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MALEGRÍA  



Se les ha llegado a comparar con los Kinks, con los Mother of Invention y hasta hay quien ha llegado a definir su estilo como asubolismo-rock.
Vicente Conesa (batería), Ginés Soto (voz, guitarra), Dani Sanmartín (guitarra) y Víctor Bernal (bajo) son Malegría, solvente grupo de rock muy personal que venció en el pasado Murcia Joven (MJ) mostrando un saber hacer incontestable sobre las tablas.

Sin embargo, en mi resumen de 2000 escribía textualmente que «habían tirado el premio por el retrete». ¿Cómo es posible, pues? Dos palabras: malos rollos. O tres: falta de entendimiento. O cuatro, pero ahora en boca de los protagonistas.

«No es exactamente que lo tirásemos por el retrete, más bien nos lo tiraron».

Pues explíquense, compañeros, que 80 horas de estudio no se pillan todos los meses.

«No es verdad que exigiésemos grabar en otro estudio, en absoluto. Preguntamos si existía esa posibilidad, nos dijeron que no y lo aceptamos. Pero quizás por culpa de un malentendido, lo cierto es que desde el primer contacto no hubo buena química con el propietario del estudio de grabación (Pepe Moreno). No nos apetecía grabar con presiones y mal rollo, así que tras pensarlo decidimos que si podíamos hacerlo en otro sitio, bien, y si no pues renunciábamos al premio. Ofrecimos alternativas, pero no nos las aceptaron».

Vaya tela, ¿y entonces? Se lo resumo: finalmente la grabación se realizó en un estudio improvisado (había un contrato que debía respetarse) pero que lógicamente dejaba mucho que desear. Al ver el panorama, el grupo despachó el asunto en poco más de un fin de semana y el resultado no pasa de ser una caricatura, hasta cierto punto resultona –estoy siendo amable–, de sólo una de las diversas facetas de la música de Malegría.

No hay problema, el grupo ya tenía un máster registrado que piensan entregar junto con el resultado de su victoria en el MJ. Dos por uno. Artísticamente es a esta maqueta a la que conviene prestar atención. Denominada En el país de los sordos..., contiene 10 canciones de variada factura que alcanzan su mejor cota en títulos como Lo que yo veo, la polirritmia un tanto esquizoide de La, la, la felicidad y especialmente Para no volver, una de sus canciones más melódicas que brilla no tanto por esto, que también, como por transmitir un grado de emotividad realmente alto. Bueno, y cómo demonios definimos su música, ¿rock heterodoxo?

«Desde luego la ortodoxia es horripilante, te encasilla de tal manera y acaba siendo tan aburrido... Que se citen referentes no nos parece mal, eso puede molestar a muchos grupos que son una mera copia, pero está claro que no es nuestro caso. Somos un grupo abierto. Lo que no mata engorda, así que comemos de todo».

Razón no les falta, como tampoco acidez («contra todo el que se pone a tiro») a sus textos, algunos narrativos aunque con un cierto componente surrealista («surrealismo coherente», apunta Dani). Pero como son un poco canallas, intuyo que se divierten viéndonos a los críticos sudar para encontrar referentes válidos. Se les ha llegado a comparar con los Kinks (¿mande?), con los Mother of Invention (éstos sí) y hasta hay quien ha llegado a definir su estilo como asubolismo-rock (bueno, vale, aunque he escuchado términos más redondos). Es mi turno: citado ya el grupo de Zappa, ¿qué tal Radiohead meets Los Enemigos?

«Radiohead me encanta –señala Víctor–, el último disco con el que estoy flipando a chorros es el Kid A. Quizás en nuestras letras más amargas y en las líneas de bajo melódicas... Los Enemigos nos gustan pero tampoco los hemos escuchado mucho. Ocurre quizás que estamos siguiendo una pautas no muy diferentes en cuanto a hacer rock con cierta melodía, pero que no se quede en el ladrillo rockero evidente».

Bien, pues me niego a marcharme sin meter caña: ¿y si os comparo con algún grupo setentero, como Asfalto, os molestaría? Noto que me miran raro, «vive la provocation!».

«Sí, desde luego. El rock sinfónico me parece de lo más deplorable y coñazo. No nos va el rollo progresivo y el sinfónico aún menos. Pero si nuestras canciones no pasan de tres minutos. De hecho cuando hacemos el repertorio multiplicamos por tres para calcular el tiempo y acertamos siempre».

Vale, pues para finalizar: ¿qué opinión os merece Medianoche?

«Me parece un grupo demasiado amateur. Seguro que tienen más posibilidades de vender que nosotros, porque sus canciones son pegadizas hasta decir basta. Pero no es un grupo de nuestra devoción ni que nos diga nada en absoluto».