Jorge Drexler: "La satisfacción es un proceso dinámico"

Jam Albarracín | 07.05.2010 - 03:21 | Entrevistas

Jorge DrexlerNo podría existir un broche mejor para la entrega de premios de Cantigas de Mayo, el certamen de canción de autor patrocinado por La Verdad, que en esta edición ha dado un notorio paso adelante. Y es que Jorge Drexler es, con permiso de Morente y Sabina, el mejor artista de la música en castellano, más allá del estilo, que en este caso sólo marca su propia y singular personalidad. El hispano-uruguayo de todos los sitios -así entiende él el desarraigo- viene además presentando su nuevo y ambicioso álbum, “Amar la trama”, recién publicado y que fue registrado con una nutrida banda tocando todos a una. Drexler embelesa casi tanto con la palabra como con sus canciones.


Presenta su nuevo álbum en Ceutí, “Amar la trama”. ¿Qué trama?

Desde luego no la acepción que lamentablemente está en boga hoy en día, la de la situación vergonzosa que está pasando en tantos países con la corrupción. No es una trama como sinónimo de complot. Me refiero más a la trama como parte de un guión, como desarrollo de una narración, el aspecto narrativo de la trama. Amar la trama más que el desenlace es una opción que apuesta más por el camino y menos por el punto de llegada.

De acuerdo, lo importante es el proceso. Pero un artista vive también de resultados.

No sé si un artista vive de resultados… [duda]… yo creo que no. La satisfacción es un proceso dinámico. Yo no creo mucho en los procesos que se finiquitan, creo que las cosas están en permanente estado de cambio. Hoy en día estoy muy contento con el disco, pero no sé, igual dentro de dos o tres meses encuentro algo que podía haber sido hecho mejor y ya empiezo a pensar en un disco nuevo y en otra manera de hacer las cosas mejor.

No me negará sentirse satisfecho. Es un magnífico disco y además se hizo precisamente así, amando la trama. Máxima coherencia.

Creo que era un disco muy arriesgado, pasé mucho miedo después de la grabación porque era un disco sin red de seguridad, digamos, en el que una vez que terminabas de grabar no había muchas posibilidades de arreglar las cosas a posteriori. Tenías que quedarte con lo que habías hecho. Y por suerte llevamos las cosas a un punto que nos dejó contentos. Hacer el disco así también fue para disfrutarlo, una manera más de amar el proceso, ciertamente.

Porque, si no estoy equivocado, la grabación se realizó en cuatro días con todos los músicos tocando a un tiempo. ¿Por qué elegir este modelo?

Los músicos nos hemos acostumbrado últimamente a grabar disociadamente los discos. Eso es una posibilidad maravillosa que brindan las computadoras: poder grabar diferentes instrumentos en diferentes días y luego, como un arquitecto omnipotente, manejar todas las variables en la comodidad de tu casa como quien maneja un gran collage musical. Pero esa no era mi intención ahora, yo quería ver si los músicos nos acordábamos todavía de grabar sintiendo que lo que uno está tocando va a quedar. 
Con la división digital tú grabas despreocupadamente y después se corta en pedacitos y se ensambla. Eso tiene unas posibilidades geniales, pero yo no quería que grabáramos despreocupadamente. Quería que grabáramos disfrutando, no nerviosos, pero en estado de alerta. Por eso se grabó así: todos al mismo tiempo, incluida la voz, y por eso había 20 personas invitadas cada noche que nos ponían en estado de alerta, de atención, de concentración, de comunicación.

Con el ‘protools’ y la electrónica no hay margen para el error. Aquí sí y ese margen supongo que forma parte también de asumir el trayecto como vital.

Claro. Es una manera de asumir la realidad de lo que tienes entre manos, que es otro modo más de amar la trama más que el desenlace. Pero hay otros dos detalles importantes. Uno, que una grabación hecha con computadoras y por sectores, debe tener una guía rítmica, un metrónomo sonando, lo cual ya de por sí da una rigidez muy grande a una grabación. El hecho de que el ritmo deje de ser una variable y tenga que estar siempre en el mismo tempo, fijo. Cuando tocas en la vida real la música respira, se apura, se retrasa, todos juntos.

¿Y el otro detalle?

El otro es que cuando tú grabas en función de algo ya grabado previamente, el bajo y la batería por ejemplo, tú reaccionas respecto a ellos, pero ellos contigo no. No es biunívoca la comunicación. Tú haces algo nuevo a la guitarra, pero ellos ya no pueden reaccionar, no es recíproco. En cambio cuando graba todo el mundo a la vez, una guiñada del baterista arrastra al bajista, que arrastra a los vientos, que a su vez responden proponiendo algo que es captado por el cantante… Es un sistema de un caos autoorganizado de una complejidad muchísimo mayor que un reloj, que es el otro tipo de grabación por separado.

En realidad supongo que éste debiera ser el verdadero espíritu de la música.

Discrepo contigo ahí, le tengo mucha tirria al concepto de verdadero. Yo no digo que sea mejor, digo que esto en este momento es lo que me interesa más. Es el verdadero espíritu de la comunicación, no de la música, porque la música también puede ser construida como un edificio. Manuel de Falla componía para 64 instrumentos escribiendo por sectores, con una visión global, y eso no tiene nada de malo. A mí lo que me interesaba era el registro del verdadero espíritu del evento, de hacer música y de comunicar. Ocho músicos comunicados entre sí y con una audiencia muy pequeña, que no se la oye, está ahí simplemente como diana.


