva' me parece un disco sutil pero escandalosamente bueno. Una vez más juega, gira, se reinventa... y nunca falla.

- Pues muchas gracias. Yo también voy a ser poco profesional y te voy a decir que me pone muy contento que un crítico como vos tenga una opinión tan favorable de mi disco. Este es un trabajo que necesita de un grado de exposición mediática, pero cuando se trata de una opinión tan especializada, el agradecimiento es doble. 

En esta ocasión juega con el concepto del baile, algo que nos permite una conexión directa e instintiva, nada racional. En el principio fue el ritmo.

-  Sí, y pensando en el sentido más atómico, en el primer momento en que algo osciló y determinó un periodo, empezaron a pasar cosas. En nuestra historia como especie está aceptada la opinión de que inclusive los precursores del homo sapiens ya tenían una idea de la utilización del ritmo y de la música como lenguaje, incluso hay quien afirma que era previo al lenguaje estructurado, un lenguaje tonal basado en la expresión corporal. Eso son especulaciones, pero lo que está probado es que hay flautas de hueso de mamut datadas de hace 45.000 años, mientras que con la agricultura llevamos diez mil y con la escritura no más de cinco mil.

No consideraría 'Ñ' estrictamente como un disco, pero en todo caso, ¿se cansó de tanto binario y tanta matemática? ¿Valió la pena, en todo caso?

- Sí, sí, valió la pena. Y no es que me canse, es que me gustan los procesos pendulares, el contrapeso. Me gusta, una vez que trabajo una cosa mucho, dejarla descansar y variar el rumbo. En ese sentido, me gusta decir que este disco está hecho desde los pies. Si una canción no producía un loop, un movimiento espontáneo del pie, cambiábamos de idea, buscábamos otra base. El disco responde al desplazamiento pendular, mientras que 'Ñ' estaba hecho desde la cabeza, era un disco como bien dices de números binarios, de combinatoria matemática, de relaciones numéricas. Todo relacionado con el mundo de las ideas. Hemos pasado de la cabeza a los pies.

Lo que no es nuevo es su conexión con la electrónica, como he llegado a leer. No es que 'Bailar en la cueva' abuse de ella, pero además ya hizo 'Eco' hace ahora 10 años.

- Sí, de hecho el primer disco en el que trabajé con software fue 'Frontera', en el año 99, o sea hace casi 15 años ya que tengo la electrónica dentro de la paleta. Suelo trabajar con muchos músicos de este ámbito, con la gente de Bajofondo, con Juan Campodónico, con Luciano Supervielle y con mucha gente del Río de la Plata. Y en este disco, con Bomba Estéreo, con Frente Cumbiero, con Calle 13, con Ana Tijoux... Gente de la frontera, digamos. La electrónica ni es la panacea ni es Satanás, es una herramienta más. Y hay veces que resulta muy útil.

Mi chica suele dar las buenas noches en facebook con una canción bailable y la frase: “una revolución sin baile no es una revolución que merezca la pena”. ¿Tiene razón? Se lo pregunto porque algunas canciones de este disco, al tiempo que bailables, también son punzantes con la realidad social.

- Pues yo concuerdo con ella absolutamente y además por varias razones. Una revolución, es decir, un cambio profundo en una sociedad, en mi opinión nunca es posible de verdad y con fundamento si no viene acompañada con un cambio gradual a nivel individual, de cada uno de los seres humanos, de la sumatoria. Porque los cambios se pueden señalar desde fuera pero tienen que producirse desde dentro. Mira si no lo que pasa en Rusia, el capitalismo se lo come todo porque la gente lo tuvo prohibido.

¿Más razones?

- Aún hay más, el baile es una experiencia de sincronización de tu cuerpo con la música, de tu cuerpo con el cuerpo de los demás, de empatizar con un clan, de poner en acción toda tu corteza cerebral, porque bailar es una de las cosas que requiere la actividad de más áreas del cerebro -emocionales, cinéticas, racionales (para aprender un paso), afectivas-. El baile es una experiencia profundamente transformadora, implica una disolución del yo, una pérdida de la vergüenza para poder entregarse, que me parece enormemente sana. Y hago mía una frase de André Maurois: “un hombre que no baila es un potencial enemigo de la humanidad” [ríe].

Mire que me está dando un titular...

- Pero no olvides poner que es de Maurois. Es una frase muy extrema, pero me parece brillante. Una persona tiene que aprender a reírse de sí misma, a disfrutar y a conectar con los demás. Es algo esencial.

Esto empieza a parecer un monográfico sobre el baile, pero es que en el videosingle de adelanto, 'Universos paralelos', ¡ha logrado que mueva el trasero hasta David Trueba!

- Bueno, la verdad es que eso fue un acto de grandeza. De David y de nosotros tres también [Javier Limón, Toni Garrido y el propio Drexler], que ninguno es que seamos bailarines tampoco. Creo que queda claro hasta qué punto estábamos dispuestos a reírnos de nosotros mismos y, en el caso de David, además en un momento culminante de su carrera, en plena consagración mediática. Que por otra parte y siendo como es una persona sumamente inteligente y perceptiva, no se me ocurre mejor momento para reírse de uno mismo.

