Amparo Sánchez: "Es un momento dulce, me siento con total libertad"

Jam Albarracín | 19.03.2010 - 21:34 | Entrevistas

Amparo Sánchez hace caso a su corazón [Foto: Sergio Rodríguez]Se ha convertido en una artista grande y Tucson – Habana, su recién estrenado primer álbum en solitario, elaborado con la ayuda de Joey Burns y John Convertido, de Calexico, es la prueba definitiva. Para ello Amparo Sánchez (Granada, 1970) precisó de echar el cierre a Amparanoia, el proyecto al que dedicó 15 años de su vida, plasmados en innumerables conciertos y en siete elepés.

Pionera junto a Manu Chao y Macaco de aquello que se denominó mestizaje, Amparo prescinde hoy de la jarana y el buen rollito para debutar como una autora íntima, cálida, personal y con peso específico propio. La gira de presentación de su nuevo disco se inició el pasado sábado en Bilbao y, antes de ofrecer tres días consecutivos en el Teatro Lara de Madrid para a continuación partir hacia Europa, hace escala en Murcia. Descuelgo el teléfono.

De Amparanoia a Amparo Sánchez. ¿Cuánto hay de evolución, cuánto de ruptura?

- Hay un poco de ambas. Es una ruptura con aquel proyecto de fusión que fue Amparanoia y también una evolución hacia un trabajo más íntimo, más personal, más acústico, donde la voz y la palabra son más protagonistas.

¿Hay alguna relación entre Tucson y La Habana, las ciudades que dan título al disco y donde éste se grabó?

- Lo hicimos llamar así porque efectivamente fueron las dos ciudades donde se grabaron las canciones, pero también porque en el álbum hay esos dos sentimientos: la nostalgia y la melancolía del desierto, de la frontera, por un lado; y por otro esa parte de fuerza, de color, de tirar ‘palante’ y de raíz latina. Creo que el espíritu de las dos ciudades ha quedado impregnado en el disco.

Dos registros diferenciados que, en todo caso, suenan coherentes. Suenan a Amparo Sánchez.

- Grabamos el mismo equipo en Tucson y en La Habana y también con los mismos medios técnicos, analógicos, con una gran acústica. Pero sí que en La Habana por ejemplo la trompeta entra con otra alegría, con otro sentimiento diferente a la de la frontera con México.

Joey Burns y John Convertido (Calexico) coproducen y participan en el álbum. ¿Hasta qué punto valora su aportación?

- Ha sido muy importante por varios motivos. Me invitaron a ir a Tucson, a su ciudad, al estudio donde ellos graban habitualmente y a compartir con ellos unos días inolvidables, grabando estas canciones que yo venía tocando sola con mi guitarra y tampoco tenía muy claro qué iba a hacer con ellas. John y Joey me dijeron ‘queremos estar contigo en esto’. Han sido muy generosos pero también muy respetuosos con el concepto original de las canciones.

La colaboración de Omara Portuondo en “La parrandita de las santas”, ¿ha sido un lujo que se ha querido regalar a sí misma?

- Rotundamente sí. Es un lujo y es un regalo de La Habana. Porque sí que alguna vez soñé que querría cantar con ella, pero la vida lo ha hecho posible, tanto por el tema, que le gustó mucho, como la oportunidad de que ella estaba allí y se sintió motivada para grabar conmigo. Ha sido un regalo increíble.

Su nueva propuesta, como tantas cosas en la vida, toma cuerpo por un caprichoso giro del destino. Me refiero a aquel concierto en Montreal en el que parte de sus músicos perdió el avión.

- Sí, ese fue un gran empujón para tomar decisiones que estaban ahí esperando a ser tomadas y también para confiar más en estas canciones que estaba escribiendo y que no entendía muy bien lo que estaba pasando. Enfrentarme a un público en un gran festival como es el de jazz de Montreal, sola con mi guitarra, contrabajo y cajón (uf, se ríe) fue un gran reto. Pero fue un concierto muy mágico y al acabar sí que me dije ‘ahí está la cantante que quiere salir ya’. Fue un momento importante, sin duda.