DESARRAIGO INVERSO

En diversas ocasiones, sin ir más lejos en “Tres mil millones de latidos”, la canción que abre el disco, ha confirmado su desarraigo, tu sensación de no sentirse de ningún lugar. ¿Es ningún sitio el mejor sitio?

Hmmm… [piensa]… No, es todo sitio el mejor sitio. Es justo al revés. El desarraigo es sentirse en casa en muchos lugares, para mí al menos. Yo no trabajo el desarraigo por sustracción sino por adicción. No quiere decir que cada vez que conozca un sitio pierda los anteriores, los incorporo. Lo que tengo es la enorme fortuna de sentirme en casa en muchos lados, cada vez más.

Desarraigo inverso o el desarraigo en positivo.

Yo lo que he ido perdiendo con el paso de los años es la identificación excluyente con algún grupo humano. Me he ido de a poquito soltando de las pertenencias excluyentes. No siento la necesidad de defender ninguno de los ingredientes que componen mi identidad, ni como uruguayo, ni como guitarrista, ni como hombre, ni como hispano parlante. La identidad que más me interesa es la que no necesita ser defendida, que es la identidad real.

Me pone como ejemplo la anécdota del día en que Lennon conoció a McCartney. El primero venía de pelearse porque alguien le había llamado homosexual. Y Paul le dijo: ‘quizá lo seas, si has reaccionado así’.

Su anterior álbum, “12 segundos de oscuridad” diría que era color grana, en cambio éste, ¿es azul pálido?

[Se ríe]… Es curioso lo de los colores, porque yo a éste lo tengo muy asociado con el color de la madera, el de la portada del disco. Y a “12 segundos…” lo asocio a un azul oscuro. Desde luego lo que diferencia a ambos discos es la cantidad de luz, más que los colores en sí. En el anterior hacía un voto de aprendizaje de la oscuridad, aprender de los momentos de desasosiego, de angustia. “Amar la trama” propone aprender del presente y es un disco claramente más luminoso, ya desde la portada.

Y también melancólico, aunque he llegado a leer que era un adiós a la melancolía. No…

No, no, yo nunca dije eso y tampoco es un disco optimista, como me han dicho. Yo digo que he hecho las paces con la melancolía, todo lo contrario de decirle adiós, la he acabado de abrazar con aceptación. Tampoco es un disco optimista porque el optimismo es una posición de futuro y en ningún momento del disco digo ‘las cosas van a estar bien’. No se me da el optimismo, no soy una persona optimista, soy una persona que trata de disfrutar el presente y el optimismo me parece una especulación que no entiendo mucho.

Lo que no varía es la personalidad brutal. Intuyo que si Drexler tratara de hacer un disco de hard-rock le saldría un disco de hard-Drexler.

[Vuelve a reír]… No lo sé, tengo mucho respeto por el hard-rock como para practicar el intrusismo. De hecho creo que hay elementos del rock aquí y allá en lo que hago, es un mundo que nos ha perneado a todos y que todos hemos admirado. No lo sé, me alegro de cualquier manera y te agradezco el piropo de decir que uno lleva su sello a las cosas que hace en diferentes campos. Ojalá sea así.

Siempre he considerado que Caetano Veloso era su mayor influencia. ¿Me equivoco mucho?

Caetano es una de mis mayores influencias, claramente. Últimamente he incorporado otras, como Cohen, pero Caetano siempre ha estado ahí. Más que como compositor, que también, en el perfil de la concepción que tiene él de la canción como una disciplina artística en expansión, no sólo en lo compositivo sino en lo interpretativo. Aquí lo entenderemos bien si tomamos como referente a Morente. Yo eso lo tomé como una máxima y he tratado siempre dentro de lo que he podido de ir forzando los límites de la canción, los límites de la melodía, quizá de una manera más conciliadora que ellos, pero siempre buscando cosas nuevas. Creo que “Amar la trama” lo prueba.

Es un compositor y cantante de éxito, su pareja (Leonor Watling) también lo es, ¿cómo consigue zafarse de la mal llamada prensa rosa?

Hay que tener varias cosas claras. Por un lado, que uno precisa a los medios de difusión, este es un trabajo que tiene un grado de exposición mediática que yo acepto, estoy hablando contigo, yo doy entrevistas. De hecho algunas entrevistas me gustan mucho, soy uruguayo y sé lo que es no tener un medio llamando a tu puerta jamás y por eso estoy agradecido. Pero lo más importante es que no lo necesitas a cualquier precio ni en cualquier área.

Su última gira fue en solitario y ahora viene con una nutrida banda. ¿Ya se adaptó?

Es como pasar de conducir una bicicleta a conducir un Jaguar, que ronronea y si le pisas el acelerador sale disparado. Todavía estoy haciendo la transición, no lo tengo del todo incorporado después de sólo dos conciertos y eso para mí es una buena señal, quiere decir que tiré muy lejos la ‘tanza’ de la caña y que para traerla hasta mi territorio tiene que hacer un trayecto, que es lo que más quería, es lo que le pedía a la banda, que me llevase a un sitio que no conociera. Espero que la gente nos siga a ese lugar.


Quién: Jorge Drexler.
Qué: "Amar la trama".
Cuándo: Sábado 8 de mayo de 2010, a las 20.30 horas, tras la entrega de premios de Cantigas de Mayo.
Dónde: Auditorio de Ceutí
Cuánto: 18 euros.


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