Canta: 'la música enseña, sueña, duele, cura'. ¿Realmente nos puede salvar la música o al menos ayudar en momentos complicados?

- Nos han tocado épocas complicadas para vivir, como a todo hombre, que decía Borges. Siempre ha sido complicado ser persona. Ahora no creo que lo sea más que en otras épocas. Deberíamos hablar con nuestros abuelos para ser conscientes.  Ahora es complicado para el África subsahariana, para muchos lugares del mundo. Nosotros nos quejamos dentro del matiz de lo que pasa cada día. Pero sí es cierto que en particular en lo que se refiere al respeto para con la música, en España estamos en una época de mucha carencia. Ni siquiera en la educación hay una voluntad de instruir en la música, más bien al contrario. Parece haber una intención de impedir el desarrollo de la música, con un IVA del 21% que es una locura, como si no fuera un bien cultural sino un simple negocio. Por no hablar de la falta de cariño.

Continúe, continúe...

- Es que no he notado ningún tipo de cariño en detalles muy importantes. Paco de Lucía no fue velado en el Teatro Real, como correspondía, porque esa noche estaba alquilado para una gala privada de una compañía de coches. Ese tipo de cosas, los músicos las sentimos mucho. Que no haya habido ni un representante institucional en el entierro de Paco de Lucía, el músico más importante que ha dado este país, es muy triste y sintomático del escaso cariño que se le profesa a la música desde del poder.

La canción 'Bolivia' me impactó. Por todo, por su ambientación inquietante, por rememorar una época turbulenta (el nazismo)... Bolivia acogió el exilio de sus abuelos, ¿no?

- Sí, de hecho está dedicada a mi padre y a mis dos abuelos. En el 39 la familia de mi padre, de judíos berlineses, tuvo que escapar. De nada servía ser alemán de muchas generaciones para un régimen tan monstruoso, pero demoraron mucho la salida y cuando escaparon encontraron ya las cancillerías cerradas, en el tema de visados. El único país que les dio visa y salvó su vida, directamente y sin matiz, fue Bolivia. Entonces, cuando fui a tocar por primera vez a Bolivia el año pasado, sentí una emoción muy profunda. Era el primer Drexler que volvía a Bolivia después de 55 años. Y en esa gira, entre La Paz y Santa Cruz, escribí esta letra que más adelante tomó forma de canción.

Y en la que además participa nada menos que Caetano Veloso, uno de sus maestros.

- Siempre he admirado a Caetano Veloso y si alguien podía cantar recitados los versos de la parte final, que es cuando la canción sale un poco de la anécdota personal y ofrece una mirada más general del carácter pendular de la Historia, ese era él. Porque si hay algo que queda claro en el hecho de que un país pobre latinoamericano salve a unos inmigrantes europeos, es el carácter paradójico y pendular que tiene la Historia.

La canción 'Todo cae' es... ingrávida. ¡Mató a Newton!

- [Ríe] Sí, fíjate qué curioso, me alegra mucho que lo veas así. Es una canción que tiene dos partes, una habla sobre la gravedad y otra la contradice. Porque habla de una contradicción en sí, que es la vida. La vida es una contradicción a las leyes de entropía de la física. Esta canción refleja esa contradicción, expresada en la gravedad. Y el estribillo de la canción, flota. Me agrada mucho que lo veas. Tiene que ver con un ensayo de Ítalo Calvino sobre la levedad, es uno de sus seis ensayos para un nuevo milenio, que escribió antes de morir. Es un elogio de la levedad.

Hay quien afirma que la codicia es algo inherente al ser humano. Mal asunto, de aceptarlo como cierto. 

- Yo no creo que la codicia sea inherente al ser humano, creo que la ambición sí lo es. Creo que somos una especie ambiciosa porque nuestra propia supervivencia depende de nuestro ingenio. No tenemos una capa de grasa o de pelo para cubrirnos del frío, tuvimos que pensar en algún momento cómo vivir con situaciones adversas. Pero creo que la codicia es la enfermedad de la ambición. La ambición, el querer mejorar, es sano; la codicia no es buena ni para la sociedad, ni para el planeta, ni siquiera para el propio individuo codicioso.

Además de sus discos y giras, escribe un ballet, bandas sonoras, ejerce como actor... Supongo que a veces descansa...

- La verdad que estos últimos años han sido un poco locos de actividad y además tengo tres hijos. No me importaría tomarme un año sabático alguna vez, pero no ahora, que acabo de sacar este disco y es un momento muy lindo para salir a hablar de él y para tocarlo en vivo, que es lo que más me gusta. Tengo muchas ganas de ir a Murcia, un sitio que siempre me recibió muy bien y de los primeros lugares donde fui a tocar cuando llegué a España, lo que me hace tenerle un cariño muy grande.

 

JORGE DREXLER
Cuándo: Viernes 11 abril 2014, a las 21.30 horas.
Dónde: Auditorio Víctor Villegas, Murcia.
Cuánto: 35 / 30 / 20 euros (según localidad).

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