Ha entrado en los circuitos internacionales de world music y el reconocimiento internacional ha sido notable. ¿Cómo valora esto la chica que salió de Granada hace 20 años para hacerse un hueco en la música?

- ¡Wow! Pues me sigue impresionando mucho. Yo sé que todo está hecho gracias a mucho trabajo de todo un equipo del que yo soy la cara visible. Pero lo sentimos con mucho orgullo, tanto que el disco esté gustando muchísimo, lo que nos está dando mucha fuerza, como que nos estén llamando de tantos lugares. Pero bueno, sin prisa, con tranquilidad y con agradecimiento.

El sonido cálido, analógico y un poquito años 40 es otra característica de “Tucson – Habana” y, por extensión, de la nueva Amparo Sánchez.

- Es algo premeditado, teníamos muy claro el concepto. Todos tocando al mismo tiempo, grabábamos varias tomas para elegir la que más nos gustaba. Hemos trabajado con mucho feeling, con mucha magia, y disfrutando de los vacíos, de los silencios, de los pequeños detalles. Ha sido muy enriquecedor.

Otro importante paso adelante se aprecia en los textos. Supongo que les ha concedido mucha importancia.

- La máxima. Al empezar solamente con la voz y la guitarra y desarrollando estos temas muy en soledad, lo único que tenía era la cadencia del tema y las palabras. Estuve mucho tiempo, casi hasta que llegué al estudio, sin oír los temas amplificados. Todo eso me ha preparado para, en el momento en que grabamos, cantar como quería cantar e ir dándole la interpretación a cada frase, a cada palabra. Pero me sigue ocurriendo en directo, es un trabajo que no deja de emocionarme, no puedo cantar una canción dos veces igual porque estoy muy concentrada en lo que es la palabra.

Otras colaboraciones, en principio no incluidas en la primera edición del disco, son las de la saharaui Mariem Hassan (“Flor del desierto”) y Tiken Jah Fakoly. Me gusta mucho esta última.

- Grabamos 20 temas pero nos pareció que sería un disco demasiado largo, máxime para ser un primer álbum. Espero que más adelante salgan en alguna edición especial. La de Fakoly es una canción de apoyo a mujeres con diferentes problemáticas. Se llama “Mujeres sin miedo” y yo quería tener la voz de un hombre que hablara a los hombres que oprimen, que abusan y que matan a mujeres. Tiken Jah se ofreció muy generoso.

¿Hay muchas diferencias entre el desierto de Sonora y el del Sahara?

- Sí, diferencias pero también puntos en común. La primera vez que entramos al desierto en Argelia tuve la misma sensación que cuando entré al de Arizona. De que no hay nada alrededor, sólo arena y piedras en uno y cactus enormes en el otro. Pero esa sensación de quietud, de pausa, de naturaleza, es similar. Son sensaciones parecidas aunque con diferencias sociales muy importantes, claro.

¿Tiene la sensación de que el actual es un punto de inflexión definitivo en su carrera?

- Sí [rotunda]. En mi carrera y en mi vida. Toda la experiencia acumulada, todos los años en la carretera y en los escenarios, eso va conmigo. Pero de alguna manera también me siento empezando, como un primer álbum, y es una sensación muy bonita, muy especial. Y me siento también con mucha libertad de poder hacer y crear y soñar lo que quiera a partir de ahora. Es un momento dulce.

En ese sentido, ¿el haberse desprendido de la etiqueta Amparanoia, con un sonido y unas expectativas muy marcadas, puede haber sido una liberación?

- Sí, esa es la sensación de libertad. El contar las historias que mi corazón me vaya iluminando. Y a nivel musical estar abierta a lo que venga, a lo que la vida tenga que ofrecerme, estar atenta y saber verlo. Me siento con total libertad.


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